Por desgracia, tenemos que volver una y otra vez con los progres, pues no en vano en España, se vive en una dictadura de facto dominada por personajes que responden a este patrón de pensamiento único.

No hace mucho que una persona que ahora ocupa un papel importante en el gobierno de Pedro Sánchez, reconocía al hoy vicepresidente Pablo Iglesias que había tenido relación con una menor:

Con todo, todos esos progres que dicen estar contra la pederastia no han dicho «esta boca es mía».

Al escritor Fernando Sánchez Dragó se le montó un pifostio monumental cuando contó que había tenido relaciones con dos menores japonesas; según él, consentidas. Y no decimos desde estas líneas que Sánchez Dragó sea ejemplo de nada; ¿pero por qué Dragó sí y esta «miembra» (válganos la neolengua neomarxista) sí?

¿Por qué se monta el grito en el cielo cuando se descubren los casos de curas pederastas (terribles y merecedores del más grave castigo) pero se oculta que los principales ideólogos del progresismo -franceses, para más seas-, esto es, Simone de Beauvoir (autora del libro-coñazo «El segundo sexo») y Lauren Cohn-Bendit, la defendían abiertamente como «libertad sexual»? En el caso de Cohn-Bendit, ideólogo de mayo del 68, estuvo condenado por pederasta y aun así, la sigue defendiendo abiertamente.

Otro tanto podría hablarse de gente del mundo de la farándula que tanto adoran estos sectores.

Lo de los progres no es ni doble moral ni inmoraliad, es amoralidad pura y dura. Es «pederasta», «rico», «fascista» o etc. quien ellos digan y cuando a ellos les convenga.

Con todo y con eso, ante tantas aberraciones, lo bueno es que muchas cosas están cayendo por su propio peso. Toca, sin duda, resistir. Porque como decía el escritor Camilo José Cela, el que resiste, gana.

*Recuérdese:

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