-Artículo de Francisco Núñez del Arco

Por años leí con fruición todo papel, todo documento, todo libro, toda biografía, toda memoria, todo diario publicado sobre la revolución rusa.

Me interesaba mucho lo sucedido a partir de 1917, pero me cautivaba todo lo que había ocurrido antes, desde fines del siglo XIX. Nada me atrapaba tan profundamente como los relatos y diarios personales que habían sido escritos sin la intención de que nadie, más allá de sus propios dueños, los leyeran. Ese momento me importaban nada los procesos, las secuencias, las causas y los efectos de la revolución, pasaban por completo a segundo plano. Me perdía en el relato subjetivo de quienes diez, quince, veinte y más años antes de la revolución intuían y sentían que algo muy grave, algo muy sangriento se cernía sobre ellos. Me perdía en esos relatos que se olvidaban de los análisis y las comparaciones, y simplemente expresaban la emoción telúrica que sentían recorrer por su ser: los nobles, los aristócratas, los literatos, muy pocos burgueses, los hombres confiados de la cultura y de la política, y de la racionalidad; sabían muy a sus adentros que algo terrible estaba pasando, algo que no acababan de comprender, algo que varios veían como lo merecido, que otros lo asumían como un castigo divino, que muchos más no le hallaban explicación ni sentido alguno, pero que lo temían igual o más que quienes hallaban aparentes respuestas a las explosiones futuras de las honduras del ser. Algunos quisieron prepararse, otros tantos se evadían, muchos más sabían que no había nada por hacer, asumiendo de forma casi natural su fatalidad, como el guardia romano, consumido en su puesto, inmóvil en el templo de Pompeya, por el fuego del Vesubio. Consumido en el deber, en el deber ser. Los ilusos quisieron darle soluciones a eso. A eso…

Por años también siempre me sorprendió la similitud sociológica de Rusia con la 《América Latina》, a pesar de todas sus diferencias históricas, raciales, culturales y hasta religiosas… Demasiado parecidas, demasiado para estar tan lejos la una de la otra.

Hoy sé que muchos hombres en nuestra nación dividida en el continente empezaron a sentir esos temblores a los que no hallan explicación, pero los cuales les pasman y los recorren por completo. Hasta dónde nos hundirán esos temblores, eso es algo que no lo sé.

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