Hace poco departía con unas compañeras de trabajo italianas sobre las respectivas situaciones de Italia y España. Una del norte, otra del sur, y sin embargo, me insistían que Italia estaba peor que España. Yo no salía de mi asombro, pero me dieron datos acerca de los impuestos, la burocracia, el nivel de vida, la deuda pública o incluso la violencia, que como poco, dan mucho que pensar. Y es que en verdad el caso italiano es parecido al español (y por ende, al hispanoamericano): Intentar desde el siglo XIX por la fuerza y desde arriba ser lo que no somos. Desde la misma figura del estado-nación a otras estructuras que ni nos van ni nos vienen. Nosotros, hijos de la civilización mediterránea, “democracia” la traducimos como polis o “ciudad-estado/autosuficiente”, y esto se da desde la Hélade a los virreinatos americanos, pasando por los años tardorromanos y godos. ¿Pero qué tiene que ver la “democracia” tal y como la entendían los griegos (en complemento con la monarquía y la aristocracia?) a cómo se desarrolla durante el siglo XIX al calor de una mala imitación del parlamentarismo británico?

Decía Oliveira Salazar que la “democracia” (mejor diríamos, partitocracia) no era para los pueblos latinos porque somos “pasionales”. Realmente, nuestra estructura familiar/social, es siempre tendente a “jerarquías clánicas” con cierta linealidad (no, no somos tribales/beduinos). Desde la masonería al imperio británico han intentado transformar el mundo a su antojo, y vive Dios que lo han conseguido, al menos para su beneficio, sirviéndose de malas traducciones, como si “free trade” fuera “libre comercio”; “libre” tal y como lo entendemos en nuestra koiné, me refiero. El “sistema de partidos” no es sino el refinamiento de una isla de piratas que está debatiendo cómo se reparte el botín. Llevado eso al continente, especialmente desde Francia, se transforma en otra cosa, que siempre da lugar a la revolución sangrienta, el rupturismo, el desorden… Y con ello, la emigración de millones de personas, hecho todavía recientísimo en Italia.

En el fondo, nunca seremos de partidos. En todo caso, de personalidades, sentimientos, referencias… Lo que queramos. Pero no de partidos.

Se dice que Italia es ingobernable, que hay muchos partidos… Pues claro, tantos como pasiones, personalismos o hipocresías. Si a eso le sumamos el concurso de las sociedades secretas (de las logias a la mafia), el revanchismo, el sentimentalismo… Y la estrategia de la tensión que se disputaron Estados Unidos y la URSS en la postguerra mundial, y que luego aplicaron en la España de la transición (con resultados muy parecidos a uno y otro lado del Mediterráneo), tenemos que al final, siempre estamos donde mismo.

O volvemos/vamos por el camino a nuestras estructuras tradicionales y orgánicas como línea directa de nuestra cultura clásica, o seguiremos divididos, desquiciados y domeñados, hasta extinguirnos. Y sin olvidar que se nos viene una guerra por el cercano mar para la que no estamos preparados.

-Antonio Moreno Ruiz

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