¿Podemos salvar el proyecto europeo de los «piratas del poder»?

«Salvar el proyecto europeo, y nuestras democracias, de los piratas del poder, implica salvaguardar las identidades nacionales de los Estados miembros»

El año 2019 no será recordado como uno de los grandes momentos de la construcción del proyecto europeo, y menos aún de la consolidación de la unidad de España, ni de la estabilidad hispanoamericana.

En lo que concierne a la Unión Europea, ésta tuvo la oportunidad de rescatar su proyecto integrador comunicando los logros alcanzados para el conjunto de los europeos desde su creación en abril de 1957 hasta el momento presente, y de esta manera, hacer de las elecciones al Parlamento Europeo de 26 de mayo de 2019, el momento culmen del año. Sin embargo, la atonía de sus instituciones no consiguió despertar entre los jóvenes el sueño europeo, lo que se tradujo por una reducida tasa de participación en las elecciones y, por si fuera poco—pues los males nunca vienen solos—, la mala gestión de los movilmientos migratorios, originarios fundamentalmente de Africa y concentrados en territorios de acogida  extremadamente reducidos, ha hecho renacer los conflictos interculturales, provocando, en ciertos países, la eclosión de nacionalismos excluyentes y el cierre de fronteras. Esta situación, maquiavélicamente tratada por la prensa sensacionalista y nula empatía institucional, fue aderezada por la larga e incomprensible negociación del bréxit británico y el conflicto separatista catalán, mientras la Unión Europea, con una sorprendente dosis de autismo, se deslizaba hacia una completa polarización de sus territorios y de sus ciudadanos, destruyendo sus fundaciones y haciéndoles olvidar la esencia de sus culturas y tradiciones, así como los motivos de su largo, y hasta ahora satisfactorio, proceso de unión.

Llegados a este punto, en el que vemos como se deteriora nuestro principal patrimonio sin reaccionar, ¿Podemos imaginar y créer en una política correctora de las presentes derivas que tenga probabilidades de éxito?

Para responder a esta pregunta, debemos intentar definir la complejidad del contexto en el que se encuentra inmersa Europa. Para empezar, observamos que ciertos países y segmentos de la población europea, han acusado a la UE de ceder a la mundialización de los mercados (concentración de las actividades de Bolsa en la City de Londres, modificación de la normativa bancaria y de sus ratios prudenciales, haciéndose desaparecer las Cajas de Ahorro y reduciéndose el crédito disponible para las PYMES, así como modificación de la normativa laboral, incentivando la movilidad del factor trabajo y creando masas de trabajadores aculturadas e intercambiables, completamente desposeidas de la transcendencia de su aportación al bien social por el trabajo) y de disolverse en un globalismo amorfo y sin rostro que desmoviliza a una parte importante de la juventud europea, provocando desconfianza y, en algunos, la amenaza manifiesta de una huida de la Unión.  En este contexto, la ausencia de referencias culturales, socio-políticas y espirituales, que puedan compensar la exclusividad del « soma consumo » ofrecido a los jóvenes, unida a la poca legitimidad adquirida por las instituciones europeas, sus sistemas de autoreproducción y sus procesos de funcionamiento, han producido un gran cansancio psicológico entre los europeos de larga tradición, no han conseguido la adhesión al proyecto Europa de los nuevos europeos, completamente desconocedores del acerbo generado por la Unión Europea en su larga historia, y sobre todo, han provocado el progresivo abandono del proyecto por el cual lucharon enconadamente los fundadores de la Unión Europea en la complicada post guerra iniciada en 1945.

La conjunción de todos estos factores y la falta de visión estratégica de nuestros dirigentes, perfectas emanaciones del cortoplacismo impuesto por el modus operandi del capital financiero, ha generado un riesgo suplementario, el riesgo de debilitamiento y muerte de nuestras democracias al que se llega por la descredibilización y deslegitimación de nuestras instituciones, concomitante con el creciente anonimato del capital financiero—ya plenamente instalado en los Consejos de Administración de las principales empresas de nuestras economías— y la imposibilidad de ejercer un control real sobre él.  

