Si Ian Gibson dice que Santiago Abascal, el presidente de Vox, tiene «cara de moro», a nadie se le ocurre acusarlo de «racializar»/racismo, por más que los moros sean de variados fenotipos, como la inmensa mayoría de pueblos del mundo. Pero si Jair Bolsonaro -esto es, el presidente de Brasil- le dice a un periodista que tiene «cara de homosexual» (como si eso existiera, dicho sea de paso; que anda que no habrá homosexuales de distintos fenotipos también), ya los progres se rasgan las vestiduras.

Los mismos que dicen defender a las mujeres pero que ríen y aplauden cuando agreden a una mujer por llevar la bandera española.

Los mismos que atacan a quien se compra un chalet pero son los primeros en comprarse alguno en cuando trincan de lo público, que suele ser una de sus grandes aficiones.

Los mismos que dicen ser antiimperialistas pero aplauden todas las barbaridades habidas y por haber en especial de los antiguos califatos islámicos hasta su adorado imperio soviético.

Los mismos que dicen estar contra el intervencionismo en otros países salvo, eso sí, que este se dé por parte de la Cuba castrista o de la Venezuela chavista.

Los mismos que dicen estar contra las dictaduras pero apoyan el castrismo que lleva matando de hambre y miseria 60 años a su pueblo así como empujando tiranías por su mismo continente y otras partes del mundo.

Los mismos que hablan de «libertad de expresión» cuando hay mofas contra el cristianismo pero que a nadie se le ocurra meterse con su adorado islam.

Los mismos que señalan a supuestos cocainómanos pero son los primeros en defender el consumo y la legalización de las drogas y en aplaudir a todos aquellos que se lucran con su sangriento negocio, desde las FARC hasta el chavismo y todos sus apéndices.

Los mismos que dicen estar contra la pederastia pero aplauden a notorios pedófilos, entre ellos, su ideólogo L. Cohn-Bendit; por no hablar de la apología explícita de la pederastia de su ideóloga Simone de Beavouir en el libro-coñazo llamado «El segundo sexo».

Los mismos, en fin, que con su cara dura, su poca vergüenza y su miseria e incapacidad mental están pudriendo todo Occidente.

Los mismos a los que hay que tratar como lo que son: Estafadores; y al estafador se le desenmascara, no se pierde más el tiempo con la dureza de su cara.

3 COMENTARIOS

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