Para el hermoso tiempo republicano español, el que actrices como Virginia Rodero: poeta, gente sensible de su calidad, sinteticen lo que “pasó y lo que ocurre” como consecuencia de la invasión de tropas extranjeras que tuvo que sufrir y que sufre España de sus filiales aliados y amigos, tiene un merito tremendo que nos proporciona una gran esperanza.

Virginia Rodero y su compañera en las tablas.

La obra, simple, poética, profunda, de dos mujeres solas, subidas a un escenario sinterizando de un modo magistral el hermoso tiempo republicano español, es algo que se debería conocer en toda la Hispanidad; una a una en todas las repúblicas de habla española porque es una lección magistral sin toga, puñetas, teja, ni birrete, ni sentencias.

Lo que pasó en España; lo que está todavía latente, agazapado, presenciando el hermoso trabajo de Virginia Rodero, aún sin darnos cuenta, podemos todos, absolutamente todos, ayudar a que se quede ahí; pero mucho más bajo tierra, como se debe de quedar la basura.

Estamos ante tiempos donde la misma invasión de tropas y capital extranjero que llevó a España a la guerra menos civil y más internacional, muy por encima de las llamadas mundiales, tuvo lugar en una España llena de sabañones y mocos colgando, que nada más encender el tiempo republicano los tizones para hacer hogueras y calentarse contra los sabañones, o quitarse la tiritera de los mocos colgando, la mano brutal del sistema neoliberal cristiano, lo asoló todo y hubo que volver a años que por décimas de segundo en el factor tiempo, se intentó erradicar entre las gentes.

La Hispanidad, un bonito sentimiento y sentir que nació y vive espontáneamente sin que ningún país ni república lo haya gestado, sino que ha nacido como la amapola que nace libre en medio del trigal, desde el amasijo EE.UU-Inglaterra, padre y madre, madre y padre del neoliberalismo cristiano, lo están atacando con todas sus fuerzas y furia, que es mucha, porque ellos han sido incapaces, por mucha hamburguesa, por mucha reina de Inglaterra, de poder crear un “sajonismo rubio” que pueda existir sin dólares o libras esterlinas.

Ellos lo saben mejor que nosotros, y por eso atacan para destruir lo que ellos no son capaces de gestar.

El hecho de que gente joven, de la talla interpretativa, artística e intelectual de Virginia Rodero, haya sido capaz de sintetizar con tanto humanismo, sensibilidad y poesía todo el hermoso tiempo republicano español, es algo que está espejando el fundamento básico tan hermoso de la Hispanidad; de que cambian las formas de vestir, las formas de viajar, pero el sentimiento, la amapola que brotó espontánea: la Hispanidad roja y verde que nació en el trigal de habla española, está mejor que nunca aunque esté atacada por el más brutal, cazurro y envidioso ariete que sostiene y empujan las blancas y frías manos del amasijo sajón-dios con ellos.

Sería del todo muy conveniente que la menguada en número de personas intervinientes (tres a lo máximo) en la compañía artística de Virginia Rodero, pudiera realizar un recorrido, república por república de la joven Hispanidad del poniente de la mar oceana, y sus islas, porque su visión suma mucho, llena mucho; nos hace a todos sentir mejor porque al instante apreciamos el asiento que tenemos.

Entrando en otro orden de cosas, hay por ahí circulando un dicho popular que dice que algo tiene el agua cuando la bendicen. Sobre el coronavirus, que ha dejado claro y conciso la necesidad de la universalidad de la Sanidad, aunque vaya en contra del mundo de “libertad para morir si eres pobre” sajón, que se suele decir que ha sido provocado, inyectado, y el país inyector no habla español.

Salud y Felicidad. Juan Eladio Palmis.

1 COMENTARIO

  1. PAÍS MOSAICO

    Hay un país mosaico,
    España,
    unido cada territorio,
    cada trozo diferente
    de gente y de paisaje
    por una cosa común:
    La injusticia y el llanto.

    El país, España,
    tiene partos,
    con demasiada frecuencia,
    de salvadores patrios,
    que la salvan de vivir,
    en el aburrimiento
    de la paz,
    y la liberan
    de monotonías
    como puede ser
    cualquier sonrisa diaria.

    Los supervivientes
    de España,
    una generación
    detrás de otra,
    mientras repican
    alegres las campanas,
    mal viven algunos
    esperando la promesa
    de la gloria
    que a nadie,
    ni a los que viven de ella,
    interesa.

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