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¿Libre mercado en España?

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Dice el economista peruano Hernando de Soto Polar que con esto del «libre mercado» se puede estar más o menos de acuerdo, pero ya que se está, hay que aceptar las reglas y jugar bien.

Yo, particularmente (y sin ser comunista ni por asomo), no es que no crea en el «libre mercado», es que el mercado no es «libre»; ni siquiera es «abstracto»; y en esta «abstracción» de la «figura del mercado» coinciden tanto liberales como marxistas. Otrosí, «libre» no es la traducción correcta para el caso de «free», y menos para el «free trade» de los anglosajones, que está más relacionado con evadir impuestos que con otra cosa. Nos la han colado en muchos sentidos y en buena medida, estamos ante una puja de filosofías e ideologías de origen británico o alemán (y en modo alguno son plausibles-universales) que a nosotros, como hispanos, ni nos va ni nos viene.

Ahora bien: Llegados a este punto de la globalización, el siglo XXI y todo eso, concuerdo con Hernando de Soto Polar en que hay que conocer las reglas y jugar bien; a menos de que se tenga alguna alternativa en ciernes. Lo que no podemos hacer es estar en misa y repicando. Como es el caso de España; que está pasando de ser un país de camareros a ser un país de teleoperadores; donde los sueldos son bajísimos, las condiciones laborales cada vez más precarias y los impuestos son absolutamente depredadores; a tal punto de que abrir un negocio, sólo por la burocracia y las tasas, está matando la iniciativa privada de muchos españoles que, empero, en el extranjero, salen adelante la mar de bien con similares proyectos que no pueden emprender en su país. Y encima, todo ello aliñado de un gasto público superfluo e injusto, de hecho insostenible; muchas veces dirigido a mantener clientelismos a imagen y semejanza de la «restauración» de Cánovas y Sagasta; con una clase política corrupta, mas bien blindada y pertrechada sin que su situación varíe gobierne quien gobierne.

Así las cosas, el tema es que o bien aceptamos jugar las reglas mientras proponemos una alternativa real, o directamente nos declaramos «socialistas del siglo XXI» y nos vamos con el castrochavismo. Yo creo que, de hecho, en esta dictadura de facto progre que se vive en España, vamos hacia eso.

Y al final, la gente no se va a resignar. Quiero decir: Si la gente va a tener que trabajar por miserias, si se acabarán las plazas de funcionarios, si mucha gente sigue sin poder montar negocios… Pues sobrevivirán de un modo o de otro. O por las buenas o por las malas. Y parece que por las malas sobreviven muchos, y total, con la impunidad que hay para delinquir, lo asombroso es que demasiado poco pasa.

Por más que se esté más o menos de acuerdo con Fernando Díaz Villanueva (yo ya adelanto que en nada comulgo con ese autismo intelectual de los llamados «libertarios» y con aquellos que dicen que no se ha dado el «liberalismo puro» y etc. -será que tenemos que esperar otros 200 años…), los datos son los datos, y como decía el peruano general Odría, «hechos, no palabras». Los grandes problemas por los que pasa el sistema político y económico español se exponen en este vídeo:

Da para pensar, porque con la poca cultura económica que tenemos en España (en eso Hispanoamérica, a nivel de individuos, nos da mil vueltas) y a puertas de una «re-recesión» (nunca salimos realmente de la del 2008), preparémonos para lo que se viene y estemos prestos para ofrecer alternativas jurídicas, políticas y económicas de carne y hueso. Porque las palabritas se las lleva el viento, el pasado no vuelve y el tiempo pasa de una manera inexorable.

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