Por Andrés Alburquerque

No vine en el Mayflower a esta tierra bendecida por Olofi; no me marché de Cuba apenas llegado el Calígula Tropical; ni siquiera me marche durante el éxodo del Mariel. Viví casi toda mi juventud en la casa que un compatriota dejó en busca de aires más sanos; me marché cuando me golpearon duro y feo.

Conozco la isla donde nací como la palma de mi mano; aún hoy luego de décadas puedo hacer volar mi imaginación y describir calles y callejuelas; senderos y carreteras más allá de la decidía de la Junta y el abandono añejo. Disfruto con fruición la cubanía mientras desdeño repugnado el cubaneo. Hurgo en la historia de ese pequeño territorio en el que abrí los ojos y con orgullo digo que soy cubanoamericano; no reniego de mis orígenes ni de mi grupo étnico; los llevo dentro de mi con sano y razonable orgullo y me preocupa sobremanera el futuro de ese mapa con forma de cocodrilo que tenemos al sur. Si hay cubanos en dificultad me apena y si en la comunidad hay elementos que recaban ayuda para ellos les saludo sin reservas; ayudo en lo que pueda y brindo mi solidaridad sin dobleces; pero hay algo que me irrita profundamente y deseo dejarlo claro aquí y ahora. Yo no tengo la obligación de ayudar a nadie; no porque sea cubano ni de ningún otro sitio. Lo que cada uno de nosotros decida soberanamente hacer es bienvenido pero sin presión y sin manipulaciones

El hecho de que un ser humano haya nacido en el mismo sitio que yo no lo hace automáticamente merecedor de mi afecto ni me convierte en deudor; la solidaridad, como el amor y la amistad, se brindan de modo voluntario y no se mendigan ni se imponen; si en algún momento olvido publicar algo a favor de los que están en la frontera o donde sea no se les ocurra recriminarme por ello. Recordemos que esto es decisión de cada cual y me fui de Cuba entre otras cosas para que nadie me obligara a aplaudir o asistir a determinados sitios para colmar el ego de alguien. Si doy solidaridad es porque lo deseo; aplaudo a quienes la brindan y les respeto; pero no empujen, ¡coño!

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