Ilustración: Estuche para jarro de pico en cristal Paris, 1690-1711 Madrid, Museo Nacional del Prado.

Madrid, 9 de marzo de 2020

 Querida Ofelia:

El Museo del Prado presenta ante el público, por vez primera, el conjunto integral de estuches del Tesoro del Delfín, exhibiéndolo en una sugestiva museografía que pretende mostrar su riqueza y variedad, y que resalta lo extraordinario del número y calidad de cada obra. 

 En dos vitrinas complementarias se exhiben, por un lado, varios estuches abiertos, junto a la pieza que protegen, lo que permitirá al visitante apreciar los detalles de su diseño. Y por otro, una serie de estuches en una posición inusual, boca abajo, para descubrir lo que nunca es visible, la decoración que aparece en la base con motivos que podrían identificar posibles autores, talleres o coleccionistas.

 Esta presentación singular de la colección, es una propuesta del Área de Conservación de Escultura y Artes Decorativas del Museo del Prado, que dirige Leticia Azcue Brea.

 El llamado “Tesoro del Delfín” es una colección de obras suntuarias creadas fundamentalmente en los siglos XVI y XVII, de gran valor artístico, tanto por sus valiosos y escasos materiales (entre otros lapislázuli, ágata, jaspe, jade o el excepcional conjunto de cristal de roca), como por la importancia de sus guarniciones, la mayoría de oro y plata, a veces esmaltadas y enriquecidas con diamantes, rubíes, esmeraldas y otras gemas.

 Luis, el Gran Delfín de Francia (1661-1711), hijo de Luis XIV y Mª Teresa de Austria, reunió esta colección siguiendo el ejemplo de su padre. Aunque era el heredero, nunca llegó a reinar, pues falleció en 1711. Su hijo Felipe, primer rey Borbón de España recibió, como parte de su herencia, un lote enviado desde París que se componía de 169 obras y sus correspondientes estuches.

 Los estuches, guardianes del Tesoro Se han conservado la gran mayoría de los estuches que protegían las obras del Tesoro, algunos muy lujosos, y todos ejemplares únicos, diseñados ex profeso y de forma individual, por lo que bien pueden denominarse el otro Tesoro, dado su valor histórico artístico y singularidad. Los estuches no solo preservaban las obras, sino que permitían trasladarlas con seguridad y facilitaban su recuento en los guardajoyas de los palacios, al ser fácilmente reconocibles porque se adaptaban a sus formas y diseño.

 Son muy escasas las instituciones que conservan estuches para piezas del coleccionismo regio, por lo que el conjunto del Museo del Prado es uno de los más destacados del mundo en su género.

 La colección llegó a Madrid en 1715 y fue posteriormente trasladado al nuevo palacio en La Granja de San Ildefonso, donde permaneció almacenado durante décadas en la llamada “Casa de las Alhajas”. Este traslado lo salvó del incendio del Real Alcázar de Madrid en 1734.

 En 1776, Carlos III decidió trasladar el Tesoro al recién inaugurado Real Gabinete de Historia Natural, por sus excepcionales valores mineralógicos. Fue saqueado y enviado a París por las tropas francesas en 1813, pero sin la protección de los estuches. En 1815 fue devuelto al Real Gabinete, aunque con importantes deterioros y el extravío de varias piezas, que nunca se han localizado.

 En 1839 el Director del Museo del Prado – entonces denominado Real Museo de Pintura y Escultura – solicitó el Tesoro del Delfín junto con sus estuches, alegando su valor histórico artístico. De esta forma, veinte años después de su inauguración, se incorporaron a esta Institución las Artes Suntuarias. 

 En 1867, el Tesoro se expuso en el lugar más emblemático del Museo, la Galería Central,  en dos grandes vitrinas, una para las piezas de cristal de roca y otra para las realizadas en piedra de color. Los estuches, sin embargo, nunca se expusieron.

 El Museo Nacional de Artes Decorativas de Madrid, que ya disponía de su nueva sede y espacio en la calle Montalbán, solicitó en 1935 el depósito de los estuches, a donde fueron enviados a finales del año.

 En 1937 el Tesoro, considerado una colección excepcional, se evacuó a Ginebra junto con las grandes obras maestras de pintura del Museo del Prado. Para ello, los estuches fueron devueltos de forma urgente al Museo, de forma que el Tesoro pudiera viajar protegido dentro de sus estuches, aunque, en algún caso, la obra no encajaba en su estuche, porque durante el siglo XIX se habían ensamblado piezas que no se correspondían con el diseño original. Regresó al terminar la Guerra Civil, sin que hubiera que lamentar deterioros.

 De nuevo, la mayor parte de los estuches fueron depositados en el Museo Nacional de Artes Decorativas, donde ha estado expuesta una selección, y de donde regresaron en 2017.

 De este relato se deduce la importancia de los estuches, 124 obras, datadas entre los siglos XVI al XVIII, de los cuales 23 están expuestos de forma permanente en la sala del Tesoro del Delfín (sala 79 B) y 101 en esta muestra temporal, una presentación singular de las colecciones del Museo. 

