-Por Antonio Moreno Ruiz

Maldita sea la hemeroteca para Bernie Sanders. El tiempo pasa, pero la hemeroteca trae recuerdos incómodos, y por más tiempo que haya pasado, sus palabras elogiosas para con China y Cuba parecen recientes, por más que el mismo Sanders haya querido marcar distancias.

Sea como fuere, desde hace años se ha puesto de moda la palabra “socialismo” en los Estados Unidos, tanto por sectores del Partido Demócrata como por buena parte del mundo de la farándula. El actor Jim Carrey dice apostar por el socialismo luego de anunciar la marca Nike. Y para eso no hace falta ni siquiera hemeroteca; porque los grupos dizque “antifascistas” que pululan a lo largo y ancho del territorio estadounidense, intentando copiar modelos de bandas urbanas europeas, también pregonan la palabra “socialismo”.

Asimismo, tampoco hace falta hemeroteca cuando Sanders dice que Fidel hizo un programa de alfabetización; más que nada, porque dicho programa empezó con Batista.

Yo dudo mucho que Sanders tenga la posibilidad, o siquiera la intención, de fundar unos Estados Unidos Soviéticos; pero entre la hemeroteca y lo que no es la hemeroteca, le está abonando terreno tanto a los rivales de su partido como a los entusiastas de Trump; entre los que se encuentran muchos cubanos (más del 70% según Cubanet). Y amén de cubanos, no son pocos los nicaragüenses, venezolanos, u otros muchos hispanoamericanos que han escogido Estados Unidos como destino para huir del socialismo.

Y es que “socialismo” no es una palabra que se pueda disfrazar tal y como hizo la socialdemocracia europea, hoy cada vez más desacreditada por el viejo continente. “Socialismo” en América apunta a “socialismo del siglo XXI”, esto es, el Foro de Sao Paulo manejado por el G2 con los recursos naturales venezolanos y el empujón del narcotráfico.

Así las cosas, Sanders no sólo se ha hecho daño a sí mismo, sino también a su partido, y la palabra “socialismo” flotará como una maldición que será recordada especialmente por aquellas víctimas de una dictadura que aposentada en La Habana, dura ya más de seis décadas. Y esas víctimas forman una de las comunidades más cohesionadas y prósperas de los Estados Unidos: Los cubanos, con cuya presencia se recuerda y se refresca el legado hispánico de la Florida.

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