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Xenofobia progre

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Tengo para mí que la base de los grandes errores cometidos en el combate contra el progresismo años atrás radica en no haber ido a la raíz del problema. Y es que el progresismo, enésima vuelta de tuerca del neo/postmarxismo, fabricado en laboratorios de alto copete, no es más que una estafa, y a un estafador no se le pide/exige coherencia, sino que se le desenmascara. En eso, la llamada «derecha alternativa» angloamericana ha trabajado con mucho desparpajo, las cosas como son; y guste más o guste menos, la campaña de Trump ha supuesto un antes y un después al respecto.

A vueltas con el progresismo y su «pensamiento» poliédrico y totalitario, éste ha sido bien desenmascarado en nuestro idioma por los argentinos Nicolás Márquez y Agustín Laje a través de su exitoso libro «El libro negro de la nueva izquierda». A pesar de todas las censuras y violencias sufridas (y España fue de los países más virulentos al respecto, sino el que más), no se ha podido evitar su propagación desde Argentina a México, también pasando por España.

Con todo, hace poco Laje y Márquez hacían una nueva visita a México, concretamente al estado de Jalisco, frente a dos dizque «activistas LGTBI» que presumían de no haberse leído el libro (¿de qué debatían, entonces?) y que repitieron constantemente diatribas xenófobas al decir que México no debería permitir a los extranjeros propagar determinadas ideas. Si esa afirmación la hiciera cualquier europeo occidental, le costaría su puesto de trabajo, entre otras cosas. En cambio, los progres de ciertas partes del mundo parecen tener licencia para todo. Como ahora la escritora Lucía Echevarría, arremetiendo contra la arquitecta Rocío Monasterio (una de las cabezas visibles del partido Vox) porque «una inmigrante cubana no nos va a dar lecciones». Da igual que Rocío Monasterio, hija de cubano, sea española/nacida en España… El caso es que para los progres, como buenos totalitarios que han estirado el marxismo a su antojo burgués, el extranjero es bueno mientras sea un sujeto político útil. Lo mismo pasa con las mujeres, los homosexuales o con cualquiera que puedan/quieran «colectivizar» para sus intereses. Pero en cuanto se les lleva lo más mínimo la contraria a su asfixiante dictadura, la vena xenófoba les sale muy pronto. Lo mismo que veremos insultos «homófobos» contra un homosexual que no les baile el agua, y así con todo.

Que se pueda discrepar con Laje, Márquez o Monasterio, por supuesto. Pero que lo primero de esa «discrepancia» es acudir a la xenofobia dice mucho del instinto de quien lo hace. De los de siempre… Pero cada vez se quitan más la careta y ya no le es tan fácil engañar a medio mundo.

Por cierto, ¿por qué no dice lo mismo Echevarría de los argentinos de Podemos (que han nacido bien lejos de aquí, al contrario que Rocío Monasterio)? ¿Ellos sí pueden «dar lecciones»?

Como dice la escritora cubana Zoé Valdés: ¡Bah!

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