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El Quijote galopó por la cordillera

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Después don Miguel de Cervantes se lo traería a las planicies manchegas, porque en los asuntos de madrugadas de helor, tienen mucho en común aquellas hermosas sierras, con las impresionantes llanuras de la Mancha que te invitan al silencio y a la reflexión.
Sólo en el título de uno de sus extensos y viscerales escritos, el quijote de la América Morena, don Gonzalo Jiménez de Quesada, Ratos de Suesca, no necesitaba el letrado conquistador poeta, el explorador, decir, hace más de cuatrocientos años, aquella herejía de que: “el Papa miente”, sabiendo que tal afirmación podría costarle la hoguera allí al otro lado de la mar oceana, o aquí en un mundo viejo que se quedó, allí también, prácticamente parado en aquellos quijotes, aunque ahora se lleve en los bolsillos y bolsos los teléfonos móviles.
Porque todavía es octubre y todavía no paran los tratadistas de enumerar a lo pavo real, lo mucho que el viejo mundo llevó para el nuevo, en mi tratado privado y particular soy un ferviente defensor no solo que de allí nos vino hacia acá las papas,  los tomates, y los bonitos culos remangados de las femeninas mujeres caribeñas, sino que lo más endiosado en nuestra idiosincrasia de ibéricos quijotescos, nos vino de allá; Y el Quijote de Cervantes es una copia exacta de la vida y forma de ser de aquel formidable andaluz, que precisamente porque fue un hombre justo y cabal, nada pelotillero ni agasajador, sino defensor de la verdad y la justicia que él entendía, no pasó en honores, pese a explorar la tierra de la gran cultura indiana Chibcha, de ser un pobre mariscal.
Ser letrado, probablemente en leyes de las empapadas de parcialidades vaticanas, de las que se estudiaban – ¿Se estudian todavía?- En Salamanca, fue una mala cosa para una corona que era la expresión o la mano del verdadero poder que lo era, y lo sigue siendo, el clero, que prefería en las capitanías de las nuevas tierras, en los sillones virreinales del otro lado de la mar oceana, gente que apenas supieran leer y escribir, dado que así les entraban mucho mejor los bulos de los paraísos y los consejos celestiales.
Quijote es una fotocopia no sólo en la manera de proceder de Quesada, sino que don Miguel de Cervantes, sin quitarle mérito, pero sin dárselo todo como al general que parece como si él solito, a los generales solitos, fueran los que ganaran las batallas y las tropas estén de paso o de puro adorno por los campos de batalla, cogió y copió del conciso modo de expresarse no sólo don Gonzalo Jiménez de Quesada, sino que con toda seguridad, también bebió en el castellano que se expresaba con soltura, fluidez y agrado el Inca Garcilaso de la Vega, por lo que atribuirle en solitario a Cervantes el hacer al idioma español más atractivo para los lectores, no es un asunto en primicia y autoría de su excelsa figura.
Pasa con este asunto lingüístico o de filología, siempre restringida a los grandes padres (y pocas madres) de las contaminadas y pías cátedras española, como con la denominación de América, ya generalizada y sin posibilidad de vuelta a un hermoso origen de cuando en todos los escritos por siglos y centurias se denominaban Las Indias. Pero llega el Atila de lo romano; llega el imperio romano disfrazado de fraile trinitario vaticano queriendo todo el pan y aceite de lo que sea para ellos. Y algo que los cronistas que escribían en español o castellano no cejaron de denominar como Las Indias, se incorpora a la enseñanza reglada desde las sacristías, la desconocida y nada divulgada, si existió más allá de caminar por Sevilla, del tal Amerigo Vespucio. Y desde la cátedra española se sigue la corriente a una total falta de investigación y rigor histórico, y el nombre de América triunfa por encima de Las Indias.
El quijote indiano, el andaluz don Gonzalo Jiménez de Quesada, aunque sus escritos no tuvieron apenas difusión porque nadie podía tener la osadía de decir y decirlo por escrito que el papa de Roma mentía y llegar a viejo, su renglón se conserva, y es un testimonio mudo pero fehaciente, tanto el suyo como el del Inca mestizo austral Garcilaso, que en el simplificar honores para ahorrar crónica, están muchas injusticias.
Y el español en el que se expresó el Quijote original,
es precioso y preciso.
Salud y Felicidad. Juan Eladio Palmis.

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  1. De la introducción de mi viejo libro: La Iberiada
    Que centran la existencia
    estrangulando toda sonrisa
    hablando de indulgencia
    pero hacen huracán de la brisa,
    creando un dios a su conveniencia.
    Y sobre aquella arena
    de la mar del poniente, en la playa,
    playa y la mar, ajena,
    un montón de oropel y quincalla
    del viejo mundo arriba y se estrena
    En ciencia redentora,
    con la intransigencia por bandera,
    de una fe que atesora
    solo lo material, y allí espera
    la superchería de otrora
    Junto a inculta creencia
    que la sangre y el miedo es la senda
    fértil en la existencia,
    y con el castigo se desprenda
    luz para existir, clarividencia

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