Resulta interesante hacer un aparte para estudiar un poquito las biografías de estos singulares personajes del XIX español. Güell, por ejemplo, parece a primera vista como si lo único importante que hubiera hecho en la vida hubiera sido financiar a Gaudí y construir el famoso parque que lleva su nombre. Antonio López parece como si siempre hubiera sido, por herencia naturalmente, Marqués de Comillas y como si lo único que hubiera hecho en la vida hubiera sido fundar la Universidad que lleva su nombre. Nada más lejos de la realidad: ambos fueron lo que se denomina indianos, pero poca gente se ha parado a pensar en lo que realmente significa esta palabra.

Respecto a Juan Güell, líder de la revolución industrial en Barcelona, y cuyo famoso parque está lleno de símbolos masónicos, la web de esclavistas famosos dice de él:”…encarna y ejemplifica a la perfección el ascenso triunfal de una burguesía esclavista «hecha a sí misma», cuyo patrimonio inicial se generó mediante el tráfico de carne humana esclava entre Guinea, Cartagena, Venezuela y Cuba: en el origen de las grandes fortunas del patriciado barcelonés suele haber un traficante de esclavos….

El caso es que negreros como Güell o Antonio López no sólo tienen sendos monumentos en Barcelona, sino también calle a su nombre en el primer caso y plaza en el segundo. ”Se opuso activamente a la independencia de Cuba y presidió el Círculo Hispano-Ultramarino, que defendía los intereses de los españoles en América. Fue un militante anti abolicionista.

Lideró la política proteccionista que propugnaba la burguesía industrial catalana frente al gobierno de Madrid, publicando numerosos opúsculos para oponerse a los librecambistas, como Laureano Figuerola. Sus argumentos se basaban en que con la libertad de comercio el país se descapitalizaría y se crearía paro. El proteccionismo afectaba a los consumidores, que pagaban más caro; pero Güell miraba a los productores, concentrados principalmente en Cataluña. Murió en 1872, dejando heredero a su hijo Eusebi Güell, que se casó con la hija de Antonio López, Marqués de Comillas, también proteccionista y anti abolicionista. Se sumaron las dos fortunas, y luego, cuando Alfonso XIII concedió a Eusebi Güell el título de Conde de Güell, los dos títulos.

En cuanto a Antonio López, nació en 1817 en Santander. Huérfano de padre a los dos años, su madre difícilmente podía mantener a los tres hermanos de su labor como pescadera y de los frutos de la huerta que tenían. Sin haber cumplido todavía los diez años abandonó Comillas para trabajar con unos familiares en Andalucía. Al parecer fue un naviero paisano quien le proporciona un pasaje desde Cádiz a Cuba cuando tenía 14 años. Desde 1831 y durante diez años trabaja de «mozo para todo» junto con otro emigrante paisano suyo, Manuel Calvo, ahorrando todo lo posible para poder afrontar un primer negocio: en 1841 los dos amigos fletan un «petache» de harina procedente de Santander hasta La Habana, y luego lo venden en Santiago de Cuba, transformando la inversión en un importante capital, que le permite ese verano volver por primera vez a Comillas, ya como un joven y prometedor «indiano». De nuevo en Cuba se estableció en Santiago, menos abastecida que La Habana, dedicándose al comercio de todo tipo de objetos: pacotillas, ropa, alimentos, etc. Pronto se casó con una rica cubana de orígen catalán, Luisa Brú Lassús, es decir, dio el braguetazo, para decirlo con la fórmula que Valle Inclán utilizaría en Tirano Banderas.

La boda de Antonio López, celebrada en la ciudad condal en noviembre de 1848, le permitió sumar una dote de 9.000 pesos en efectivo. Con un capital mayor, López pudo ampliar el horizonte de negocio de su empresa: incorporándose en el negocio ilegal de la trata de esclavos, primero; y, después, en la compra de tierras de labor. En 1850 solicitó permiso para establecer una línea de vapores entre Guantánamo y Santiago de Cuba, servicio del que se ocupó el vapor General Armero. Todo parece indicar que ese buque fue utilizado para la introducción ilegal de esclavos en el oriente cubano. No en vano su puesta en marcha coincidió con un aumento del número de esclavos vendidos por Antonio López y Hermano. Así, el importante margen comercial de la trata permitió a la sociedad ampliar sus actividades, adquiriendo en poco más de dos años cuatro ingenios y otros tantos cafetales.

En 1861 López consigue la concesión de los contratos de transporte de pasaje y correo entre España, Cuba, Puerto Rico y Santo Domingo, a lo que se añadió el traslado de soldados a Santo Domingo (1863-1865) y a Cuba durante la Guerra de los Diez Años (1868-1878). El tamaño de la flota fue creciendo al hilo de la expansión de la compañía, que se cimentó en buena medida en sus estrechas relaciones con los gobiernos de la Restauración. En 1878, la naviera contaba con 13 vapores para sus líneas regulares desde Santander y Cádiz a Cuba y Puerto Rico. Ese mismo año, gracias al prestigio adquirido por Antonio López y López como empresario naviero comercial, S.M. el Rey Don Alfonso XII le concede el título de Marqués de Comillas.

En 1881 la compañía «A. López» se transforma en sociedad anónima y pasa a llamarse Compañía Trasatlántica. Durante la ultima guerra de Cuba, especialmente, se encargaba de llevar y traer a los soldados españoles.

Pero nos falta un tercer personaje, sin duda el mas importante en toda esta historia: Julián Zulueta y Amondo (1814-1878). Un aldeano alavés, convertido en un terrateniente de Cuba, alcalde de La Habana, hombre de peso en la política de ultramar española y uno de los hombres más ricos de su época. Uno de los máximos exponentes del capitalismo en Cuba, hacia finales del siglo XIX, posición que alcanzó como almacenista de víveres, tratante de esclavos y culíes chinos, con ingenios y acciones en ferrocarriles.Ante las presiones inglesas y el encarecimiento de los esclavos africanos necesarios para la producción de azúcar y café, propuso a la Junta de Fomento, en 1846, un proyecto destinado a traer chinos.

En 1844 compró tierras en Matanzas, a unos 120 kilómetros al oriente de la capital del país, y, en 1845, adquirió un ingenio pequeño, El Regalado, que modernizó bajo la denominación de Álava, el primero de los cuatro que construiría en ese territorio.


«Yo nací en Camagüey, 1.- España fin de siglo.-» Lourdes Cabezón López

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