Como los frailes, españoles principalmente, llegaban a las nuevas tierras con cierta inmunidad hacia el virus o la bacteria que provoca la llamada Salmonela o salmonella, al objeto de alcanzar grados dentro de su escalafón clerical, le decían a los nativos originarios de Las Indias, indefensos ante la enfermedad, que el Cocoliztli, que asoló México y la parte central y meridional del continente indiano, era un asunto privado y particular de un cabreo de dios porque no se hacían a la velocidad deseada pecheros de una iglesia católica, que le encanta enviar a sus fieles ligeros de mantecas a la otra vida.

Estudios modernos, dignos de todo crédito porque no están hechos bajo los intereses constantes y desestabilizadores de las multinacionales instaladas en Usa o Canadá, han puesto de relieve que por mor de la Salmonela, o Salmonella, se bautizaron a más nativos que juntando todos los sermones clericales; que si todavía solo entendemos lo del diezmo y las primicias, en aquel entonces donde las gentes vivían a su humilde, simple y hermosa bola, el afiliarte a una secta religiosa para apechugar, no era nada apetecible.

La Salmonela hacía sangrar por todos los orificios del cuerpo a la gente; y, ante algo tan horrible, nadie podía quedarse indiferente, entre otras cosa porque el coeficiente de dignidad personal de entonces tenía mucha mayor que se tiene actualmente en la OEA, donde el dios dólar, el bueno y el más abundante, el corrompido, es el que mejor y más fieles bautiza cada día tanto en Las Indias, como en Europa.

Porque las empresas multinacionales ubicadas en Usa o Canadá, lugar donde se asientan los verdaderos dueños de las armas y los recursos de guerra Usa, ni se inmutaron en su día, ni se inmutan, cuando peleles políticos de allá y de acá, no tienen en cuanta ni los avisos respecto a la Salmonela mundial, ni al cocoliztli mundial, que gente del prestigio, saber, valentía y conocimiento de un difunto general Usa, dejó claro y conciso en su memorias en vida, el general Smedley Butler, de que la guerra era y estaba al servicio exclusivamente, en el caso Usa, de las empresas multinacionales, pagando la ronda en muertos y dólares de mantener el ejército, el agónico pueblo estadounidense.

El imperio Romano se apagó casi de golpe, cuando se acabaron los esclavos, razón primera de hacer caja, en la Ibérica, y razón de que bajaran a instalarse en estas deshabitadas tierras gentes germánicas. El Cocoliztli, a pesar de lo letal que resultó, cuando fue en parte vencido porque se ganó inmunidad, a lo que pronto se aficionaron los nativos indianos fue a los novedosos juegos de azar que llevaron los españoles a Las Indias; que ya le hubiese gustado al clero vaticano tal afición, que sin misioneros ni haces de leña, la gente indiana se afiliaba con agrado a los citados juegos y sus pillerías.

Tan pronto en las escuelas españolas y en todas y cada de una de las repúblicas indianas de habla española o portuguesa, sea obligatorio estudiar y analizar las memorias del citado general yanqui Butler, del mismo modo que al cocoliztli, el propio clero vaticano le cambio, cuando le interesó el sentido y señaló hacia España y los españoles, y tuvimos que salir sin dejarnos ni una esquina donde poder pisar para embarcar de regreso, la realidad que apunta un general sobre el ejército que ha mandado, puede que ponga en su lugar al agónico capitalismo Usa, que tiene al mundo infectado de salmonella moderna.

Noticias actuales indican que nunca, en la historia de la humanidad, el hombre había gastado, aplicándole la proporcionalidad, tanto dinero en armamento como lo ha hecho el año que acaba de pasar. Y aunque los hay que hablando por boca de las multinacionales armarse para la paz es lo mejor, semejante gilipollez lo más probable es que le de la plena razón a Karl Sagan, cuando vaticinó que la destrucción mundial, la provocaremos nosotros mismos.

Salud y Felicidad. Juan Eladio Palmis

1 COMENTARIO

  1. LOS EE.UU

    Ni roto en cien pedazos
    tu país
    de gente de carne andando,
    dan otra cosa que peso,
    y un aullido de miedo
    la brutal ignorancia
    que aún en plena luz,
    asusta hasta los perros,
    a los que pasan de todo
    por ser perros callejeros,
    y les das
    como país de rapiña
    y guerra,
    padre y madre
    de todas las guerras
    y los desconsuelos,
    les das miedo.

    Si cerca de ti
    tuviera que pasar
    asustado de ser,
    de que me digan,
    que soy tu hermano,
    nunca alces,
    ni para un simple saludo
    tu ensangrentada mano.

    De ti solo quiero
    lo mismo,
    la misma regla,
    la misma ley que aplicas,
    según tú,
    por su bien,
    de un modo desinteresado,
    al que dices
    que es tu amigo:
    tu aliado.

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