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Por Manuel Cuesta Morúa

Cuando las democracias consolidadas se desvitalizan, dando por sentadas las libertades fundamentales en sus propios países, los autoritarismos adquieren un vigor inusitado y logran  mundializar sus apuestas autocráticas en un intento, bastante exitoso hasta ahora, de devaluar la democracia, las libertades civiles y los derechos humanos a escala global.

El problema es patente en el seno de las Naciones Unidas, inmovilizada por regímenes duros como Rusia, China, Arabia Saudita, Turquía, Irán y Corea del Norte, cuyas políticas afectan el sistema institucional de relaciones internacionales, y por regímenes igualmente rudos pero de menor alcance como Venezuela y Cuba.

El Consejo de Derechos Humanos (CDH) es reflejo de está devaluación global en las pautas de comportamiento de ciertos Estados hacia sus ciudadanos, al interior de un proyecto impulsado por los regímenes autoritarios para reinterpretar, relativizar y controlar la agenda de los derechos humanos. Para ello su primer paso estratégico es el de una alianza explícita para la rotación permanente de los asientos en el CDH, a fin de dominar e influir en las decisiones que allí se toman. Favorecidos en esta estrategia por los procedimientos de elección y por el decreciente interés de las democracias en participar dentro de un órgano internacional que consideran inefectivo. 

Todo esto se está produciendo en detrimento de las voces de los sujetos naturales de derechos humanos en cualquier sociedad: las personas y la sociedad civil. Últimamente también los animales y el ecosistema. Y la paradoja es que la voz legitimada para hablar de los derechos es la de sus propios violadores.

El gobierno cubano ha tenido un papel clave en esta estrategia devaluativa. Desde la creación del CDH en 2006, Cuba formó parte de sus países integrantes por dos periodos consecutivos, y este año opta por un tercer periodo en el centro de deliberación y decisión del más importante organismo de las Naciones Unidas en materia de derechos humanos. Y no lo merece. Menos, después que, habiendo diseñado y certificado una Constitución más a la medida del partido único que de sus ciudadanos, ha tomado la decisión de irrespetarla en la sustancia mínima pero esencial de los derechos y garantías que les reconoce.

Por eso un grupo inicial de 574 cubanos y cubanas, de dentro y fuera de Cuba, hemos decidido suscribir la Carta Abierta: Naciones Unidas para los derechos, no para los autócratas, dirigida a órganos internacionales de alto perfil dentro de las Naciones Unidas, y también a activistas de la sociedad civil, defensores/as de derechos humanos y demócratas en el mundo. Porque nos interesa la realidad de los derechos humanos dondequiera sean violados. Esencialmente allí donde lo son de modo sistémico y sistemático.

Tenemos tres propósitos con esta iniciativa: primero, llamar la atención por el creciente vacío del tema de las libertades y la acelerada des democratización en la conversación institucional sobre derechos humanos a nivel global; segundo, articular voces dentro de la ciudadanía cubana para promover y proteger de conjunto los derechos constitucionales y los derechos humanos dentro de Cuba, también en la región; tercero, trabajar en el mediano y largo plazos con actores de la sociedad civil y defensores de derechos humanos en el mundo para reformular los criterios de elegibilidad al CDH  ―creemos que para tan importante proceso deben ser escuchadas las voces de los ciudadanos y las ciudadanas―  y cuarto, generar una conciencia global para que gobiernos como el de Cuba, que irrespetan de forma integral no solo la Carta Internacional de Derechos Humanos sino su propia Constitución, no sean electos al CDH.

Para ello necesitamos la participación y el apoyo de los cubanos y las cubanas, así como de amigos y amigas de los derechos y de la democracia para Cuba por todo el mundo. La sensibilización y el apoyo son cruciales en nuestros propósitos.

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De modo que estamos invitando a todas las personas, sin distinción de nacionalidad, origen étnico o lugar de residencia a que nos apoyen con su firma en: CDH, Cuba NO aquí: Porque mientras más, más cerca de las metas de los derechos en cualquier parte del mundo.  Y tenemos hasta octubre fecha de la votación para entrar al CDH.

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Los derechos humanos lo son de la gente, no de los gobiernos. Las libertades solo las disfrutan o las pierden las personas. Los gobiernos no existen para tener libre albedrío, sino para proteger y garantizar, según reglas civilizadas y en un marco institucional, las libertades de aquellos de quienes dependen. Como alguien dijo, no puede haber libertad, yo agregaría derechos, si no podemos impedir que los gobiernos hagan ciertas cosas. Entre ellas, interpretar por y para nosotros los derechos humanos.

De nosotros depende.  

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