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Santa Sofía: El universo líquido

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EL UNIVERSO LÍQUIDO


El horror de cubrir.

Las colinas del Proconneso ofrecieron voluntariamente el dorso
A la soberana que da su vida para cubrir el piso;
La luz del Bósforo, con una ligera crispación,
Brilla sobre el cándido mármol tal como la plata antes de oscurecerse.
(Pablo Silenziario, Ekfrasis de Santa Sofía, vv. 664-667)

El piso de Santa Sofía no tiene nada en común con el de otros celebrados monumentos paganos o cristianos como el Panteón, las basílicas de Roma o Ravena, no reluce de mármoles policromos de profusión ni captura la mirada a través de los meandros de mosaicos: se presenta, en cambio, como una vasta extensión de placas de mármol proconnesio venado.


El efecto fenomenal de reflejos brillantes y espectaculares sobre la superficie pulida evoca el mismo efecto que el Mar de Mármara, a dos pasos de la Basílica, dando la impresión de que el fiel camina sobre las aguas marinas mientras mira para alcanzar la cima de la cúpula colgada del cielo, rodeada del brillo y los reflejos de la luz en el oro. Como un milagro.


Esta alegórica experiencia de caminar sobre el agua llama a una serie de fuentes textuales que aluden a las teofanías, como la del el mar de vidrio en el Apocalipsis (4: 6, 15: 2), la de Pedro caminando por el lago Tiberiades (Mateo 14: 25-33), o la de la separación de las aguas del aire y del Espíritu Santo que se desliza sobre la superficie en la historia de la Creación (Génesis 1: 2-8). Es como si el fiel se dispusiera a revivir en primera persona la experiencia religiosa de las santas escrituras. El mar del suelo, los mármoles espejos de las paredes, el oro del tiempo.


El Poeta ruso Osip Mandel’štam, aunque nunca había visitado la Basílica, captó esta tradición, tal vez leyendo la Ekfrasis de Pablo Silenziario, y en 1913 se refería a ella con la mística imagen del universo líquido:

“Y a los siglos dio ejemplo Justiniano,
cuando Artemisa Efesia, por dioses extranjeros,
aceptó dejarse sacar el verde mármol
de cientos de sus columnas. (…)
Hermoso el templo en un universo líquido,
un triunfo de luz las cuarenta ventanas,
y en las velas a los pies de la cúpula
bellos más que nada, cuatro arcángeles. (…).” (trad. por Anna Kušalova).

Pero más de un siglo después triunfa la ignorancia y la barbarie. Las alfombras cubrirán el milagro del mar. Quien entre en la Basílica perderá una dimensión decisiva de la experiencia mística para la que fue concebida. Porque en un edificio sagrado todo es cosmos, ordenado y coherente. En Santa Sofía todo es luz, revelación de iluminación. Cuando se cubran los suelos, las imágenes, cuando todo se oculte, nublándose, ¿qué quedará? … Sólo arrogancia.

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