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La Revolución positiva

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J. Francisco RODRIGUEZ QUEIRUGA

Observando las múltiples declaraciones, decisiones y acciones llevadas a cabo por el actual gobierno sobre el coronavirus y sobre las medidas económicas y jurídicas tomadas, de carácter absurdo y efecto negativo sobre la salud pública española y sobre la economía del país, se hace cada vez más evidente que nos hace falta un cambio, una revolución, pero:

¿De qué tipo? ¿Se puede organizar una revolución positiva? ¿Es realmente necesaria? ¿Porqué necesaria y porqué positiva?

Hace falta una revolución porque en el momento político presente – los hechos no dejan de demostrarnoslo – ya no sirve para nada manifestarse con estandartes y banderas fente a la Autoridad que, o no responde o lo hace manipulando las intenciones de los manifestantes y denostando promotores y seguidores.

En consecuencia, nuestras acciones, que son necesarias para manifestar el descontento, deben tener en cuenta una nueva dimensión de acción creativa que se justifique, porque de lo contrario, sin acción opositora, vamos directamente a la ruina.

Al mismo tiempo, esta acción de protesta debe incitar no a la destrucción del viejo modelo utilizado actualmente como instrumento de opresión, sino a la creación de uno nuevo que genere esperanza y que deje entender, que con el tiempo se superpondrá al viejo.

¿Qué tipo de acción creativa y positiva, generadora de esperanza, podemos realizar?

Podríamos empezar por ejercer dos de nuestros derechos: El primero, nuestro derecho de expresión y de protesta y el segundo, nuestro derecho al trabajo, retomando silenciosa, pero abiertamente, toda la actividad, productiva, comercial y de servicios, en todo el país.

¿Cómo podemos justificarlo?

Constatamos que hasta ahora, el Gobierno no ha sido capaz de justificar tecnicamente las cuarentenas selectivas, limitativas de la actividad productiva y comercial, además, ningún argumento válido de carácter no político ha podido ser presentado por dicho gobierno, por lo tanto, teniendo en consideración estos elementos, la decisión de recomenzar la actividad, podría hacerse, aún a sabiendas de que se darían dos situaciones de tensión:

(1) Si el retorno a la actividad lo hace todo el mundo al mismo tiempo, se producirán fricciones de diferente intensidad con las fuerzas del orden, según las diferentes directivas recibidas por sus autoridades políticas, no obstante no hay policías suficientes para cerrar todos los negocios del país al mismo tiempo, lo que representaría, al menos, una victoria parcial de esta revolución positiva.

(2) Por otro lado, si se atacan en justicia las decisiones de cuarentena estricta arbitrarias que se estan aplicando ahora (casos como el de Madrid o de Andalucía), las futuras intervenciones de la policía, intentando reprimir la apertura de comercios, estarían sometidas a la duda de su legitimidad y de su proporcionalidad, y serían fácilmente atacables por insuficiencia de justificación, poniendo en jaque la acción del gobierno y forzando, ya sea un cambio de política, ya sea un cambio de gobierno.

En conclusión: No hacer nada no es una solución aceptable,

Esto quiere decir que no hay otra opción que forzar la situación e iniciar, con todas sus consecuencias, la revolución positiva, pero manteniendo las medidas de seguridad y de salud pública de rigor, siendo responsables y solidarios, y actuando con inteligencia individual y colectiva.

Con todos estos elementos, que creo están pefectamente asumidos, se puede iniciar la revolución positiva, y para ello, nada más esclarecedor que un ejemplo de política local posible:

Verano en La Coruña:

Para los habitantes de mi querida ciudad y todos los que regularmente allí veranean, este verano podríamos organizar el festival «Coruña Orgía Gastronómica». La pregunta que me hacen algunos coruñeses es:

¿Cómo evitar los problemas logísticos del coronavirus?

Se puede cerrar la circulación a vehículos privados individuales en todo el centro ciudad, seleccionando barrios de actividad comercial y gastronómica para crear parques naturales de actividad y consumo, cerrrándolos a la circulación pero permitiendo vías naturales de acceso a taxis y ambulancias.

Se adaptan los espacios y se ponen terrazas ampliadas en todas las calles, con puestos logísticos de servicio, para degustar productos de la tierra en cada m2 de la Villa.

Con este sistema, se podrán mantener las distancias de seguridad e incluso contratar más camareros y hacer vivir al comercio local durante los dos meses de verano.

¿Es posible?

Si es posible, basta que haya buena voluntad y ganas de ganar a esta crisis entre los miembros del Consistorio, las organizaciones profesionales, la Cámara de Comercio, las asociaciones de vecinos, la Xunta y la ciudadanía.

Esta sería la revolución positiva de La Coruña, ampliable a toda Galicia y a toda España. Adelante Coruña, este verano «Orgía Gastronómica»

J. Francisco RODRIGUEZ QUEIRUGA

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