Comoquiera que estamos hartos de la Leyenda Negra, el indigenismo y todos sus adláteres, ponderamos con ardor la herencia española de América. Sin embargo, en una tertulia reciente en la que un servidor pudo participar con los amigos de Mundo Republiqueto:

pudimos departir de cómo a veces llegamos al “fetichismo” con respecto a la herencia española pero olvidamos la otra cara de la moneda: El acriollamiento de España. En cualquier caso, no estamos hablando de una erudición, sino de algo que se respira en la propia dieta, ¿pues qué sería la gastronomía española sin las papas, el tomate o el maíz, entre otros muchos ingredientes? Dos de los principales platos españoles más conocidos a nivel mundial, como la tortilla y el gazpacho, no se entienden sin América. A nivel musical, por toda la Península hay fandangos, y el Diccionario de Autoridades lo define como “baile introducido por los que han estado en los reinos de Indias, que se hace al son de un tañido muy alegre y festivo”. Y por más que les joda a los autoproclamados puristas del flamenco, el flamenco como fenómeno musical desarrollado entre los siglos XVIII y XIX no se entiende sin una fortísima interacción con las músicas que iban y venían de América (1), mucho más allá de los llamados “cantes de ida y vuelta” que quedaron como arbitraria clasificación de estos “puristas”.

Aun después de la ruptura violenta y traumática de la Monarquía Hispánica, los vínculos culturales y migratorios siguieron siendo muy estrechos, fecundando nuestra literatura universal como Valle-Inclán en México o Rubén Darío en España. Millares de españoles emigraron a Cuba, Argentina, Uruguay, Venezuela, México, Brasil… Así como en España hacían carrera presentadores como el peruano Kiko Ledgard, el locutor chileno Bobby Deglané, el boxeador cubano José Legrá… Era visto con la mayor naturalidad del mundo y se distinguía esa herencia común por la que vinieron escritores como Vargas Llosa o García Márquez al calor de las editoriales españolas; y es que antes del autismo separatista, Barcelona era un gran mundo editorial para la lengua española, tradición conocida en la ciudad condal desde el siglo XVI. Sin embargo, en los años 80 del siglo XX, cuando España y Portugal entraron en la Unión Europea (todavía con la resaca de mayo del 68), una suerte de mentalidad de nuevos ricos progres que habían creído tener el paraíso en la tierra ya miraron de lejos a Hispanoamérica, a un mundo que les resultaba exótico y atrasado; mientras que una agenda negrolegendaria mantenida tanto por el PSOE como por el PP al calor del marxismo cultural ha sembrado 40 años de ponzoña entre hermanos; y ahora España recoge estos frutos al ser botín del Foro de Sao Paulo.

No obstante, la herencia americana de España es un gran tema a reivindicar y desarrollar en la gran batalla que nos abre el siglo XXI con el derrumbe de una pseudocivilización que ya no se soporta ni a sí misma. Desde las cosas más “superficiales” a las más elevadas, crezcamos en una visión histórica conjunta y familiar y lo demás irá viniendo por añadidura; sin prisa, pero sin pausa, puesto que nuestra geografía providencial nos señala directamente nuestra geopolítica y por ende, nuestro porvenir.

Plus Ultra! Utraque unum!

NOTA

(1)Sobre las mentiras y tópicos acerca del flamenco, recuérdese:

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