La semilla de Puerto Rico con España

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-Por Juan Jorge

No es explicable cómo el pueblo, desde el momento en que es sometido, cae rápidamente en una especie tan profunda de olvido de la independencia que no es posible que se despierte para volverla a recuperar, sirviendo tan franca y tan voluntariamente, que se diría al verle, que no ha perdido su libertad, sino su esclavitud. Es verdad, que al principio se le sirve, coaccionado y vencido por la fuerza, pero los que vienen después, no habiendo conocido nunca la libertad, y no conociendo más que esta situación, sirven sin pena y hacen voluntariamente lo que sus predecesores habían hecho por coacción.

Esto es, los hombres nacen bajo el yugo y, después, nutridos y educados en la servidumbre, sin mirar más allá, se contentan con vivir como han nacido, y no piensan jamás en tener otro derecho, ni otro bien, que éste que han encontrado, y consideran como natural la situación de su nacimiento. Y, no obstante, no hay derecho tan pródigo y descuidado que alguna vez no examine sus libros para saber si goza de todos los derechos de su sucesión, o si se los han usurpado a él o a su antecesor. Pero, ciertamente, la costumbre, que tiene un gran poder sobre nosotros en todos los asuntos, no tiene en ningún otro tan grande influjo como el de enseñarnos a servir y hacernos aprender a tragar y no encontrar amargo el veneno de la servidumbre.

¿A qué fin todo esto? No es cierto que yo estime que la paz o el terror solucionen nada, ya que todos los países son contrarios a la esclavitud y desean ser libres, pero soy de la opinión que hay que tener lástima de aquellos que naciendo, se encuentran con el yugo al cuello y que, o bien se les excusa o bien se les perdona si, al no haber visto nunca más que la sombra de la libertad y no estando advertidos, no se dan cuenta del mal que significa ser esclavos. La naturaleza del hombre es ser libre y querer serlo, pero también su carácter es tal que, naturalmente, tiene la doblez que la educación le da.

Decimos por tanto: al hombre le son naturales todas las cosas de que se nutre y a las que más acostumbra, sin embargo, solamente es a lo sencillo a lo que su naturaleza simple y no alterada le llama. Por tanto, causa primera de la servidumbre voluntaria es la costumbre.

Siempre quedan algunos mejor nacidos que los otros que sienten el peso del yugo y no pueden abstenerse de sacudirlo; no se acostumbran jamás a la sujeción y jamás saben desprenderse de sus naturales privilegios ni dejan de acordarse de sus predecesores, ni de su primer ser. Estos son, desde luego, los que, teniendo el entendimiento claro y el espíritu clarividente, no se contentan como el pueblo bajo en mirar lo que está delante de sus pies, ni miran atrás ni adelante, ni consideran, pues, las cosas pasadas para juzgar las del porvenir, ni para medir las presentes; son los que, teniendo su cabeza bien hecha y habiéndola pulido por el estudio y el saber, aun cuando la libertad estuviera enteramente perdida, y totalmente fuera del mundo, ellos, imaginándola y sintiéndola en su espíritu y saboreándola aún, consideran que la servidumbre no es nunca digna de su aprecio, por bien que se la adorne.

En este lugar hay muchos de estos hombres y mujeres puertorriqueños y a ellos me dirijo alabando su coraje y determinación al luchar contra viento y marea por recuperar su verdadero ser y su libertad. Su deseo de recuperar su verdadera alma que no es otra que la española. Un saludo a todas estas personas que están forjando la semilla de un nuevo Puerto Rico que desea volver con los suyos, con sus hermanos, con España.

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