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Tienen todavía el solaje imperial, y países como España, que ha demostrado velozmente que les encanta, a sus políticos, vestir y sentir al estilo chulesco estadounidense, están viendo con la alegría del que pilla algo, como, sin pronunciamientos externos, España entera, por sectores o segmentos de mercado, están en manos de los EE.UU. especialmente el sector del transporte por carretera, que, cuando hace una huelga indefinida, el manual del perfecto agitador o desestabilizador social, sabe que pueden poner a un país entero de rodillas.

Con una facilidad y velocidad de puro asombro, Europa, sus políticos, de momento con la complicidad callada o aplaudida de los partidos políticos, hemos saltado por los aires de nuestra propia identidad y convencimiento, y hemos pasado de golpe a vivir en el patio trasero de los EE.UU. ocupando el hueco libre que nos han dejado entre los demás gallineros que ya hay viviendo del pienso o del amasijo que le quieren dejar las multinacionales yanquis.

Recordar que corriendo el siglo XIX, concretamente a fecha de 19 marzo del año de 1.808, un francés que trabajaba a jornal como rey de España bajo el nombre de Carlos IV. Y sin entrar en pequeños detalles genéticos, su hijo Fernando VII, los dos justicos de la mano, con la bendición apostólica de muchas santidades y comemieldas, vendieron la monarquía española y todo lo español, a su paisano Napoleón Bonaparte, que representaba al imperio de aquel entonces y que tenía su capital en Paris.

Pero, aunque el negocio de venta y compra estuvo muy bien publicitado, y todavía se suele seguir diciendo entre los que dicen amar a España, como si aquella operación meramente mercantil se hizo a puñal en la espalda, el revisionismo histórico nos habla de todo lo contrario, que se hizo con la felicidad para los dos Borbones, Carlos y su hijo, del que considera que ha realizado un buen trato.

Pero, siguiendo con el pero, el trato se hizo sin que el pueblo español, la gente como muchos de nosotros, estuviésemos de acuerdo con la citada venta de España a Francia, y aunque en aquel momento nos ayudó hasta el extremo de ser en realidad los vencedores contra Francia el reino de Inglaterra, cobrándose a base de bien el favor hecho hasta desbaratar el trato hecho entres franceses, nunca se puede perder la esperanza a pesar de la aparente seguridad con la que los políticos de la tipología Borrel, han vendido España a los EE.UU. con el visto bueno de los partidos políticos españoles, sin contar con nosotros que somo el pueblo español, capaces de dejar que nos roben los ingleses, pero que nos ayuden a recuperar nuestro país.

Nosotros, el pueblo español, que en momentos difíciles hemos sido capaces históricamente de crear un formidable frente popular contra las propias instituciones españolas que nos están jodiendo, ahora estamos viviendo unos tiempos similares, en los que los políticos españoles están haciendo y deshaciendo, mientras, entre risa y sonrisa complaciente al yanqui, escuchan atentamente cual es su saldo actual en la cuenta de algún banco sajón-religioso, de un paraíso fiscal.

Europa habrá saltado por los aires entre los aplausos de los partidos políticos europeos y españoles; pero existe una realidad que está ahí, que no se manifiesta, pero está contenida dentro del silencio del pueblo español, que, en la más pura realidad, se diga lo que se diga, España nunca se ha sentido ni se siente parte de Europa, y que no quiere ser estadounidense; y mucho menos vivir en el hueco que le han dejado entre los gallineros en su patio los EE.UU..

Aquel frente popular español de 1.808, cuando arrancó no contó ni pensó en los ingleses para lanzarse a por lo que era y es suyo. Ahora, aunque no haya apariencia de nada, España, la España de nosotros la gente, existe.

Y no han contado con nosotros el pueblo desde la Otan.

Salud y Felicidad sin Otan. Juan Eladio Palmis.

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