Magallanes y El Cano

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Por el equivalente actual de unos veinte mil euros, todo el casco, todo el vaso de la carabela Vitoria, oficialmente la primera nave que dio la vuelta al mundo, la vendieron nuestros ya por entonces amados políticos en aquel tiempo imperial, donde, tal que ahora, eran expertos en prometer, y unos maestros en robar y esquilmar.

Me encantaría que desde la eficiente universidad de Alicante, se investigara cual fue la relación entre Catalina del Puerto, madre no solamente de un par de hijas, hermanas de los hermanos Juan Sebastián del Cano, piloto, Martí Pérez del Cano, piloto, y Antón Martín del Cano, ya que en su testamento, Juan Sebastián, lega a una iglesia de Alicante, parte de su dinero, que, al mejor estilo español, por más que hizo, junto con otros esforzados navegantes por dar conocimiento del mundo en el que habitamos, a la madre del propio del Cano, que murió en la mar, le quedaron, en un valor actual en euros, unos cuarenta mil euros de renta única y por una sola vez, pagaderos en tres años, para que todo aquel que fuera navegante famoso y que hubiera aportado conocimientos, sin lucir hábito eclesial alguno, muriera pobre como un perro callejero.

Estoy, desde aquí, pidiendo ayuda a la Universidad de Alicante, porque un servidor está atendiendo otros muchos frentes históricos, máxime cuando ahora el buscador Google, no dejará, por ejemplo, que Maduro de Venezuela pueda subir cosas en Facebook o en Twuiter, pero ellos si están trabucando la Crónica de España, colgando lo que les da la gana sin que ningún organismo español de los que cobran, con lujo y esplendor, por “velar” por la verdad histórica, hagan algo y solo guarden un silencio, probablemente más de ignorancia que de complicidad.

Magallanes, la expedición del portugués Magallanes, aquella que según “tenía que dejar Brasil a la derecha, pasar la línea de Partición de la Mar Oceana, viajar al Leste Loesnoreste derecho y llegar al Moluco”, con toda seguridad llevaba cartas de navegar proporcionadas en privado y de un modo particular al lusitano Magallanes por su paisano el cosmógrafo Diogo de Ribero, que participaba, seguramente, de pleno en Sevilla, del negocio de la compra y venta de ruteros, de aquellos que en virtud del real mandamiento dado por los entonces no, ahora sí, Reyes Católicos, en 1.476, en la ciudad de Toro promulgaron obligando a que todos los buques llevaran a bordo escribano que dejara constancia de lo navegado.

Presuntamente (la ley mordaza está ahí) el teatrero del italiano Américo Vespucio, estuvo pringado en un asunto de venta de cartas de navegar. Y supuesto que a la expedición de Magallanes, por su origen luso y por los pilotos de aquel país portugués que llevaba las cinco naves: Carvalho, Martín de Mezquita, Cristóbal Ferreira, Pedro de Absen, Martín Gil, Vasco Gallego, Serrao, Antonio Fernandez, Luis Alonso de Beja, Joao da Silva, Duarte Barbosa, el que los políticos actuales del gobierno actual quieran decir que fue una expedición española, es ganar de preñar la marrana con inseminación artificial.

Un servidor no ha logrado, después de años en el asunto, tener una pista más allá del posible suministro por parte del cosmógrafo Dogo Ribero, de una carta de navegar donde estuviera balizado y dibujado la “tierra de los gigantes”, después Estrecho de Magallanes, que le permitió a Magallanes, en contra de las órdenes recibidas desde la corona de Carlos Primero de ir a lo seguro, conocido y derecho al Moluco a cargar especies doblando el Cabo de las Tormentas, a, desde el Golgo de Guinea, aprovechando lo sano que es navegar al sur dejando a babor las islas Cabo Verde, a pesar de la oposición del “Comisario policial de la flota” Juan de Cartagena, navegar Magallanes en contra de lo ordenado por el rey Carlos, buscando el “Paso del Sur”, que probablemente conociera de su existencia el citado cosmógrafo de la casa de Contratación de Sevilla Dogo Ribero, que navegó antes a las órdenes del portugués Pedro Alfonso de Aguiar, que a su vez lo hizo con Vasco de Gama, Lopo Suares de Albergaria y Alfonso de Albunquerque, entre 1502 y 1509, y seguramente se toparon con el estrecho y lo grafiaron y balizaron.

En el apenas nombrado navegante español de Huelva, Juan Ladrillero, que fue el primer navegante que cruzo el Estrecho de Magallanes de Oeste a Este, de Mar Pacífica a Atlántica, algo prácticamente imposible de realizar sin carta, se puede percibir la existencia del conocimiento y baliza del citado “Paso del Sur”.

No es de extrañar que cuando le interese a un político español decir que Messi es catalán de pura cepa, lo dirá; y claro, la gente sonreirá y le dirá que no tiene puta idea por más que se repita. A lo de Magallanes, insistentemente se le quiere dar el rango de expedición científica, y ni lo fue ni por asomo, y tampoco fue una expedición española, sino que fue netamente portuguesa.

A la mayor gloria marinera de las ciencias de navegar lusas, mientras en Castilla, si el navegar no fuera algo incómodo, peligroso y jodido, lo mismo que mangonearon el poder político de la mar, todas las capitanías de los barcos las hubieran acaparado los curas y frailes.

Salud y Felicidad. Juan Eladio Palmis.

  1. HABLANDO POR TI
    Nada de moreno:
    negro:
    ¡Y a mucha honra!
    Y si hablo, negro, por ti,
    no es buscando
    que la sonrisa blanca
    llene tu boca;
    ni el aplauso unicolor;
    ni aún el calor
    de ser
    mi amigo del sur,
    donde dan
    más fuerte el color
    porque a alguien
    se le va la mano.
    Si no me pinto
    de negro en África:
    de africano,
    ni en Cuba:
    de cubano,
    ni tampoco lo hago
    de blanco
    del Estrecho
    de Gibraltar para arriba,
    de una punta
    a la otra
    del oceano,
    será
    porque cada vez
    que bajo
    a subir
    en la anchura
    de la Tierra,
    o cruzo la mar,
    me traigo
    más negro prendido,
    entretenido,
    por entre mis manos,
    de carbonero
    sin carbón
    y sin saco.
    Y también
    puede ser
    porque voy entiendo
    que no te gustaría
    por nada del mundo,
    negro,
    ser blanco:
    un color
    de mentira,
    que a los dos
    nos da
    cada vez más miedo
    y reparo.

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