Los estudios que se están llevando a cabo en estos momentos en muchas partes del mundo con medicamentos ya conocidos para combatir el corona virus, son tal vez la solución a nuestro alcance, la única por el momento, mientras esperamos por una hipotética vacuna. Sin ánimo de desanimar, para los que no lo recuerden, seguimos esperando por la del Sida; mientras que las pócimas existentes, distribuidas cada año para combatir la gripe, tampoco se muestran muy eficaces que digamos.

Dicho esto, las pistas que abren estos tratamientos alternativos despiertan muchas expectativas entre la gente, como lo prueba la polémica que está dividiendo la comunidad científica en Francia, a propósito de la asociación de hidroxicloroquina con azitromicina, propuesta por el profesor Didier Raoult en Marsella.

Desde hace días circulan por las redes sociales, testimonios de algunos médicos que, como el doctor Cameron Kyle-Sydell, médico de urgencias en Nueva York, alertan sobre la ineficacia de los tratamientos clásicos que se están utilizando para salvar a los pacientes que llegan con insuficiencia respiratoria a los servicios de urgencia; este médico y otros urgentistas en el mundo entero constatan que muchos pacientes fallecen a pesar de estar bajo asistencia respiratoria “ ¿Y si nos estuviéramos equivocando de paradigma médico?” se pregunta el doctor Kyle-Sydell en un vídeo que está circulando en la redes sociales.

Es lo que cree también el doctor Sandro Giannini que enseña en la Universidad de Bolonia, que considera haber encontrado la cusa de mortalidad del Covid-19, a partir de los datos que se han reunido en toda Italia. Su idea parece bastante contundente. Los pacientes entran en reanimación con trombosis venosa generalizada y ventilar unos pulmones que no funcionan no sirve de nada. Para este galeno que cuenta con un impresionante currículo clínico, el problema no es respiratorio sino cardiovascular. En ese sentido se muestra rotundo, “ahora mismo podemos afirmar que 9 pacientes de 10 fallecen por micro trombosis venosa y no por pneumonía”, aseguró en una entrevista publicada el pasado 10 de abril.

El mecanismo de formación de estos trombos es bastante conocido por la ciencia desde hace años que los trata con antinflamatorios y antibióticos. Es por eso, que el tratamiento de Didier Raoult funcionaría, no gracias a la hidroxicloroquina, sino a la azitromicina, un antibiótico de la familia de los macrólidos, que se utilizan para tratar las pneumonías atípicas desde hace años. Esta particularidad explicaría igualmente la razón por la que las personas que padecen artritis reumatoide se infectan con el virus, pero no se enferman de Covid-19.

Es lo que está haciendo desde hace un mes la doctora Sabine Paliard-Franco que asegura haber curado a todos sus pacientes diagnosticados con Covid-19 en la comuna francesa del Nord-Isère donde ejerce. La doctora, ha dado a conocer sus prometedores resultados que han salvado la vida de muchos ancianos en una comunicación interna destinada a la sociedad de Geriatría Francesa, “sin pretensiones”, pero que comienza a circular en las redes sociales tras darse a conocer por su propio hijo. En efecto, Philippe Paliard ha publicado un post explicando lo “orgullosos que se siente” de su progenitora, cuyo tratamiento impide justamente la micro trombosis venosa, ya observada en Italia y en Nueva York.

Lo cierto es que el protocolo de la doctora se está aplicando ahora mismo por muchos médicos que se ocupan de los asilos de ancianos, pero también en algunos hospitales de Saboya, Alta Saboya y en el este de París. Es la razón por la que el Sr. Paliard ha publicado el mensaje ante la pasividad de los políticos “Sabemos que existe un tratamiento que funciona. Las redes sociales pueden ayudarnos a salvar vidas. ¡Compartid, compartid, compartid!”, concluye.

Desde la publicación de su mensaje, otros médicos, ignorando las recomendaciones estatales tanto en Bélgica como en Francia, también han suministrado antibióticos macrólidos a sus pacientes y han obtenido idénticos resultados. ¿Por qué no se divulgan?

Una vez más lo repetimos: esconderse del virus no es la solución, mucho menos cuando existen alternativas terapéuticas que evitan colapsar los hospitales, y la crisis económica que amenaza los fundamentos de la civilización occidental. La pregunta que hay que hacerse es ¿Por qué seguimos esperando? Occidente no es China, si seguimos restringiendo libertades no somos mejores que ellos. Me niego a vivir en ese mundo al que nos condenan los miedos colectivos y la irresponsabilidad de los políticos.

Fuentes:

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