Por: Daniel Rodríguez Páez


La provincia de Camagüey, con amplia tradición democrática desde las guerras de independencia contra el Imperio Español, fue escenario del levantamiento de más de mil cubanos frente a una de las principales instituciones del régimen castrista: el Tribunal Popular.

Todo comenzó el 25 de mayo de 1995. Ese día el reverendo cubano Orson Vila fue arrestado en su vivienda de la ciudad de Camagüey. Aquel suceso detonaría una movilización que rompería varios récords en la historia por la lucha democrática en el período socialista cubano.

La misma semana de su arresto agentes del Departamento de la Seguridad del Estado, la policía política del régimen, visitaron decenas de lugares de reunión para evangélicos y los clausuraron.

Durante una de esas visitas, el reverendo Orson Vila se negó a cerrar su domicilio, que se utilizaba como templo ante la prohibición, desde los años 60, de edificar nuevas iglesias. Según testigos, el reverendo dijo a los agentes: “las puertas de mi casa están abiertas. Si las quieren cerrar, háganlo ustedes mismos”.

Los agentes confiscaron megáfonos y micrófonos de la iglesia, y arrestaron al reverendo. Pero Vila no fue el único. También fueron detenidos otros dos miembros de la misma iglesia: los pastores Balbino Basulto, del Distrito Central de la Asamblea de Dios, y Benjamín de Quesada, del Templo Aleluya en el centro de Camagüey. Ambos quedaron en libertad y sin cargos ese mismo día.

Pero Vila fue condenado a dos años de prisión bajo cargos de desobediencia y reunión ilícita en un juicio sumario celebrado el mismo día de su arresto, sin dársele la posibilidad de contratar a un abogado y dar tiempo para planear la defensa.

Y fue entonces cuando rompió la movilización de cientos de cubanos, creyentes en su mayoría, aunque secundados por testigos del centro de la ciudad, hacia el Tribunal Provincial Popular en la estrecha calle Cisneros.

El escritor camagüeyano Rafael Almanza, recuerda la tensión en la ciudad en aquellos momentos. La popularidad de Vila hacía su caso aún más visible. Las personas se fueron sumando poco a poco hasta superar el millar.

Durante el juicio abreviado de Vila los congregados permanecieron en el exterior de la corte durante varias horas gritando ¡Cristo Vive!, de acuerdo con un informe de Amnistía Internacional (AI).

PRESO DE CONCIENCIA

En junio de 1995 esa misma ONG documentó detalladamente el proceso contra el líder religioso y lo declaró preso de conciencia “ya que la única razón de su encarcelamiento son sus esfuerzos para ejercitar pacíficamente el derecho a la libertad religiosa, de expresión y asociación”.

Tras la resolución de un recurso el 31 de mayo de 1995, la condena se redujo a 18 meses de cárcel que el reverendo cumplió parcialmente en la prisión Cerámica Roja, en la periferia de la ciudad de Camagüey.

Al salir de la cárcel, Vila dijo para un informe de AI: “estoy tan agradecido por el poder de la oración. Recibí fuerzas del Señor y nunca me enfermé, ni catarros, ni enfermedades de la piel, ni enfermedad alguna. Además, tuve muchas oportunidades de compartir el evangelio con mis compañeros de prisión”.

Pero, ¿quién era este hombre que levantó a más de mil cubanos a protestar en un caso abiertamente político? En la década de 1960, tras obtener el título de doctor en medicina, Orson Vila renunció a su carrera como médico y se dedicó al pastorado.

Su primera detención y encarcelamiento no ocurrió en 1995, sino en mayo de 1988 cuando acabó condenado a cinco meses de prisión por celebrar “reuniones ilícitas”. El reverendo interpuso un recurso legal que prosperó, y la corte resolvió conmutar la pena de cárcel por una multa.

Llegó a ser Superintendente del Distrito Central de Asambleas de Dios, la denominación protestante más extendida en Cuba, con más de medio millón de miembros actualmente. Aunque según News Network International, en 1994 contaba con 420 congregaciones y con casi quinientos domicilios que servían de pequeños templos o casas culto.

