Cuba, su territorio, juntamente con el guatemalteco, puede que estén en la categoría de ser unas tierras donde la vista del hombre no se cansa de admirar tanta belleza; y, sin embargo, los dos, juntamente con el restos territorial de la América de habla española o portuguesa, juntadas ambas a las sonoras formas de expresión nativas, están siendo literalmente aplastadas por una lengua fea y muy corruptible, la inglesa, y por unas políticas más corruptibles todavía: la de los beatos de boquilla, la de los patriotas de boquilla, estadounidenses del norte.

Pero Cuba, aunque dentro del contexto geográfico donde está ubicada haya logrado valores sociales que todavía le faltan por lograr a todos y cada uno de los países que izan sus banderas en las islas y el continente que sigue siendo Las Indias, las impresiones de este viajero a la vista real sobre el terreno cubano, se decantaron sin propósito alguno de ello.

Cuba necesita poner de nuevo a su pueblo, a su gente, en marcha. La gente cubana se ha quedado parada, especialmente en La Habana, con la esperanza de que “alguien” solucione sus cada vez más, acuciantes problemas que conlleva el día a día.

Cuanto menos se tiene, cuanto menos se posee, más tiempo libre queda para todo; y, precisamente porque se tiene poco, excepto tiempo, y lo que se desea son asuntos del mundo onírico, puede aparecer en el rostro la felicidad, la sonrisa, con mucha más frecuencia que pueda acontecer en las estúpidas sociedades consumidoras en la que estamos sumergidos los que decimos que no, que todo lo tenemos superado; pero nos pasamos la vida almacenando cosas inútiles en la esperanza de que van a estar siempre con nosotros y que nunca nos iremos de aquí, porque la muerte y nada es asunto de los demás, y no es un asunto personal nuestro.

Y cuando sosegadamente nos sentados pensando que ya lo poseemos todo, suena el teléfono móvil y una voz con tono y acento estudiado, calculado, nos echa en cara lo lilas que somos porque no estamos disfrutando de las ventajas de tal producto; y, en ciertas ocasiones nos deja dudando.

Cuba, con sus logros de vida actuales, con sus parámetros actuales ya está en el valle. ¡No está en la sierra!. Tiene frente a ella una naturaleza, un medio ambiente, de los pocos que pueden ser recuperados actualmente y devolverlo casi a su estado primigenio; siempre y cuando su pueblo, su gente, se vuelva a poner en marcha: se levante de las sillas donde están actualmente sentados, y con su propio conocimiento y la ciencia lograda, insisto, centre su actividad en las energías renovables y desarrolle un programa actual energético que la lleve al logro de los dos elementos básicos que conlleva toda revolución humana: la comida y el vestido, porque después de logrados esos dos escalones del mundo de la necesidad, viene todo lo demás. Y en ese “todo lo demás posterior”, si se alimenta y viste con decencia y soltura no entra el afán de las guerras, o la imposición ideológica.

En términos generales el cubano tiene que vivir en Cuba, el español en España, el marroquí en Marruecos, y los intercambios humanos tienen que tener obediencia directa a otros factores diferentes a los que están impulsando el abandonar sus respectivos países a gentes que lo hacen con la esperanza de una mejora, que generalmente no se logra en tierras diferentes a las de uno; aunque se puedan lucir los diente postizos de oro al estilo indiano en señal de triunfo económico.

Tenemos una epidemia; una grave pandemia que ha contaminado al mundo; lo ha contagiado de pupas dolorosas, mortales, y unos sucios estamentos, reflejo de sus sucias bajezas, tienen al mundo, a la gente bombardeándola con mentira tras mentira. Y para que resulte más creíble, los muy estúpidos se ponen la mano en el pecho señalando donde no tienen corazón.

Salud y Felicidad. Juan Eladio Palmis

1 COMENTARIO

  1. UN TIEMPO

    Hubo un tiempo,
    cuando el quitrín
    y la volanta,
    por una Cuba
    colonial,
    que para el altivo
    español
    fue de ensueño.

    Hubo un tiempo,
    otro tiempo,
    que no fue
    tiempo de mi tiempo
    donde se paró el amor
    y surgió violento
    el mal aliento
    de un viejo león,
    que por no ser,
    puede que ni fuera
    español de España.

    Hubo un tiempo
    de levita raída
    y de sotana
    repleta de oro
    y plata,
    donde hombres,
    poco hombres
    de los que se agarran
    y empujan
    y se refugian
    tras un sable,
    un fusil,
    un caballo desbocado
    al galope
    que todo lo pisa
    por donde pasa,
    cuando el quitrín
    y la volanta
    rodaban
    por Cuba,

    por la Cuba
    de la que tanto tenía
    y tiene
    España;
    donde nadie fue gorrión
    ni bijirita,
    en una isla profunda,
    propia,
    que mira,
    observa,
    y no siente miedo
    ni tirita
    ante el filo
    de un acero,
    que confundió
    a Cuba,
    y la tomó
    por una esclava.

    Hubo un tiempo,
    que fue pesadilla
    más que tiempo,
    cuando el quitrín
    y la volanta,
    que por el suelo
    de Cuba
    lloró
    mi abuelo:
    un marino español
    que en meses
    se sintió cubano,
    y oriental
    y santiaguero,
    y que cuando voy
    por Cuba
    por todas partes
    lo veo.

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