InicioFirmasQué bonito es el amor

Qué bonito es el amor

Date:

Del autor

La Hispanidad empieza en Cuba

entre otros valores, Cuba encabeza el sentimiento de Hispanidad, porque se lo ha ganado

IV – Trasfondo histórico de la cuestión puertorriqueña

En 1897 el movimiento autonomista en Puerto Rico pudo lograr que España finalmente le concediera a la isla una Constitución propia, la Carta Autonómica

Descolonizar Cuba

los pueblos como el cubano son en esencia sociedades europeas trasplantadas a otro clima, otra latitud y longitud

El Museo Nacional del Prado celebra su 203 aniversario

Foto: Trampantojo creado por el grafitero DiegoAS. Foto ©...

Fernando Zóbel y su mirada sobre el arte de los grandes maestros en el Museo del Prado

Ilustración: Alegoría de la Castidad, 1505 Lorenzo Lotto Óleo...

 
Un pijo con la piel tostada por rayos UVA, es decir, sin sal; llega acompañado de su última conquista, una cuarentona también broceada en cabina guapa de cara, pero con carnes maltratadas por la celulitis y la ansiedad que exige estar siempre estupenda.
El tipo le hace un pequeño lío al camarero porque quiere tomarse un descafeínado con hielo frappé, en vaso largo y sin azúcar, ordena, tras interrumpir el relato que hace a la chica sobre el diseño de su habitación con forma de camarote, en algún punto de la costa española.

Rechaza por dos veces el café que le sirven porque está frío y porque el vaso tiene poco hielo frappé. Se le nota firme en el ademán de mandar, el hábito hace a algunos monjes. El camarero retira el servicio y, a la tercera, consigue que el cliente se sienta a gusto.
Pero entonces llega ella, una negra escultural, vestida de lino blanco, con las carnes duras como el granito del Lozoya y preguntando por el Maitre por una oferta de trabajo. Lleva unas sandalias cómodas y gastadas por el uso.
El pijo se revuelve y se desata en él un tic nervioso que consiste en mostrar fastidio por una pulsera de bisutería y el reloj sport de marca que lleva en la muñeca. El tic facilita su maniobra de volverse con disimulo hacia donde está parada la negra, que intenta mesarse el cabello, mientras espera a que salga el Maitre.
La cuarentona se cabrea, hace una mueca y comienza a hablarle al pijo con retintín, enarcando las cejas y formando figuras geométricas con sus dedos, mostrando las uñas cuidadas y esmaltadas que forman parte de su atuendo de cazadora de amor.
El pijo se atasca en sus relatos de Las mil y una noche, aunque intenta un atajo contando que, cuando navega por el Caribe, su yate tiene un reflector tan potente que le permite ver incluso las matrículas de los coches que circulan por las carreteras que serpentean la mar.
Ella no le hace caso, aunque asiente con la cabeza, pero sus ojos son una mezcla de ira con sorpresa. La negra da pequeños paseos para entretener la espera y el cazador acelera los movimientos de muñeca y se revuelve como si tuviera sarpullidos o dolor de espalda.
La cuarentona me mira una vez, finjo que no sé nada, me mira una segunda vez como diciendo qué hago, sigo a mi bola. Me mira por vez tercera y, mientras, el pijo anda rastreando a la negra vestida de lino y sandalias, le digo que no, moviendo el índice izquierdo, el más camuflado de una intempestiva mirada del pijo, que a esas alturas navega por Jamaica.
La cuarentona insiste en la miradera y me sonrío, entonces ella hace una mueca con la boca y muestra las arrugas de su quijada y la desventaja de su labio inferior con respecto del superior.
-Perdona, ¿te he aburrido? Interroga el pijo y ella entonces anda navegando por Puerto Rico o sabrá Tritón.

Subscribe

- Never miss a story with notifications

- Gain full access to our premium content

- Browse free from up to 5 devices at once

Firmas

Deja un comentario