Observación sobre el transporte público en España

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El transporte público en España es de muy buena calidad, pero salvo en Madrid (y probablemente también en Barcelona), es totalmente insuficiente para el volumen humano y económico generado. En Sevilla, por ejemplo, el horario de autobuses con buena parte de la muy cercana comarca del Aljarafe, salvo algunos pueblos que no sé por qué siempre fueron privilegiados al respecto, es irrisorio. Hay franjas hasta de dos horas sin disponibilidad de autobuses de pueblos que están a menos de veinte kiómetros de la ciudad. Por no hablar de los infames horarios entre provincias, hasta entre las más cercanas. Ah! Y no digamos la falta de conexión entre los pueblos, incluyendo la falta de conexión de autobuses y metro. Y digo yo, ¿por qué no se amplía la flota de autobuses aunque sea con vehículos más pequeños pero que tengan horarios más racionales y accesibles? ¿Cuándo nos vamos a poner a empatizar en la practicidad? 

Asimismo, los trenes de cercanías no llegan más que a la Campiña. Con la fiebre desarrollista del franquismo desaparecieron los tranvías (como fueron desapareciendo las casas de vecinos en pro de los bloques de pisos horrorosos), y a lo tonto, a lo tonto, obligan a la gente a comprarse un coche, con lo que se contamina más, se gasta más y se genera cada vez más y más tráfico; y con todo el volumen de gente que mueve Sevilla desde su interior, no tenemos una infraestructura realmente preparada para un fenómeno que no va a hacer sino agrandarse y empeorar.

Empero, hace casi un siglo, el general Primo de Rivera lo vio mucho más claro, y adelantándose a su tiempo, creó grandes, útiles y comunicativas avenidas en Sevilla, como La Palmera, que todavía hoy ayudan a descongestionar el tráfico. En la misma época se creó la famosa Diagonal de Barcelona. ¿Tendrá algo que ver con que se hizo con un espíritu más práctico y por menos interés en las coimas (válganos el hispanoamericanismo)?

Que una dictadura (o «dictablanda», como era llamada) de hace casi un siglo tuviera una visión más práctica y efectiva del transporte en particular y de la infraestructura en general no dice mucho a favor de la dizque democracia actual…

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