-Por Antonio Moreno Ruiz

Si yo fuera antropólogo, me dedicaría en cuerpo y alma a estudiar a los gallegos. Entre ellos he hallado las personalidades más fuertes y sorprendentes. Se dice entre nos, los indianos, que «andaluz bien vestido, catalán con dinero y gallego mandando». Como en la emigración fui adoptado por gallegos, digamos que podría corroborar el tema. Con todo, algunos, ante esta máxima, pensarán en Franco, o en que Fidel era hijo de gallego; y se olvidarán de que Felipe V tuvo un ministro de sangre gallega (José Patiño), que fue el marino Fandiño el que mal que bien lió la Guerra de la Oreja de Jenkins y que desde la II República a la Guerra Civil, José Calvo Sotelo, carismático líder de la derecha , era gallego, así como gallego era Enrique Líster, destacado militar comunista. Y no sé cuántas personalidades más nos dejamos en el tintero.

Para lo bueno y para lo malo, con los gallegos no hay quien pueda. Y comoquiera que en mi influencia literaria se encuentra a ilustres gallegos, y como sigo insistiendo en las coincidencias entre gallegos y andaluces en torno a la cultura familiar (en esto, muy coincidente con determinadas regiones italianas), al celo por las tradiciones y a la morriña misma, y aparte, que ando escuchando entrevistas a Laureano Oubiña insistiendo en el «valor antropológico del sujeto» y también en la hipocresía, la poca vista y los tiros errados de tirios y troyanos sobre la Operación Nécora y lo que no es la Operación Nécora, pretendo con estos versos hacer un breve tratado de antropología gallega para que lo tome todo aquel que buenamente quisiere, estando dispuesto a visitar físicamente la tierra gallega, donde hallaron su hogar siglos ha tantos y tantos cristianos mozárabes acogiéndose al favor de los reyes de León y poniendo pies en polvorosa dentro de su propia Piel de Toro ante las embestidas del islam… Bueno, que me enrollo: Estando dispuesto a visitar Galicia, con el camino de Santiago y Dios mediante, e incluso a invitar a un vino a todo aquel que gustare; pero al primero, pues el segundo, paguénselo vuesas mercedes con todos los huevos.

BREVE ANTROPOLOGÍA GALLEGA

Gallego,
yo quisiera tu alma, así
como quisiera tu mente,
para tener la personalidad,
más fuerte y sorprendente,

pudiendo ser hortelano del mar,
cazador de barcos o escritor
imaginativo y talentoso, teniendo
la llave de cualquier adaptación.

Gallego,
yo quisiera comerme el mundo
cual gran potaje, y digerirlo
con licor de café y puros,
para con sabiduría vivirlo

y al final, entre urogallo y
cisne, que me lleve una
melancolía surrealista a
ritmo de tragicómica locura.

Gallego,
ya quisiera yo saber (como tú)
trabajar, y seguir, y sumar,
pero sobre todo, je… ¡Ya
quisiera yo saber mandar!

y si España estuviera
comandada por gallegos,
algo de sentido común tendríamos,
¡que estamos muy necesitados de eso!

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