Así pues, si queremos seguir viviendo en democracia, tenemos la obligación moral de hacer todo lo posible para transmitir a la juventud europea la importancia de defender y reforzar—tanto desde el interior como del exterior— la legitimidad, la legalidad, la buena gobernanza y el peso decisionario de las instituciones creadas para dar vida al proyecto europeo, proyecto que además tiene el mérito de habernos dado el más largo período de paz y de prosperidad de nuestra historia, garantizando una constante mejora en nuestras condiciones de vida, tanto materiales como espirituales.

Está claro que para vencer en esta lucha, debemos convencer , pero ¿cómo?

La independencia económica y territorial

En primer lugar, hay que tener en cuenta que para mantener la fortaleza y vigor de nuestras instituciones, debemos garantizar la independencia económica y territorial de nuestros pueblos y asegurarnos de su perennidad, vinculando dicha independencia económica y territorial a la forja de una identidad nacional fuerte, porque solo así puede ésta ser solidaria y por lo tanto, convertirse en el pilar de la unidad comunitaria.

¿Son dichas condiciones, necesarias?

En la sociedad actual, dominada por el factor capital, la única arma de negociación válida en los conflictos de poder es la independencia económica unida a la posibilidad del uso legítimo de la fuerza, para de esta manera, garantizar el equilibrio de fuerzas en la búsqueda del bien común de una determinada comunidad nacional; y para ello es estrictamente necesario tener instituciones legítimas y fuertes, plebiscitadas por las poblaciones que representan, y garantes de su identidad nacional.

Cuando estos requisitos se cumplen las instituciones pueden defenderse contra los « Piratas del Poder », entre otras cosas porque una identidad fuerte siempre está asociada a tradiciones y valores arraigados que vertebran toda institución, por eso, cuando la cultura, los valores y el bienestar económico de una sociedad, se debilitan, el respeto de la ley, el sentido de la justicia y la solidaridad, también se  debilitan, permitiendo que los « Piratas del Poder » se infiltren en las Instituciones del Estado. 

Como es lógico, una vez franqueadas las barreras, los Piratas se instalan en las instituciones y comienzan a reproducirse para disponer de una red de apoyo clientelar que les permita no solo mantenerse, sino también alcanzar el poder y perpetuarse en él. Además, y esto podemos constatarlo en el actual proceso de desintegración de valores de nuestra sociedad, la escalada al poder en las instituciones del Estado, pasa necesariamente por la destrucción de valores y tradiciones culturales, sumergiendo a sus poblaciones en un magma de consumo transnacional, hedonista, fetichista y sin principios, y también pasa por el crecimiento de la división de clases y la desaparición de la solidaridad entre territorios.

Dicho de otra manera, estos Piratas del Poder corrompen la identidad cultural y moral que une a los ciudadanos y rompen la división de poderes y la solidaridad que hasta ahora les protegía de los aleas del destino.

Llevando esta idea al extremo, los Piratas del Poder, después de infiltrar las Instituciones del Estado, comienzan un fuerte y profundo trabajo de corrosión de los fundamentos de la nación, infectan el lenguaje, y al hacerlo nos hacen dudar de los principios previamente definidos para regir la vida de nuestras instituciones y de la realidad de los procesos que dieron lugar a las mismas (la transición española, por ejemplo, que en un momento fue considerada ejemplar, está siendo constantemente denostada por los Piratas), consiguiendo que no seamos aptos para salvaguardar nuestra independencia, pues no somos capaces de definir su contorno y sus límites; haciéndonos perder nuestra identidad (atomización regional y separatismo destructor de la solidaridad en España), y con ella, nuestra capacidad para reconocer si nuestro sistema de gobierno es aún democrático, y lo que es peor aún, dudando de nuestra potestad intelectual y legal para plantearnos dicha cuestión sin ser acusados de anti sistema y de fascistas.

