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Tiziano contempla las Majas de Goya en el Museo del Prado

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Madrid, 15 de febrero de 2022.

Querida Ofelia,

 La salida de una significativa selección de obras de Goya, con motivo de la colaboración del Museo Nacional del Prado en la exposición celebrada recientemente en la Fondation Beyeler en Basilea, ha favorecido la realización de varias intervenciones para la reinstalación de sus salas 34 a 38, dedicadas a Goya, con el propósito de ofrecer al visitante un nuevo discurso expositivo y narrativo de una parte significativa de la colección de este maestro universal.

Se han abierto los balcones de las salas 34 y 38, dos dirigidos hacia el Paseo del Prado y el último al Jardín Botánico, permitiendo la entrada de luz natural   una atmósfera más luminosa y se ha creado una nueva sala de mayores dimensiones al unir las salas 37 y 38 demoliendo el tabique que las separaba. En esta nueva sala destacan las pinturas de la Maja desnuda y la Maja vestida unidas al retrato de la Marquesa de Santa Cruz y, por primera vez, a una de las pinturas de Tiziano que representan a Venus.

Esta nueva ordenación se verá enriquecida, en la sala 34 dedicada a pintura religiosa, con la exposición durante un año de dos bocetos de Goya de la colección Fundación Tatiana Pérez de Guzmán el Bueno, preparatorios de su cuadro de altar de San Bernardino de Siena en la basílica de San Francisco el Grande en Madrid, que permite conocer el proceso creativo de esta obra y la manera precisa y eficaz del artista de concebir una composición de gran complejidad. En esta misma sala, presidida por Cristo crucificado de 1780, que le valió al artista su ingreso a la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, se reúnen, además, tres bocetos de cuadros de altar para importantes iglesias, como las catedrales de Toledo y Sevilla, y pinturas destinadas a oratorios o pequeños altares de destacados clientes particulares. El conjunto revela el desarrollo estilístico de Goya durante cinco décadas, así como su concepción original y más realista de los hechos religiosos y de las acciones de los santos y seres divinos, y su novedosa utilización de la luz.

Las salas 35 y 36 continuarán el recorrido por los retratos pintados por Goya a partir de la década de 1780 y hasta la de 1800 mostrando el panorama de clientes que buscaron a este artista convertido pronto en el retratista más importante en la corte de su tiempo. En ellos desaparece ya algo del idealismo y la atemporalidad que hasta entonces habían sido normas del género y se puede observar la excelencia del artista en analizar con profundidad el carácter de los modelos y de convertir cada una de estos retratos en una obra única en cuanto a la composición y expresividad. En el nuevo espacio que se abre con la unificación de las salas se exponen la Maja desnuda y la Maja vestida acompañadas, por primera vez, por el cuadro de Venus recreándose con el Amor y la Música pintado por Tiziano hacia 1555. La exposición de esta obra en la sala 37-38, procedente de la Colección Real, es reflejo de la decoración de uno de los gabinetes en el palacio del valido Manuel Godoy, en el que se encontraban las Majas de Goya junto a representaciones de la diosa del amor, como la Venus del espejo de Velázquez (National Gallery, Londres) y una de Tiziano en una pequeña copia. Además, en este contexto se evidencia el carácter novedoso de las composiciones de la Majas despojadas de toda referencia mitológica y cuyas modelos no rehúyen la mirada del espectador.

Reordenación museográfica sala 34-38

Sala 34

Francisco de Goya.

Pintura religiosa Desde los inicios de su carrera profesional y hasta 1819, fecha de la Última comunión de san José de Calasanz (Madrid, colegio de los Padres Escolapios), Goya se dedicó frecuentemente a la pintura de temas sagrados, que cultivó también en forma de murales para diversas iglesias, y en la que se refleja la presencia que la religión tenía todavía en la sociedad del último tercio del siglo XVIII. En el Museo del Prado se conservan nueve cuadros religiosos del artista, fechados entre 1772 y 1816. El de Cristo crucificado, presentado por Goya a la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, le valió su ingreso en esta institución. Tres bocetos de cuadros de altar para importantes edificios: las catedrales de Toledo y Sevilla y la capilla del colegio de Calatrava en Salamanca, reflejan el gran reconocimiento obtenido por Goya en ese género pictórico. Otras obras estaban destinadas a oratorios o pequeños altares de destacados clientes particulares, mientras que el San Juan Bautista permaneció en el estudio del artista. El conjunto revela el desarrollo estilístico de Goya durante cinco décadas, así como su originalidad en el tratamiento de temas de larga tradición, su novedosa utilización de la luz y su concepción realista y personal de los hechos religiosos y de las acciones de los santos y seres divinos.

