El Caballero de París, 1965. San Cristóbal de La Habana

París, 24 de mayo de 2020.

Querida Ofelia:

Conocí a Roger, un “caballero de París”, hace unos años en el Guateque de Marita.

Marita era una Sra. de unos sesenta años, de belleza intemporal, en la que se podía constatar aún en aquel momento, que había sido una mulata china espectacular, en sus tiempos jóvenes de bailarina de Tropicana.

El Guateque se celebraba una vez al mes en un hangar parisino. Aquello era una fiesta popular en donde participaban los “gusanos” cubanos, las jineteras y jineteros de la Perla de las Antillas con sus esposos, esposas o amigos galos y muchos jóvenes latinoamericanos.

Cuando se ponía caliente la cosa gracias a la cerveza fría y al ron, las jóvenes antillanas y los jineteros abandonaban a sus cónyuges galos, que bailaban dando sus típicos saltitos sin ton ni son, para enredarse en sensualísimas danzas entre ellos.

El Salón Mambí de Tropicana, El Salón Rosado de la Tropical, o los bailes que se celebraban en las tardes de domingos habaneros en Río Cristal, El Club Náutico o el Patricio Lumumba, eran cosas de niños buenos al lado de El Guateque de Marita.

En medio de la muchedumbre surgía Marita, como una verdadera Reina de las Noches Cubanas en la Ciudad Luz. Siempre muy amable, envuelta en sus túnicas y con sus turbantes que recordaban a la guarachera Celeste Mendoza.

Unos amigos plastificados cubanos, no comprendían como a mí me podía gustar El Guateque, yo les respondí que aunque vivo hace casi cuarenta años en esta fabulosa ciudad y he recorrido setenta y nueve países, me gusta lo popular cubano, me gusta la gente que está cerca de las raíces, de lo genuino, detesto la arrogancia y la altanería. Soy simplemente un guajiro cubano de origen muy modesto y lo seguiré siendo hasta el último día de mi vida. Les recordé la canción de Chirino: “Háblenme de Jatibonico”.

En una cálida noche parisina, Roger conoció a Yessy, una espectacular chica cubana. Ella se lo comió y bebió con una intensa mirada sensualmente arrebatadora. En aquel momento Yessy estaba invitada en la capital gala por un impresentable galo, que había pasado la media rueda, y que se encontraba allí en El Guateque con ella. Roger estaba sudando y había sacado un Kleneex para secarse la frente. Yessy se le acercó, se le pegó y le dijo sensualmente al oído: “Oye este niño, ¿me das un papelito?”. El aliento en su cuello y su oreja hizo que Roger se erizara. Así comenzó una “histoire d’amour” galo-cubana que duraría varios años.

El Guateque se convirtió en el lugar de empate entre cubanos recién llegados de la isla y también de traiciones hacia los galos. Un amigo mío lo llamaba El Salón del Tarro. Todo duró hasta que desgraciadamente un cáncer se llevó a Marita, la cual había renacido, y había reencontrado un público que la admiraba, gracias a su simpatía, cariño y sentido de la fiesta.

¿Qué estará haciendo ahora Marita? ¿Habrá Guateques en el Cielo? En todo caso, París perdió a su Reina Cubana.

Otros han intentado imitarla y hacer resucitar El Guateque, pero nadie lo ha logrado.

Yessy iba dos veces al año a Cuba. Roger le compró una casa a su mamá para en el futuro, cuando las cosas cambiaran, irse a vivir allá. Tuvieron dos niños, Lázaro Roger y Caridad Catherine (el segundo nombre en honor a la abuela paterna), pero el galo, que es rubio, blanco lechoso y de ojos claros, no comprendía por qué sus niños eran tan achocolataditos. Un día llegó Frank, un “primo hermano” de Yessy, desde el barrio de Cayo Hueso en Centro Habana. Roger le hizo los papeles, casándolo con una prima cincuentona de él, que nunca había tenido un romance galo ni mucho menos caribeño. Pero un día el galo regresó a casa, cansado de esperar en el Aeropuerto de Orly, su vuelo hacia Tolosa, debido a una de las frecuentes huelgas del personal de Air France, y encontró a su esposa con su primo en plena zafra erótica. El machete del “primo” estaba cortando la yerba alta. El escándalo fue grande.

El seducido y abandonado Roger, se enteró por un amigo español que podía hacer un test de paternidad por medio de una sociedad especializada española. Me contó que había tres precios, el primero garantizaba el resultado a 99,9 %. Recibió en su casa por certificado las instrucciones y un cepillito, el cual pasó simplemente por la piel de los niños en su domingo de visita. Envió todo en el estuche especial junto al bastoncillo con su saliva, unos cabellos y su cepillo de dientes. Todo le costó 295 euros.

Cuando recibió el resultado, se le vino el mundo encima, los niños no eran de él.

No dijo nada y en la próxima visita se robó del baño de su ex esposa, el peine con algunos cabellos del amante cubano. Envió todo y al recibir el resultado pudo comprobar que el denominado primo, era el padre de sus supuestos hijos.

Ahora está en pleno juicio contra Yessy, y mientras el juez no llegue a una conclusión diferente, debe pagar una pensión a cada niño hasta que tengan 18 años y otra a Yessy hasta que ella se case de nuevo.

Roger me dijo que cuando se aclarara todo y él se quitara de arriba todos los problemas económicos, volverá a Cuba, pero esta vez lo pensará bien, escogerá bien.

Y así van las cosas por estos lares.

Un gran abrazo desde la Ciudad Luz,

Félix José Hernández.

Nota bene: Esta crónica aparece en mi libro «Memorias de Exilio». 370 páginas. Les Éditions du Net, 2019.  ISBN: 978-2-312-06902-9

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