El problema de España, que pudo hacer realmente la hispanidad; el Iberismo, y se desangró material y en gentes por intentar hacer la catolicidad, es algo que ya pagamos y seguimos pagando, porque parece que los gobernantes que cumbreamos por las buenas o por las malas en España, nunca han mirado más de dos veces seguidas al pueblo español y el resto de sus mandos se los pasan pendientes o de lo que diga el papa vaticano y sus intereses, o, sin dignidad alguna, atentas a un capitalismo enfermo, moribundo, apestante, que, paradójicamente, lo mantienen con los fondos públicos, que es dinero de todos nosotros.

Lo de Las Indias; el asunto centenario de Las Indias, aunque fue el lugar geográfico donde surgió la fuente primera de dónde emanaron los recursos para atender lo que llamaban el otro asunto: “El Asunto de Dios”, dio como consecuencia que nunca España, el pueblo, ha sufrido más estrecheces, más calamidades, a pesar que en eso, en hambrunas y calamidades, somos un pueblo de harta experiencia, porque nuestros gobernantes siempre esgrimieron que dios demandaba que fueran en su auxilio.

No es necesario ser experto en materia económica de distribución de recursos de un pueblo, de unas gentes, para tener que ir leyendo la Historia de España con la boca apretada, porque de continuo se vislumbra una injerencia total y furibunda de una secta religiosa, la vaticana, que a modo de parásito se posicionó en los pasillos palaciegos especialmente con intensidad durante los tiempos de Isabel Y Fernando, y que por aquel asunto constante del asunto de dios, abrieron su zurrón y todavía no lo han cerrado.

Ahora, en nuestra actualidad, si los españoles compramos el petróleo crudo más caro que nadie, si tan sólo somos amigos o aliados de los que ellos quieren, es por la chulería de seguir las instrucciones políticas sajonas que nos dan desde EE.UU, y, sin dignidad alguna, las defendemos como perros hambrientos en cortijo que solo reciben garrotazos.

Decir y enumerar que los gobernantes españoles no defienden ni gobiernan para España, no es ninguna novedad. Pero, donde radica parte grande del problema es en que nosotros el pueblo, al parecer solo les exigimos que en los carteles de las elecciones lleven el nudo de la corbata bien en su sitio, y a ellas que tengan un aire de mujer moderna, en un modernismo donde, al parecer ya no existe la mujer morena española. Y con eso es suficiente para ser gobernante en España.

Puerto Rico, con apenas poco más de tres millones de habitantes. Cuba, también con una docena de millones de habitantes, son dos países, que podían ser, por fuera del Iberismo (unión de verdad de estados de habla, cultura y sentimiento ibérico), dos provincias española en la república que está a punto de llegar a España porque es una demanda lógica de los tiempos; y aunque a los españoles nos hayan dejado dócilmente embrutecidos en inquietudes medievales, al final el agua lo mojará todo.

Simplemente pensando en el porvenir que significaría de recursos humanos y de los otros materiales los tres países hechos repúblicas independientes pero unidas, les da escalofríos a los que ahora y por siglos se han encargado y se han aprovechado de que España, su pueblo: nosotros su gente, nos demos cuenta de que somos pobres porque nuestro famoso destino en lo universal, solo significa que no le falte de nada al clero vaticano, y que nuestros “amigos y aliados gringos”, se sientan felices desde su centros financieros, partiendo de la base que la voz de España siempre la tienen de su lado. Y más importante que la voz, los recursos de una España que aparentemente pertenece a Europa pero que está a las ordenes decididas de lo que se decida en el retrete del patio trasero de los gringos.

Salud y Felicidad. Juan Eladio Palmis.

1 COMENTARIO

  1. IRME A LA GUERRILLA

    Irme a la guerrilla:
    Madre de la rabia,
    padre de la justicia
    del pobre
    que solo le dejan
    la aridez y el sudor
    de la sierra,
    de la selva,
    del bosque;
    para volver
    como tuvo que ser
    al principio
    del hombre
    el hombre.

    Irme a la guerrilla.
    Metralleta al hombro
    no puedo,
    rabia en el vientre
    y en la retina
    retenida
    tanta imagen
    servida
    para tapar
    la foto verdadera
    del hombre
    que sigue en el castillo
    mientras los demás
    habitan
    en cuevas
    la ladera,
    que irme a la guerrilla
    no mañana,
    hoy urgente,
    cuanto antes,
    que no hay tiempo que perder
    viviendo entre tanto
    credo de mangantes.

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