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Hispanidad

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El declive norteamericano y la agudización de las contradicciones del proyecto europeo abren la puerta para el resurgir de la civilización hispánica, y esto es lo esperamos ver desarrollarse a lo largo del siglo XXI y, tal vez, el XXII. La Historia nos abre a los hispanos una ventana de oportunidades que podemos y debemos aprovechar. “Todos los vacíos se cubren”. Y el que nos presenta la nueva coyuntura histórica es excepcional.

Tras doscientos años de travesía del desierto, incluso de descenso a los infiernos, con el desmoronamiento del imperio español y todo su entramado económico y cultural, debemos tomar conciencia del momento histórico que nos ha tocado vivir y desarrollar nuestra capacidad de análisis para no cometer errores graves.

Los españoles se han diferenciado históricamente del resto de europeos por su extraordinaria capacidad de adaptación a los medios más diversos y de mestizaje con las etnias autóctonas. Hay razones atávicas que se encuentran detrás de esas capacidades, como el terreno extremadamente montañoso con climatologías diversas, más las numerosas invasiones de pueblos distintos, y que forman parte del subconsciente colectivo de un pueblo estructuralmente fronterizo y ecológicamente compartimentado, que ha creado unos patrones de despliegue cultural muy flexibles y de una excepcional creatividad. El modelo de inserción de los elementos ibéricos en el seno del sustrato indígena en los países de ultramar que formaron parte del Imperio Español, es sin duda excepcional, pues muy pocas personas, apenas unos cientos de miles a lo largo de toda su historia, fueron las que lo hicieron posible. No existían ejércitos de peninsulares en América. Los propios hispanoamericanos se encargaban de su defensa. Esa forma de organización fluida y facil interracial, basada en la lengua, la cultura y la religión, posee una naturaleza que contrasta de manera radical con el sistema de capas, cuando no de exterminio anglosajón, mucho más cortoplacista en su diseño original, que les permitió a sus promotores extenderse con rapidez pero a costa de trasladar hacia el futuro la resolución de sus contradicciones internas. Estas han ido aflorando a lo largo de los siglos XIX y XX y se manifiestan hoy con toda su crudeza, lo que representa un verdadero lastre para el desarrollo de sus estrategias políticas y son las razones últimas que se esconden detrás del patrón de descomposición social que tenemos ya a la vista. Donde el imperio español civilizo, evangelizo, integro, dio sentido de pertenencia a millones de seres humanos diversos, el imperio anglo pasó ampliamente del bienestar de los pueblos sometidos, por no entrar en el tema de la tristemente famosa guerra del opio con el imperio chino.

Conscientes de esas carencias básicas en su modelo, pero incapaces de ofrecer otro alternativo más integrador, la huida hacia adelante está siendo exclusivamente de carácter tecnológico, y con ello van reduciendo de manera paulatina su capacidad de maniobra. Hace ya bastante tiempo que venimos percibiendo los síntomas del agotamiento del Imperio Americano, pero conforme nos adentramos en el siglo XXI los signos de descomposición interna no dejan ningún lugar a dudas de que su hundimiento se acelera y que su tiempo se agota por momentos.

Las señales de este proceso son múltiples, y nos recuerda en muchos aspectos a los últimos años anteriores a la Revolución Francesa y, en otros, a los dos últimos siglos del Imperio Romano.

Lo primero que nos llama la atención es la extraordinaria agresividad de la sociedad estadounidense:

1) Estados Unidos es el país con mayor número de presos, por cada cien mil habitantes del mundo con 756 (le siguen Rusia, con 629, Ruanda con 604, y Cuba, con 531). Ese índice esta en Japón en 63, en México en 207 y en Colombia en 149 . España, con 146 es el sexto país con la tasa más alta de la Unión Europea, o sea que tiene por delante a Reino Unido, Polonia, Francia, Alemania e Italia.

2) En Estados Unidos hay, en este momento, más de 3.000 personas en el corredor de la muerte. Desde 1976 (fecha en la que se reinstauró la pena de muerte) han sido ejecutadas más de 400. Sin comentarios.

3) Se calcula que hay 283 millones de armas en manos de particulares, en los Estados Unidos. Se pueden comprar libremente en las armerías sin necesidad de presentar ningún permiso. Cada año se venden 4,5 millones de armas nuevas y 2 millones de segunda mano. Cada año mueren, como consecuencia de algún disparo, una media de 9.484 personas y son heridas 97.820, es decir, una media de 268 al día. Hay un principio¡constitucional! (nada menos) que ampara el derecho de cada ciudadano a poseerlas.

4) ¿Cuáles son los valores que se transmiten a través de los medios?. Basta sentarse un rato delante de la televisión para ver lo que Hollywood está destilando. No es necesario “cruzar el charco”, sólo necesitamos mirar los telefilmes y las series que nos llegan desde allí y se cuelan en nuestra casa, cada día a través de la caja tonta. Buena parte de este material constituye una verdadera escuela de violencia, incluso de sadismo, en algunos casos de satanismo. El último ejemplo, “Joker”. Lo que pasa es que estamos ya tan acostumbrados que no le damos la menor importancia. Y esto tiene su triste reflejo en los numerosos casos de asesinatos en serie y/o en masa. No se sabe qué fue primero, si las historias de Hollywood o las historias reales de violencia de la sociedad norteamericana.

