El controvertido Daniel Cohn-Bendit, diputado europeo, se dejó llevar cuando se mencionó el nombre de Didier Raoult. Estaba visiblemente molesto porque el profesor, que aboga por el uso generalizado de la cloroquina, según su opinión, no se comporta como un médico. Su exabrupto fue aplaudido por los presentes en el set de televisión de la cadena LCI ayer.

La calaña moral de este aleccionador se puede disfrutar en Wikipedia:

En 1975, publicó un libro de memorias titulado El gran bazar. En sus páginas reflexiona sobre el trabajo político, los deberes de un revolucionario y, también, sobre lo que se podía experimentar en un jardín de infancia alemán a comienzos de los años setenta.

Después de ser expulsado de Francia, Cohn-Bendit se instaló en Fráncfort, donde trabajó como monitor en una guardería alternativa vinculada a la universidad. Su experiencia en ese centro educativo, revelada en el libro, ha cobrado ahora una peligrosa actualidad para el político verde. Fue escrita con la meta poco disimulada de provocar a la conservadora sociedad germana en una época donde florecían las proclamas antisistema y los jóvenes exigían poner fin a todos los tabúes sexuales.

«Ocurrió varias veces que algunos niños me abrieran la bragueta. Reaccioné de diferentes maneras, según las circunstancias, pero el deseo de aquellos niños me planteaba un problema. Yo les preguntaba: ¿Por qué no jugáis juntos, por qué me elegís a mí y no a otros niños? Pero si insistían de todos modos, los acariciaba», relata Dany le Rouge en su libro. «Podía sentir perfectamente cómo las niñas de cinco años habían aprendido a excitarme.»

Luego de las publicaciones acusatorias aparecidas en los periódicos británicos The Observer y The Independent, en el italiano La Repubblica y en el alemán Bild en 2001, Daniel Cohn-Bendit expresa su remordimiento por haber escrito el libro Le Grand Bazar sabiendo lo que sabe hoy acerca del abuso sexual infantil.

En ese libro Daniel Cohn-Bendit defendía la liberación sexual de los niños y su capacidad de otorgar consentimiento para vivir su sexualidad libremente con los adultos. Daniel Cohn-Bendit se justifica diciendo que en la década de los 70 los revolucionarios estaban obsesionados con la represión en todas sus formas, incluida la represión sexual y que se creía que una educación anti-autoritaria era permitir a un niño crecer sin tabúes sexuales. Dice que exageró al describir que tuvo situaciones sexuales con los niños del jardín de infantes donde trabajaba y que había sido una manera contestataria de luchar contra la moral burguesa, que lo había escrito por pura provocación.

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