-Escrito de Jaime Mora Aragón

En España hay un problema de violencia en el ámbito familiar y contra las mujeres. Con todo, España es el tercer país de Europa con menos mujeres asesinadas a manos de sus parejas (los países nórdicos, donde la familia está más deshecha y rige el individualismo-estatismo, son los primeros del ranking macabro. Un tema a estudiar). Pero el problema es real, terrible, y exige soluciones.


En el ámbito de la familia existe violencia de los hombres sobre sus parejas, de las mujeres contra las suyas, de los padres (especialmente las madres) hacia los hijos y de los hijos hacia los padres. Pero no se puede negar que el número de mujeres muertas o agredidas y aterrorizadas por sus parejas es mayor al de hombres. Aquí entran en juego factores biológico-etológicos (mayor fuerza física y agresividad en el varón), culturales (desprecio hacia la mujer como algo de mi posesión), subjetivos-personales (hombres frustrados, cobardes, alcohólicos, fracasados, etc).


Es razonable que haya una protección especial hacia las mujeres, sin que por ello tengan que ser tuteladas por el estado y diversas asociaciones como si fuesen menores de edad. En el gobierno de Zapatero se aprobó la vigente ley contra la violencia de género. Es una mala ley, porque no parece haber reducido sensiblemente el número de mujeres muertas, elimina la presunción de inocencia de los varones y favorece la proliferación de denuncias falsas. En 2018, según el CGPJ hubo casi 170000 denuncias, de las que solo acabaron sentenciadas 29000, con un 57% de condenas y un 43% de absoluciones. La mayoría (entre las que habría sin duda muchas denuncias reales) quedaron archivadas o sobreseídas.


Lo peor de esa ley es que estaba ideológicamente orientada, por el feminismo de género (no es el único que existe, el movimiento feminista no es monolítico, pero la «perspectiva de género», con todas sus variables, es hegemónica). Está ideología atribuye la violencia contra las mujeres a la estructura patriarcal de la sociedad (lo que a mí juicio es un fantasma ideológico) y a la familia heterosexual. Y hace de las relaciones entre los sexos un campo de batalla sin fin.


No parece que la mejor forma de acabar con un problema tan grave sea introducir ideología muy discutible. La izquierda realmente existente ha aprovechado el asunto en las últimas décadas para hacer un rodillo y obligar a todos a comulgar con su peculiar (y falsa) cosmovisión. La derecha pepera simplemente se ha plegado a la izquierda y no ha sabido ni querido analizar el problema sin anteojeras ideológicas. Vox, el malo de la película, ha dado razones contra la ideología de género y las leyes que de ella derivan, pero ha actuado reactivamente, no se ha explicado satisfactoriamente y ha permitido que hagan con él un maniqueo al que culpar de algo de lo que no tiene ninguna culpa.


Y mientras el rodillo ideológico sigue a toda máquina, el problema existe, hay mujeres que mueren y viven un infierno. Y algunos hombres y niños. Y sigue sin llegar la ayuda a muchas mujeres necesitadas, mientras se reparten millones entre asociaciones inútiles que criminalizan a sectores enteros de la sociedad. Y se ocultan los datos del origen étnico-cultural de muchos de los agresores… La ideología contra la realidad.

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