Por: Orlando Gutierrez Boronat

La literatura es, debe ser, un instrumento para la mejor comprensión de la realidad.  Toda la humanidad bebe energías vitales de un alma común.  Cuando una obra se asoma a un horizonte de la existencia comienza a respirar en conjunto, a conjugar, a conspirar, con otra obra, con otra perspectiva, que también ha avizorado ese mismo horizonte.

Porque creo que todos estamos en esta misma frecuencia, quiero mencionar una novelita muy breve pero majestuosa de Ayn Rand que se llama “Himno”.   En la novela “Himno” hay una sociedad totalmente colectivista.  Durante el transcurso de la novela el protagonista va de no conocer la palabra “yo”, solamente conoce la palabra “nosotros”, “el todo”, etc, a descubrir el “yo”.

Me trajo a la mente esa novela, esta obra de Armando de Armas.  Son dos escenarios diferentes el que describe De Armas y el que describe Rand, pero reflejan una misma experiencia y una misma esencia. Con la excepción que el personaje de Armando nunca renunció a su yo y defiende el yo en toda instancia y ese yo tiene características metafísicas, Amadís sabe que su yo trasciende. 

Esta experiencia evoca en mí lo que encontré en muchos hermanos nuestros que vinieron por el Mariel, eran gente culta que se habían formado por ellos mismos, leyendo, pero poniendo un escudo y renunciando a los que ellos definían como la bobería o el teque.  Habían luchado tenazmente para que el policía totalitario no penetrara en su interior.  Al hacerlo, habían dispensado de todas las superficialidades sociales, y desarrollado una profunda desconfianza hacia la autoridad.  Su mundo de lealtades se movía en un plano íntimo de familia y amistades, rechazando todo lo político.  Eran anarcos:  defensores de lo natural ante lo artificial del estado.

El segundo escritor que me trajo a la mente “La Tabla” fue Herman Hesse, pues también Herman Hesse tiene este estudio del individuo, de lo más profundo del interior frente a un mundo que le quiere imponer una unidad monolítica.  En “Siddhartha” más que la historia del Buddha, es la narrativa del hombre que va ampliando su entendimiento del yo hasta fluir con el universo mismo, pero desde la individualidad.  Esta novela me impactó mucho de muchacho.

El estilo de De Armas es muy parecido al de James Joyce en “Ulises”, aunque me gustó más “La Tabla que “Ulises”. “Ulises” nunca la terminé porque no podía seguir.

Entonces felicito a Armando, creo que es una obra importante, lamento mucho haberme demorado tanto en leerla. Creo que para quien quiera entender a muchos de lo que conforman las nuevas generaciones de cubanos hay que leer “La Tabla”.

Me ayudó a entender mejor a miembros de mi familia, sobre todo a unos primos míos que llegaron en balsa y cuando mis padres no estaban, ellos son hermanos, un hermano le dice al otro: “Oye por qué los tíos (mis padres) siempre dicen que Cuba es bella, Cuba es horrible, Cuba es feísima, por qué dicen que es bella”, otro me dice “Compadre, consorte cuando ellos vivían en Cuba, Cuba era linda, ya Cuba no es linda”. ¿Qué cosa es esto? Que cosa más interesante, quince años después ese es más cubano que nadie, porque encontró otra cubanidad.

Entonces lo último, creo haber leído una vez que para que una novela fuera importante debía tener una tres condiciones, de tres conflictos fundamentales: el hombre contra la naturaleza, el hombre contra el hombre y el hombre contra sí mismo.  La novela de Armando cubre las tres bases majestuosamente, esas tres tensiones las proyecta magníficamente.  La novela es difícil de dejar de leer una vez que uno empieza, porque tiene esas tres tensiones entrelazadas, reflejando el todo de la vida y creo que eso lo logra majestuosamente bien.

La Tabla es una novela universal, la puede leer cualquier ser humano que lucha por su identidad en cualquier parte del mundo y se va a sintonizar con la novela y no tiene que saber tanto de Cuba porque descubre a Cuba mediante la visión de él, del personaje principal, así que felicidades, Armando.

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