La integración, en esta sala, de los dos primeros bocetos al óleo preparatorios de Goya para la realización de la obra La predicación de San Bernardino de Siena, gracias a la incorporación de Fundación Tatiana Pérez de Guzmán el Bueno como entidad colaboradora del Museo Nacional del Prado, ofrece la oportunidad singular de poder estudiar el proceso creativo de esta obra y la manera racional de Goya de desarrollar una composición monumental de gran complejidad técnica y compositiva.

Salas 35 y 36

Francisco de Goya, retratos y otras composiciones

Goya inició su actividad como pintor de retratos en la década de 1780 y se convirtió en el retratista más importante de su tiempo. Representó a miembros de relevancia de todas las clases sociales, desde reyes y aristócratas hasta burgueses, entre ellos políticos, militares, eclesiásticos, actores, pintores y miembros de su familia. En sus retratos desaparece ya algo del idealismo y la atemporalidad que hasta entonces habían sido normas del género. Sus modelos, incluso los reyes, parecen más humanos y cercanos y revelan una relación con la realidad contemporánea marcada por el ideario de la Ilustración, pero también por la Revolución Francesa. En sus actitudes y sus rostros se trasluce asimismo su carácter, analizado siempre con sutileza por el artista, que supo crear con cada una de estas imágenes una obra única en cuanto a composición y expresividad.

Un pequeño conjunto de pinturas muestra la maestría de Goya a la hora de crear composiciones originales y novedosas. En su representación de Aníbal, el héroe militar destaca por su caracterización humana. En obras como Vuelo de brujas y Cómicos ambulantes se sirvió de escenas irreales o fingidas para revelar la irracionalidad universal o trasmitir una crítica social.

Sala 37-38

Francisco de Goya

Las Majas.

Retratos

La composición de la Maja desnuda, pintada por Goya en torno a 1800, sigue una tradición que se remonta a la Antigüedad, en concreto a esculturas de mujeres reclinadas como la Ariadna de la colección de Cristina de Suecia, que fue frecuentemente copiada. Ya en el Renacimiento son célebres las “poesías” creadas por Tiziano para Felipe II, un conjunto de pinturas de asunto mitológico inspiradas en textos clásicos y protagonizadas asimismo por el desnudo femenino. Este tipo de obras perseguían el deleite de los sentidos y, en casos como Venus recreándose en la música, podían verse como alegorías de estos, aquí en concreto de la vista y el oído, por los que se accedía al conocimiento de la belleza y la armonía. Mientras la Venus de Tiziano rehúye la mirada de su contemplador, las majas de Goya, despojadas ya de toda referencia mitológica, nos miran abiertamente con una sonrisa seductora y “giocondesca”.

En esos mismos años Goya retrató a varios actores de teatro, como Isidoro Máiquez, y a personajes de la alta aristocracia que buscaban ver reflejadas sus aficiones, como la música y la poesía. Entre estos destaca la marquesa de Santa Cruz, representada en una obra en la que los tonos cálidos del diván y el efecto vibrante de las pinceladas evocan nuevamente pinturas como la Venus de Tiziano.

Francisco de Goya, las Majas desnuda y vestida

La Maja desnuda se documenta en 1800 en un “gabinete interior” del palacio madrileño de Manuel Godoy, favorito de Carlos IV, junto con la Venus del espejo de Velázquez (Londres, National Gallery), regalo de la duquesa de Alba, una “Venus” de Luca Giordano y otra de Tiziano en una pequeña copia a pastel. Hacia 1802 Godoy embelleció su palacio y encargó a Goya varias alegorías y, seguramente, también la Maja vestida, documentada, como “gitana”, en la colección del valido en 1808. Fue pintada tal vez para tapar o disimular en ciertas ocasiones a la desnuda, que podía ser objeto de la censura de la Inquisición.

En 1813, cinco años después de la caída de Godoy, los cuadros se trasladaron al Depósito de Secuestros, en cuyo registro la vestida aparece como “mujer vestida de maja”. En 1814 la Inquisición los depositó en sus dependencias y requirió a Goya para que declarara sobre ellos, aunque no se conocen más detalles. Trasladados en 8 8 1836 a la Academia de San Fernando, en sus salas solo se expuso la Maja vestida. En 1900 participaron en la primera exposición sobre Goya, organizada en Madrid, y en 1901 ingresaron en el Museo del Prado.

Un gran abrazo desde nuestra querida y culta España,

Félix José Hernández.

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