Las tribus locales Mauiris, nativas y establecidas en el actual Marruecos, comunicándose entre sí con su lengua materna el Berebérico, no le importó para nada la llegada de las oleadas de gentes germánicas, que, huyendo de los fríos, cuando por Marruecos corría cantarín, de norte a sur, el caudaloso río Saura, porque, sin ser ni más ni menos que gentes como lo somos ahora, cada cual iba a su bola y faena.

La llegada de unas gentes incómodas, que trastocaban todo por donde pasaban, y en verdad dejaron muy pocos amigos, salvo en los conventos y en las iglesias, gentes que se han bautizado posteriormente como “romanos”, y, modernamente que no eran de Roma por mucho que hayan publicitado en favor de ello desde los citados centros de religión vaticana, a todas aquellas gentes que estaban establecidas en el actual Marruecos, nada más pasado el Estrecho de Gibraltar con rumbo al poniente hacia la izquierda, y limitando con la mar Atlántica, constituyeron la España Transfretana, prima hermana de la España La Mayor, tierra adentro, al norte del citado Estrecho de Gibraltar.

Esa dos Españas, que a pesar de la mar por medio, estaban mucho más unidas y compenetradas que las dos Españas actuales, pueden servirnos para reflexionar, especialmente a la derecha y la derechona española, que España, la Mayor o la España Transfretana, no se merece en modo alguno el bailarle tanto las aguas a los EE.UU. y menos ahora que está sumergido dentro de un espacio agónico donde todo se le está cayendo a pedazos, y no sabe qué hacer con tanto pobre como pulula desarraigado por su territorio.

A las gentes de la calle, tantos los de una España como los de la otra, nos parece, que los asuntos venezolanos, centro-suramericano, o en general de todo aquel continente, nos conciernen mucho más de lo que le pueden importar a un francés, a un alemán, a un inglés, o a holandés, que si otra cosa, apretaron fuerte y lo lograron, que a cualquiera de las dos Españas de antes y las de ahora, no nos quedara ni un centímetro cuadrado de tierra en todo el continente Americano para izar una bandera de paz española.

Y por eso nos da vergüenza ajena que la derechona española, que nunca han mirado hacia el bien de la gente española; que han despreciado y lo siguen haciendo a la España Transfretana, y ahora incondicionales miran y se aprestan raudos a defender los intereses de los EE.UU, como ayer fueron francófonos, germanófobos o anglófobos, no creo que nos hagan falta gobernando nada, ni dando lecciones de otra cosa que no sea de su principio traicionero hacia los intereses generales de todos los españoles.

Por fuera de la leche en polvo y aquella mantequilla amarilla que muy bien ambos productos pudieron llevar una carga fulminante para hacernos, como muy poco, pequeñicos y gilipollas, los EE.UU, por fueran de lo que puedan consumir en las “barras americanas” de los bares que frecuencian por las proximidades de sus bases militares, en ciudades donde los hemos sufrido, caso de Cartagena, sabemos la rentabilidad social que aportan a un país, empezando por la localidad que toman a su clásico chulesco e inculto asiento.

De ahí que nos resulte hasta indecoroso que partidos españoles de la derechona española, que presumen de su españolidad a tope, se den con las piernas en el culo corriendo a cumplir los mandatos en defensa del agónico club que dirige los agónicos EE. UU.
Salud y Felicidad. Juan Eladio Palmis.

1 COMENTARIO

  1. EL SOL SALIENTE

    Saliente:
    saliendo
    sobre el cerro
    que todas
    las mañanas veo
    que es mar y cerro.
    Y tu sol,
    más que rey
    que te levantas
    ajeno
    a lo que te decimos
    y hacemos,
    fuiste el dios
    más justo
    y poderoso
    que el hombre
    nunca haya
    tenido
    y escogido.

    Y lo sigues siendo.
    Y yo te llamo
    y te digo
    hermano sol,
    padre sol,
    madre sol,
    pan sol
    agua sol
    que me das
    la vida
    y me calientas,
    sal cada día
    por mi cerro
    que es mar
    y cerro
    y no te olvides
    de hacerlo
    porque en ti,
    en tus parejos
    rayos,
    como en ninguna
    otra cosa,
    creo.

    Y detrás de mi
    vendrán,
    porque ya están,
    carne
    de mi vieja carne,
    amores
    de mis amores,
    que creerán en ti
    tanto o más
    de lo que yo
    en ti creo.

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