La calle Albareda, arte y parte de centro histórico de Sevilla (que junto con Venecia y Génova, es el mayor de Europa), era llamada hace siglos calle de Catalanes. En el siglo XVI, los catalanes, muchos de ellos al alimón de la venta de lienzos, afincados en Sevilla, fundaron la Hermandad de Montserrat, que todavía se conserva como parte de la Semana Santa hispalense.

No obstante, muchos años atrás, concretamente en el siglo XIII, luego de que Fernando III el Santo derrotara al islam en el Valle del Guadalquivir, fueron catalanes los repobladores de Camas y Coria del Río, dos pueblos importantes de Sevilla.

Durante siglos, los catalanes emigraron por todos los territorios españoles, incluyendo los reinos de Indias. Y eso cambió con los Borbones. Aunque todavía a principios del siglo XIX podemos ver bastantes catalanes en Venezuela y luego en Cuba; sin embargo, el proteccionismo textil (en detrimento de otras industrias españolas, como el lino gallego) y la política de libre comercio que venía desde los tiempos de Carlos III (1) fueron acicates para el crecimiento de Cataluña, la estabilización de su población y el aumento demográfico debido a una oferta de trabajo a la que acudieron hasta hace tres días gentes del resto de la Península.

La Historia es justo al revés de cómo la están contando los separatistas. El problema es que gracias al PSOE y al PP, controlan el sistema educativo y los medios de comunicación; y luego de no sé cuántos años de mentiras sin que nadie haya puesto orden, en verdad demasiado poco pasa.

Empero, frente a la mentira separatista, lo cierto es que hubo un tiempo en que los catalanes emigraban a Andalucía; justo cuando Andalucía, y en especial la Andalucía atlántica, fue el motor económico y cultural de las Españas. Que eso también contradice al victimismo andalucista.

Y es que al final, como dice el sociólogo catalán Javier Barraycoa, a los nacionalistas, sean del signo que sean, les da igual la historia. No hacen sino manipular los «sentimientos». Y por «sentirse», se puede sentir uno hasta registrador de la propiedad, tal y como decía el filósofo Gustavo Bueno QEPD.

NOTA

(1) Recuérdese:

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