Niños sin juguetes en Cuba, una verdad inenarrable

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«Cuando conseguimos tener algunos de esos juguetes, casi no podemos jugar con ellos, pues hay que cuidarlos para que no se rompan».

Así se expresaba, durante la última Asamblea Nacional Pioneril, Laura Castelló Caballeros, estudiante de la escuela primaria Pepito Mendoza, de Camagüey.
Pero la intervención de la ‘inocente’ niña no se quedó ahí: «Como hoy también es el Día de los Niños quisiera plantear una preocupación, no solo mía sino de varios niños, y es sobre el precio de los juguetes. Pienso que a todos los niños nos gusta tener una bicicleta, una muñeca que llore, un peluche grande, un carro donde montarnos… Estos artículos que menciono no se pueden comprar sin que nuestros padres tengan que hacer un análisis muy grande de su dinero o ahorrar por varios meses».
Así se expresaba, durante la última Asamblea Nacional Pioneril, Laura Castelló Caballeros, estudiante de la escuela primaria Pepito Mendoza, de Camagüey. A seguidas añadió: «Cuando conseguimos tener algunos de esos juguetes, casi no podemos jugar con ellos, pues hay que cuidarlos para que no se rompan».
Esta última ocurrencia de la pequeña provocó que las risas estallaran en el Palacio de Convenciones de La Habana, donde se desarrollaba la cita. Al ver la reacción, Laura pidió permiso para dar más argumentos: «Pienso que, por ejemplo, mi mamá es profesora de una universidad, y mi papá cirujano pediátrico, ganan salarios altos y, sin embargo, no pueden ir a una tienda a adquirir un carro de juguete de esos lindos, grandes, bellos, con muchos colores… que hay en todas las tiendas cuando entras,  para mi hermano.
«Yo tengo 12 años de edad y entiendo que mis padres no pueden comprar eso, pero mi hermanito, que nada más tiene tres, no lo comprende, pues hay juguetes que cuestan tanto que un niño de primer grado no puede alcanzar a leer esas cifras. Si algún día mi hermano tiene ese carro, me parece que él, muy destructor, en unos meses lo romperá. Deben bajar los precios de estos productos, porque no son de tan buena calidad y tampoco debe costar tanto fabricarlos».
La pionera dejaba sus planteamientos «como una preocupación de todos los niños, y con la esperanza de que esto cambie antes de que mi hermano deje de serlo».

Más de dos generaciones de cubanos recuerdan los cupones del «básico», «no básico» y el «dirigido»,

Más de dos generaciones de cubanos recuerdan los cupones del «básico», «no básico» y el «dirigido», aquellos juguetes que llegaban al menos una vez al año y opción que, tras su desaparición, cedió paso a una decisión controvertida: la venta de juguetes en las tiendas en divisas.
Tampoco puede ignorarse que antes de la caída del socialismo en la URSS y Europa del Este, la industria cubana contaba con fábricas como Juguemil, donde se confeccionaron las entonces afamadas muñecas Lilí que, según los más viejos, gozaron de reconocida calidad y gustaban mucho a las niñas e, incluso, llegaron a exportarse.
Durante décadas, a la producción nacional de estos artículos —que ya hoy no existe— se añadieron grandes cantidades y variedades de artículos provenientes de la URSS, la RDA y China, así como parte de las materias primas y la tecnología para esta actividad. Aquella incipiente industria del juguete desapareció con el llamado período especial, y Cuba depende hoy de las importaciones, más allá de algunas variantes artesanales de muy dudosa calidad.
La verdad es que la industria para la elaboración de esos productos no parece tener proyectos de reanimación ni a corto ni a mediano plazos, y los juguetes que se importan y comercializan en pesos convertibles muchas veces no llegan a complacer, ya no solo las posibilidades del bolsillo de los padres, tampoco el gusto infantil o su necesaria función educativa.
«Salir a buscar un juguete para regalar a mis hijos el día de su cumpleaños, o cuando terminan un curso escolar, se ha convertido en una odisea», refirió Maira Pérez a la entrada del departamento de juguetes de la capitalina tienda Carlos III.
El articulista, el inenarrable Yuniel, cierra su mofongo con una exhortación singular: «En Cuba hay muchos juguetes que se crean de manera rústica, y a pesar de que no son perfectos, son los nuestros, son parte de nuestra identidad y con ellos hemos crecido. Aquí reflejamos algunos…»
Fuente: JR

  1. ¿Y esa niña sería más feliz con un juguete? , para nada… De hecho cómo dice el texto, si tuviern juguetes nuevos los guardarian y ni siquiera los sacarían para no estropearlos.. Como se hace en los estúpidos países capitalistas

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