ROMANCE DEL VIEJO INDIANO GALLEGO

Cerrando los ojos,
en el malecón,
toda su aldea,
de fiesta vio,
y con sus parientes,
largo y tendido habló;
y así, de repente,
la gaita sonó,
señalando el monte,
que tantas veces subió,
esquivando los tojos,
mientras su perro ladró,
avistando un jabalí,
y un lobo aulló.

El valle, hermoso y verde,
como nunca recordó.

De la pipa de su abuelo,
algunas caladas dio.

¡Qué bonita aquella,
realidad que se soñó!
La tierra… ¡Qué bonita,
cuando tanto se añoró!

Sin embargo, pronto,
la mar bramó,
y la lejana realidad,
de inmediato se mostró;
aunque el viejo indiano,
gallego su alma marcó,
y aún parecía devorar,
el delicioso lacón,
y una lluvia omnipresente,
su alma abrumó.

Con todo, una ráfaga…
Ya los ojos abrió,
Y a sí mismo, pues,
el hombre se preguntó,
cuándo volvería a la tierra,
donde nació y creció.
«¿Dónde enterrarán mis huesos?»
«¿Dónde acabaré yo?»
Mas sólo halló silencio,
y nadie, nadie respondió.

Del malecón, entonces,
el viejo gallego marchó.
Al final, la vida es sueño,
y los sueños, sueños son.

Mas España llama,
con fuerza de pasión.

¡Viejo indiano gallego,
sigue la senda de nuestro sol!

Antonio Moreno Ruiz

*Recuérdese:

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