Los tres puntos:

(a) Reconstitución de las Cajas de Ahorros: Para que la financiación tanto de los hogares como de las empresas no constituya un freno a la renovación del tejido económico de España, es necesario reconstituir el modelo financiero de las Cajas de Ahorros, con el fin de crear un contra poder financiero a los bancos, y que las Cajas inviertan sus beneficios en la Obra Social Nacional ( como antaño) y se evite el transvase de fondos, vía fondos de inversión, hacia los paraísos fiscales, desde donde – en estos momentos – los marionetistas de la City – utilizando la Leyenda Negra – están lanzando los ataques a los paises del sur (PIGS), para despatrimonializarlos o desposeerlos de sus principales empresas. Así mismo, contrariamente a lo que muchos piensan, las Cajas de Ahorros han costado mucho menos al contribuyente que los rescates bancarios, además, han compensado las deficiencias del Estado en Obra Social y han permitido el acceso al crédito a las clases medias y bajas, así como a las PYMES.

(b) Facilitar la movilidad intraregional: Para obtener la cohesión necesaria de los ciudadanos españoles, que permita acometer esta transformación tanto económica y social como de valores, se debe facilitar la movilidad intraregional e interregional entre españoles y entre españoles e hispanos. Es decir debieramos crear una especie de Erasmus nacional pan hispano que mejore el conocimiento mutuo entre españoles de diferentes orígenes y configure las bases educativas, comportamentales y profesionales de la cohesión hispánica,

(c) Automatizar la Ley de Nietos, Bisnietos y Tataranietos: Como una consecuencia natural del punto precedente y con el objetivo de alcanzar el legítimo derecho de veto en la Unión Europea – que con el fin de defender nuestros intereses con más fuerza había conseguido Aznar en 2003 (Tratado de Niza), y abandonado más tarde, e incomprensiblemente, por Zapatero -, es necesario y legítimo automatizar la ley de nietos y bisnietos hispanoamericanos. Ello pondría un freno absoluto y de manera natural a la inmigración ilegal y, en general, musulmana, pero no solo eso, al reconocer a nuestros hermanos hispanoamericanos como legítimos españoles, éstos se convierten, de facto, en ciudadanos de la Unión Europea y, el aumento demográfico hispano-español que esto supondría, y por lo tanto del censo electoral español, nos situaría en igualdad de condiciones que Francia o Alemania para reclamar el derecho de veto, máxime, en estos momentos finales de la negociación del Brexit británico y de lo que ello pudiera suponer en la resolución del conflicto sobre Gibraltar, así como del retorno del español como lengua oficial en la oficina europea de patentes y en todas las instituciones europeas e internacionales en general.

¡Despierta España!

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