Por ello, antes de que este proceso sea irreversible y la metástasis se extienda a todos los estamentos del Estado, debemos tener claro el siguiente precepto:

« El Estado no debe, bajo ningún concepto, atacar la Nación, su obligación es defenderla, garantizando su independencia, su identidad y su democracia, de los ataques del los Piratas del Poder . Por ello, es imprescindible dotar a las Instituciones del Estado de mecanismos de autodefensa, como los organismos vivos tienen anticuerpos para defenderse de los agentes extraños que ponen en peligro su existencia»

Este lema adquiere toda su relevancia en el marco de los Estados Nación y en el marco de la Unión Europea, donde recordamos:                                                                                                                                 

« Las Instituciones Comunitarias, para guardar su legitimidad y un funcionamiento estable, deben garantizar la salvaguarda de las identidades de los Estados Miembro que les han dado la vida ».

Puede que algunos de mis lectores, encuentren este análisis demasiado teórico, sin embargo, basta que observen con atención lo que está sucediendo en España actualmente y lo acoplen a este escrito. Enseguida comprenderán y se les hará evidente que en el proceso de asalto a las instituciones llevado a cabo por los Piratas del Poder, se está siguiendo el guión descrito al pie de la letra  (leer mi artículo « Qué está pasando en España », publicado en la Tribuna del País Vasco en 2019: https://latribunadelpaisvasco.com/art/11582/que-esta-pasando-en-espana ).

Continuando con el tema de la Unión Europea, constatamos que en 2020, la tendencia del ejercicio 2019 se hace ya una realidad palpable, al menos en lo que se refiere a los nacionalismos excluyentes, fenómeno en el que observamos una relación estrecha con la desmovilización de la juventud europea respecto al proyecto de la Unión Europea, entre cuyas consecuencias señalamos el Brexit británico.

Frente a ésto, deberíamos preguntarnos si el proyecto europeo está bien definido o si simplemente ha sido mal explicado y comunicado, lo que ha causado que muchos entienden por Unión Europea: disgregación de identidades nacionales, lo que produce un rechazo frontal a la Unión. Si este es el caso, el error es grave, pues la Unión se construye para defendernos geoestratégicamente y geopolíticamente de fuerzas exteriores con objetivos divergentes de los nuestros, y en ese caso una disolución de nuestras identidades sería el paso previo que facilitaría el derrumbe de nuestra estrategia de defensa. Además, hoy en día, frente a la influencia creciente de China, la intromisión de Rusia en nuestros asuntos internos, así como la inmigración musulmana, que ejerce una importante presión demográfica, erosionando progresivamente la identidad cultural cristiana de Europa, se necesita construir Europa reforzando nuestras identidades nacionales y facilitando la llegada de inmigrantes hispanoamericanos, cuya cultura cristiana y las raices greco-lationas de ésta, actuaría como barrera a la islamización de Europa, salvaguardando nuestras tradiciones e identidades.

Ahora bien, la política migratoria, si bien necesaria, no es suficiente para consolidar nuestra identidad cultural y defender nuestro acerbo. Es necesario completar las medidas externas con otras de carácter interno y estructural, creando programas educativos que ayuden a crear, o recrear, una identidad europea solidaria y no excluyente, como por ejemplo el programa ERASMUS. Solo así podremos evitar la absurda lucha entre disolución y balkanización, que solo beneficia a nuestros enemigos y podría conducirnos, tanto en uno como en otro caso, a perder nuestra independencia y, por lo tanto, nuestra vida en democracia.

Este tema, que es de vital importancia, ha sido tratado con mayor profundidad, en dos artículos. En el primero, tratamos sobre los intereses estratégicos de Gran Bretaña después del Bréxit: 

En el segundo artículo, hablamos de la necesidad de construir un verdadero mercado interior en la Unión Europea, y en él, analizamos los problemas y las soluciones que afectan directamente la identidad de los pueblos de Europa, la desmovilización de su juventud en torno al proyecto europeo y las intangibles dos caras del programa ERASMUS:

El mayor coste de Europa es el de su abandono

J. Francisco Rodríguez Queiruga

Economiste et Président de la Chambre de Commerce Latino-Américaine en France

www.cclam.org

cclam@cclam.org  ||  Francisco.queiruga@live.fr  || +33601213349

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