-Por Andres Alburquerque

Cuba siempre ha sido un desastre desde 1959; lo que ocurre ahora; con matices mayores o menores siempre ha ocurrido. Durante la administración de Obama se nos vendió un país idílico con gente feliz y se incentivo a los camaradas de Hollywood para que fuesen a filmar a La Habana. Mucho glamour y en ese ambiente de festejo y felicidad se dejó aparte cualquier tipo de denuncia. El camarada presidente tenía un capricho; ir a Cuba y tomarse muchas fotos, y a la mierda lo demás. No deseo ser injusto; los presidentes americanos no tienen la obligación de preocuparse por nosotros; cada país debe valerse por si mismo. Pero el señor se nos presentó como alguien que traía un modo más eficaz de dar al traste con la dictadura. 


A fin de cuentas y con tal de poner un pie en la mayor de las Antillas llegamos al punto de tener que medir cada palabra que usábamos y en varios eventos a los que asistí la consigna era atenuar la retórica para no irritar a la Junta. El pueblo americano fue vilmente engañado y el regalo de Obama fue el Mojito Deal; tácitos acuerdos súper secretos en virtud de los cuales le dábamos todo a cambio de nada.


No me atrevo a asegurar que la política de la actual administración logre cambios positivos en la isla. Afirmarlo sería irresponsable; pero lo cierto es que jamás habíamos visto a los cubanos de allá desafiar abiertamente a los sicarios; emitir declaraciones sin ocultarse y mencionar a los vejetes de la Junta y sus secuaces por sus nombres y apellidos. No hemos llegado para nada al punto deseable pero sin dudas hoy es evidente la vulnerabilidad de los opresores.

Una teoría muy conveniente para los conciliadores es que al ritmo que marchaban las cosas bajo Obama hoy los cubanos serían mucho más libres. Yo rechazo categóricamente tal noción. La pasadera de mano no hace más que envalentonarlos y garantizarles impunidad. Entre lo que los compatriotas cuelgan en las redes y algún que otro americano sajón que no se preste al engaño manifieste a su regreso de su viaje a Parque Jurásico quizás logremos que la opinión pública renuncie a esa visión folclórica y edulcorada que tanto daño ha hecho a nuestra causa por décadas. Nada asegura un cambio; pero ver a los malversadores de la camarilla preocupados y nerviosos me provoca un infinito placer. Nadie morirá en Cuba por tener menos recargas de celular o porqué sus parientes en lugar de diez veces al año vayan sólo dos; después de todo muchos cubanos no tienen quien le escriba y yo que jamás recibí un centavo del extranjero mientras viví allí soporte las penurias sin chistar.

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