 Estructura, forma  y marcas Los estuches se desmontan generalmente en dos partes que se unen por un sistema de aldabillas metálicas, tal como se puede comprobar en una de las vitrinas donde se exhiben dos obras del Tesoro junto a sus estuches. 

 Tienen un alma de madera y el interior está forrado de paño de lana roja o, en ocasiones, de gamuza, seda o terciopelo, lo que el visitante podrá comprobar al contemplar algunos estuches abiertos.

 Junto a un pequeño grupo cuyo exterior presenta telas ricas como brocado o terciopelo, una gran parte se recubren por un tipo de fina piel teñida de rojo, satinada y lustrosa, denominada tafilete, tal como ya recogían los inventarios históricos, y que fueron encargados para Luis, el Gran Delfín de Francia.

 Están decorados en su mayoría con motivos dorados, principalmente lises y delfines, en ocasiones con el escudo del Gran Delfín, e incorporan a veces los collares de las órdenes francesas de San Miguel y del Espíritu Santo, junto a otros motivos ornamentales similares a los usados en encuadernaciones.

 Varios de ellos tienen en la base diversos motivos decorativos que podrían identificar sus posibles autores, talleres o coleccionistas. El más frecuente es una mosca, aunque en ocasiones aparecen lises, gallos, florones y otros elementos, e incluso una figura alada.

 En el que se considera el primer inventario correlativamente estructurado, el de 1746, se describen, junto a su pieza, como “Caja de tafilete”, “felpa” o “terciopelo”, etc., de diferentes colores, mientras que en 1776 se suelen denominar simplemente “caja”. Fue Letizia Arbeteta quien inició su estudio y difusión en 1991, e identificó y relacionó la totalidad de los estuches con sus piezas en su tesis doctoral de 1999, publicada por el Museo del Prado en 2001. Sus propuestas de catalogación son las hipótesis más probables, a la luz de los datos que actualmente se conocen.

El diseño refleja la forma de las obras originales, alterada por las modificaciones, daños o pérdidas que han podido sufrir. Precisamente, gracias a que se conservan estuches de alguna obra desaparecida a lo largo de la azarosa historia del Tesoro, particularmente durante la Guerra de la Independencia y en un robo detectado en 1918, se ha podido averiguar cómo era su forma básica, lo que ayuda a completar la información sobre estas obras perdidas, descritas en los antiguos inventarios. 

 Los estuches. Su valor en sí mismos La colección tiene elegantes ejemplares, bellamente decorados, elaborados en diferentes cortes europeas, cuya calidad y variedad no solo los hace únicos en sí mismos, sino que son especialmente atractivos como contenedores de lujo. Como colección del heredero de la corona francesa, se encuentran destacados ejemplares, en su mayoría italianos, centroeuropeos y franceses. 

 Esta exposición se plantea como un reto, un descubrimiento estético a través del cual el visitante podrá comprobar la intrínseca relación entre las excepcionales piezas del Tesoro del Delfín y los estuches diseñados para protegerlas.

 Se trata de un acercamiento diferente a las Artes Suntuarias, a unos contendores que se abrían solamente en las grandes solemnidades, y se almacenaban en espacios recónditos de los palacios, y cuyos deterioros – que se han respetado – muestran los avatares sufridos por esta colección a lo largo de su historia.

 Es una mirada trasversal que permite analizar cómo la historia del arte y la historia social tienen muchas lecturas, y cómo los contenedores de lujo se relacionan con el mundo de la estuchería, la encuadernación, y los objetos de gran valor coleccionados por la realeza.

 Montaje y medios complementarios El montaje, para el que se ha contado con la colaboración y asesoramiento museográfico de Letizia Arbeteta, Conservadora de Museos especialista en esta colección, intenta trasmitir, con una visión impactante, la variedad de este conjunto de estuches, y su colorido interno y externo, que se ha conservado a pesar del paso del tiempo. Funciona de forma parecida a los antiguos guardajoyas, almacenes en donde la forma de cada estuche permitía localizar la obra que guardaba. Ha sido diseñado por el equipo de ESTUDIONOTE.

 Priman por ello los valores estéticos, con la intención de que atraiga la atención de los visitantes, en especial la de los jóvenes para que descubran y puedan animarse a investigar esta faceta de las Artes Suntuarias, y desde luego la de los encuadernadores y la de los diseñadores, que encontrarán en este conjunto una fuente de inspiración.

 La exposición se complementa con una experiencia digital, la misma que se puede consultar en la sala del Tesoro del Delfín, patrocinada por Samsung y desarrollada por Lalivingston, que permite disfrutar cada pieza en todo su esplendor, contemplarla y ampliarla a la máxima resolución, además de conocer sus características y catalogación, y relacionarla con su estuche, que se muestra cerrado y abierto.

Como actividad complementaria, del 16 al 18 de marzo tendrán lugar las jornadas internacionales En torno al Tesoro del Delfín. Coleccionismo regio europeo, dirigidas por Letizia Arbeteta Mira y Leticia Azcue Brea, en las que los máximos especialistas españoles y del resto de Europa, explicarán los pormenores de esta colección, y en las que se dedicará una sesión a los estuches, lo que aportará un mayor conocimiento sobre este excepcional conjunto.

Un gran abrazo desde nuestra querida y culta Madrid,

Félix José Hernández.

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