• El virólogo aseguró que ya está en condiciones de explicar por qué los niños no se ven afectados por la enfermedad.

Didier Raoult ha publicado su último vídeo titulado 4000 patients traités contre Big Data. Qui croire? con un día de anticipación para comentar con ironía el último “estudio” publicado por The Lancet, donde se desestimaba el uso de la molécula como tratamiento a la COVID-19.

El médico que ha saltado a la palestra pública en Francia por oponerse al Estado profundo francés y a las instituciones médicas en manos de los grandes laboratorios internacionales, consideró que tal y como lo había predicho la epidemia en Marsella estaba terminándose. Consideró que el estudio que se ha realizado en el IHU es el más grande y completo del mundo, concuyendo que la tasa de mortalidad en la ciudad se reduce al 0,5%.

También se refirió a otra prepublicación inglesa de la semana pasada, preguntándose de paso las razones por las que sus autores se negaron a comentar los datos que mostraban que la azitromicina y la hidroxicloroquina (0 reanimaciones, 0 muertes, de 15 pacientes) funcionaban mejor que tratamiento estándar (16 reanimaciones, 3 muertos, de 63). Repitió que en su hospital se había tratado a los enfermos, matizando con una frase conciliadora “el gobierno nos ha dejado hacer nuestro trabajo sin inmiscuirse”. Está por ver si entre hoy y mañana el gobierno prosigue por el mismo camino, ya que se espera la decisión del Alto Consejo de Sanidad, que deberá pronunciarse de manera inminente sobre los resultados publicados por The Lancet. De este fallo depende que se permita (o no) que los médicos franceses puedan prescribir la molécula como tratamiento temprano de la enfermedad.

En otra parte de su intervención el virólogo aseguró que la semana próxima explicaría las razones por las que los niños no se ven afectados por la enfermedad, “ya sabemos por qué, pero no lo diré ahora”, afirmó con una sonrisa maliciosa, “lo demostraremos todo la semana próxima”, enfatizó nuevamente.

Es cierto que ya se disponen de datos suficientes como para confirmar que los casos más graves presentaban carencias de zinc, explicó, lo cual confirma otras observaciones que se realizaron en Nueva York. Otra de las novedades de la enfermedad son las lesiones pulmonares que presentan algunas personas, pero que solo son visibles con un examen radiológico. Son estos casos los más complicados ya que, cuando se manifiesta la falta de aire, es casi imposible evitar la reanimación.

Volviendo sobre el tema de los titulares de la prensa, el profesor se mostró sereno, “Hemos tratado a casi 4000 personas aquí, no son los resultados obtenidos por análisis de datos indiscriminados y sin metodología, los que me van a hacer cambiar de opinión”, zanjó, considerando que habría que poner el foco de los proyectores en las derivas de los estudios publicados en la prensa especializada, cuyos resultados son mal interpretados, contradiciendo incluso los datos reales.

Esta vez se notó a un D. Raoult sereno, risueño, más descansado y relativizando con sonrisas el cuestionamiento que se hace a su tratamiento y a “su método” en Francia. Tenemos la base de datos fácticos más grande del mundo “¿Quién se equivoca aquí, aquel que ve y trata a los enfermos o los que analizan los macro datos?”, ironizó. Para concluir afirmando que, si se sigue por ese camino, ni los reumatólogos podrán prescribir la hidroxicloroquina, ya se verán obligados por el gobierno a utilizar moléculas más caras sugeridas por los laboratorios. “Esta es la verdadera pregunta, ¿vamos a abandonar las viejas moléculas por otras más nuevas y más onerosas sin razón?”. D. Raoult consideró además que lo ocurrido no solo concernía a la COVID-19, sino al resto de las enfermedades por venir.

Concluyó su intervención mostrando una tabla que prueba que los resultados de Marsella, se reproducen en todos los lugares del mundo donde se trata a los enfermos con hidroxicloroquina, “En 9 casos sobre 10 es evidente que la práctica médica contradice las conclusiones de los macro datos obtenidos mezclando resultados de varios hospitales y cocinados a ojo de buen cubero”, zanjó.

Minutos más tarde publicó en su cuenta de twiter un mensaje que resume su idea acompañado con datos que la prueban de manera fehaciente: «¿Por qué estas contradicciones entre los estudios sobre hidroxicloroquina? Los elementos de respuesta aparecen cuando observamos que los estudios contra este tratamiento se apoyan en bases de datos, no en pacientes».

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