La desigualdad creciente entre las clases dominantes y las populares– En ese país llevan ya más de cuarenta años agudizando las diferencias de renta entres las clases dominantes y las populares. Llevan ya todo ese tiempo recortando programas sociales y bajando, en paralelo, impuestos a los más ricos.

El deterioro progresivo de sus infraestructuras, sistemas educativos y sanitarios Durante los años 80 vimos desplegar ambiciosos planes militares, como aquél proyecto que dieron en llamar “Guerra de las Galaxias”, mientras dejaban que se deteriorara la infraestructura ferroviaria. Hasta llegar a conseguir que sus trenes fueran tercermundistas.

El huracán Katrina nos dejó al descubierto, en 2005, las vergüenzas del Imperio y nos demostró como el país que nos vigila a todos desde el espacio carecía de un plan convincente de contingencia, para hacer frente a un tipo de catástrofes que son relativamente corrientes en su área geográfica.

El Imperio Americano se parece cada día más al soviético de los años 80. Ese que era capaz de mantener a la estación espacial MIR en el espacio, pero no de asegurar el suministro cotidiano de carne en las tiendas donde compraban sus habitantes. Tiene en común con el Imperio Romano de la víspera de las invasiones bárbaras el que sus dirigentes están más preocupados en sostener pulsos palaciegos, para hundir a sus adversarios políticos, que en defender la solvencia de su país. Tienen en común con la Francia de 1789 el que no dejan de bajar impuestos a los ricos mientras tienen que seguir sosteniendo, a base de endeudarse, una política imperial a nivel global.

La sociedad norteamericana, empezando por sus propias élites, se está rompiendo. La presidencia de Donald Trump, que intenta salvar, recurriendo a los patrones más atávicos de la cultura norteamericana, los elementos esenciales de la América WASP (White,Anglo-Saxon-Protestant). Pero esa concepción de la sociedad que habita este inmenso país es una negación de su propia realidad.. La huida hacia adelante que ha protagonizado desde los años 60 la ha conducido hasta un callejón sin salida, y los movimientos que se están produciendo en su seno apuntan, hacia una desintegración política, similar a la que se produjo en la URSS.


Ya sabemos cómo acabó la URSS. Un día de diciembre de 1991, simplemente colapsó.

Pero a diferencia de la antigua Unión Soviética, en Estados Unidos hay 283 millones de armas de fuego en manos de particulares. Mal asunto.

En paralelo a este proceso, al sur del rio Grande, se despliega una dinámica cultural alternativa, mucho más lenta y mucho menos condicionada por la coyuntura política, con un patrón de acumulación de fuerzas, de carácter convectivo, que se origina en el fondo de la sociedad y que está fuertemente vinculado con su propio territorio y con los grupos étnicos que se encontraron y se entrelazaron hace quinientos años en ese inmenso escenario geográfico que va desde las praderas de Norteamérica hasta la Tierra del Fuego. Ese patrón atávico de despliegue posee unas resonancias históricas muy poderosas, unas frecuencias de vibración múltiples que se refuerzan mutuamente y que diluyen y subvierten el modelo anglosajón, que se asentó sobre los cimientos que los ibéricos pusieron. Indigenismo e iberismo, tocando juntos, cada uno con sus propios instrumentos, una misma sinfonía en el inmenso escenario del Continente Transversal darán, por fin, rostro humano a una civilización tecnológica que ha basado su hegemonía en la segmentación étnica.

Un mundo ibérico tocando una única sinfonía y actuando de manera cada vez mas coordinada, reforzando los elementos que lo unen, resolviendo sus contradicciones internas, recobrando la memoria colectiva y aprovechando su propia diversidad para sacar el máximo provecho a las ventajas comparativas que esta propicia es lo último que la superestructura de poder que hoy segmenta nuestro mundo quisiera ver desarrollarse ante sí. Es un proceso subversivo y revolucionario, que presenta un horizonte de despliegue de varios siglos ante sí y que modificará toda la correlación de fuerzas del planeta Tierra y de más allá; que abrirá un nuevo tiempo político, mucho más humano e inclusivo que el que nos ha tocado vivir.

No dejemos que nos vuelvan a separar, a disgregar en doscientas republiquetas incapaces, que nos vuelvan a hurtar la memoria de lo que fuimos y la esperanza de lo que queremos volver a ser. Y esto no va solo por los anglos. Todo el mundo quiere meter la cuchara en los platos sin dueño. Recordad: todos los vacíos se cubren.

Como dice Felipe VI, ignorando absolutamente las jugadas de los insignificantes tahúres de turno: pensemos en grande.

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