En 1990 la Oficina de los Asuntos Religiosos del Partido Comunista concedió autorización verbal a Asambleas de Dios para establecer casas culto en el país ante un crecimiento acelerado de la membresía evangélica. En el quinquenio 1990-1995, según los datos oficiales de la confesión, el número de congregados se cuadruplicó: de 3 mil a 12 mil.

El reverendo Orson Vila abrió una casa culto por primera vez en 1991, pero en enero de 1995 las autoridades cubanas ordenaron su clausura. El reverendo pidió que le dieran la orden por escrito y en marzo recibió una comunicación en la que se decía que sólo se autorizaban 16 casas culto en toda Camagüey, la provincia más extensa del país.

De acuerdo con AI, el 24 de mayo de 1995 el gobierno cubano había ordenado la clausura de 85 de los 101 centros evangélicos en la provincia de Camagüey. Los centros a los que se les permitió continuar abiertos fueron los más pobres, aquellos con menos miembros y más distantes o intrincados.
La arbitraria detención de Vila no era solo la acción contra un hombre popular, sino también un atropello más contra toda una parte de la sociedad civil a la que el gobierno obstaculizaba su derecho a reunirse, asociarse y creer.

PROTESTA HISTÓRICA

Actualmente Vila reside junto a su esposa en el sur de La Florida, Estados Unidos, donde salió exiliado y allí lidera el ministerio Centro de Avivamiento Cristiano.

Pero en medio de la década de 1990, tras el derrumbe del bloque comunista en Europa del Este, Cuba experimentó una inédita convulsión comercial y diplomática importante. Hacia el interior de la isla varias muestras de descontento con el régimen económico y político imperante estallaron en forma de protestas populares.
La más memorable, por la cantidad de imágenes que se conservan, fue el Maleconazo, que en agosto de 1994 unió a miles de personas en zonas próximas al Malecón habanero entre escenas de vandalismo, violencia policial y gritos de ¡Cuba sí, Castro no!

Al igual que el Maleconazo, la protesta de los evangélicos, en Camaguey, tomó un marcado matiz antisistema al exigir la liberación de un hombre apresado por causas políticas y llevar las demandas frente a una de las más importantes instituciones del régimen. Así, también se convirtió en la protesta pacífica más numerosa en la historia de la Cuba comunista hasta la actualidad, y la más multitudinaria registrada fuera de la capital.

Orson Vila volvería a ser noticia en 2003, pero esta vez dentro del mundo protestante. Mientras algunas iglesias históricas agrupadas en el Consejo de Iglesias veían luces de esperanza en el ascenso de gobiernos de izquierda en el continente, el pastor Vila lanzó una profecía donde Cuba era asolada por catástrofes naturales y un conflicto con Estados Unidos si el pueblo seguía negando a Dios y adorando al hombre.

El doctor Yoannis Reinaldo Yero recuerda que “la profecía, sin embargo, no iba acompañada de un calendario de cumplimiento, lo que entonces me recordó aquella otra (esta vez católica) del fin del castrismo y dada por Antonio María Claret en el siglo XIX y cuyo cumplimiento todavía algunos católicos esperan”.

En el contexto cubano hasta una profecía, recuerda Yero, “puede implicar un operativo policial mayúsculo quizás por promover un espíritu derrotista entre las masas”. O al menos si así lo entiende el totalitarismo cubano.

Otra protesta bastante conocida en los 90 fue la que se pronunció contra la violencia por parte de la Avenida 23, en La Habana. Pacífica, principalmente protagonizada por jóvenes artistas y sin pretensiones antisistemas en la tarde del viernes 6 de noviembre de 1998, “una centena de personas, en su mayoría jóvenes artistas, se unieron para caminar en favor de la no-violencia, la tolerancia y el amor”.

“El recorrido fue de apenas unas pocas cuadras –detalla un participante-. Salieron de 23 y G, llegaron hasta el hotel Habana Libre, cruzaron la calle hasta Coppelia y luego regresaron al punto de partida. Carteles con letras rojas (no más violencia; solo paz y amor en nuestros corazones; por el futuro de nuestros hijos), incitaban a la reflexión”.

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