Foto: ¡La libertad! ¡La libertad! Salvemos la libertad. La libertad salva lo demás. Víctor Hugo (1802-1885)

París, 21 de mayo de 2020.

Querida Ofelia:

Hoy se cumplen 39 años desde que llegamos al aeropuerto de Orly, procedentes de La Habana. Somos Libres gracias a Dios y a Francia. En este 2020 no podemos hacer nuestra Fiesta de la Libertad debido a la pandemia de coronavirus. Por ello, he decidido contarte cómo fue nuestra fiesta del año pasado:

Dimos nuestro pic-nic bailable anual, duró de la una de la tarde a las nueve y media de la noche. A esa hora paramos pues como lo hicimos todo en el jardín de una mansión que nos prestaron los Bourgarel, no queríamos molestar a los vecinos, ni abusar de la amabilidad de nuestros amigos galos.

Éramos en total 75 personas, de ellos: l6 cubanos, 3 españoles, 1 peruano, 1 uruguayo, 2 argentinos, l colombiano, l armenio, l canadiense, l holandés, l portugués y el resto franceses. Pusimos en el jardín dos carpas, bajo una estaban las mesas con el buffet y bajo la otra el bar, del cual se ocupó Jean-Marc. Retiramos los muebles de la gran sala que daba al jardín y la convertimos en salón de baile. Mi hijo era el encargado de la música. Así reunimos a nuestros amigos para celebrar como cada año el aniversario de nuestra Libertad.

Como el día comenzó con lluvias, le puse una vela a Santa Rita y a eso de las doce del día cesó de llover y hubo un sol casi tropical. Parece que la abogada de lo imposible escuchó mis modestas súplicas.

Comenzamos con un vals de Viena, pasodobles, jazz, rock, madison y twist, pues son ritmos que los franceses saben bailar, de esa forma se entusiasmaron y comenzaron a hacerlo. Mientras tanto se almorzaba en los bancos del jardín entre las flores, al mismo tiempo se conversaba de todo un poco. Los cubanos “atacaron” el salmón, los mariscos y los patés, el foie gras y el rôti, mientras que los franceses parecían preferir: las croquetas cubanas, mariquitas, tostones, yucas, plátanos maduros fritos, picadillo y frijoles.

En el bar Jean-Marc me decía que los galos preferían los Cuba Libre, mojitos y daiquirís, mientras que los cubanos pedían los vinos blancos de Sancerre, los rosa de Chablis y los tintos de Bordeaux. Es decir que para todo el mundo había comidas exóticas. Las tortillas españolas tuvieron éxito entre todos.

Poco a poco la cosa se fue cubaneando. Seguimos con la Orquesta América, (Me lo dijo Adela, La Engañadora), Aragón, Fajardo, Jorrín, y los cubanos comenzaron a bailar. Pasamos a los merengues y cumbias y allí la colombiana y la peruana, ambas esposas de cubanos, hicieron galas de savoir faire. Pero en eso llegó Fajardo con el Ritmo de Pollos y el Ki-ki-ri-kí . Siguió la música de Gloria Estefan y de Willy Chirino y como siempre los cubanos bailaron como sólo los caribeños saben hacer.

 Los europeos se convirtieron en espectadores, hasta que pusimos una conga de Sandoval y todo el mundo se incorporó. Una amiga catalana bailaba la conga con traje sastre Gucci y bufanda de seda, una amiga asturiana con vestido Dior marcaba Los carnavales de Oriente, Louis que es conde de Maisonvieille y su esposa, trataban de coger el paso a la conga. El holandés, esposo de mi amiga Claire, decía: ¡formidable, formidable! Jean-Claude, un amigo escritor, sudaba como el que más, dando unos saltitos que correspondían aproximadamente a los trompetazos de Sandoval. En eso pusimos Veneración de los Matamoros, los cubanos y latinoamericanos cantaban y bailaban, mi amiga armena intentaba repetir y se sangundeaba sin ton ni son pero no importa, por algo se empieza. Sonó la Guantanamera y mi amigo argentino Osvaldo, me dijo que era una célebre canción argentina. Él no cambia, todo lo bueno por fuerza debe de ser porteño.

Pasamos a la música árabe, y a continuación, para descansar un poco, a un cuarto de hora americano con baladas de Elvis the King, Paul Anka, Dean Martin, Nat King Cole, etc., que aquí todo el mundo conoce.

Después poco a poco volvimos a la música cubana con: Albita, Hansel y Raúl, Celia Cruz (su grito de: ¡Azúcaaaa!, retumbó en el salón), La India, La Combinación Perfecta, Los Orishas, la Riverside con su Naricita Fría y su Vereda Tropical. Se vaciaron las bandejas de comidas, se vaciaron las botellas y aumentaron las risas, los chistes. Los cubanos sacaron a bailar a las francesas y las cubanas a los galos.

Era una Torre de Babel democrática, fue una fiesta internacionalista -en el buen sentido del término-. Todo el mundo quedó contento y preguntando cuándo será la próxima fiesta, sobre todo los amigos pertenecientes a la nobleza francesa (eran seis), que nunca habían visto nada por el estilo.

Con respecto a estos últimos tuve que hacer un verdadero trabajo diplomático, pues como era nuestra Fiesta de la Libertad, pusimos una gran bandera francesa en el balcón de la terraza del primer piso que caía hasta el jardín. Esta me fue prestada por una colega que se llama Marianne (Marianne es el nombre de la Patria Revolucionaria en Francia), además la fiesta tuvo lugar en la Avenue 14 juillet, y ese es el día de la toma de La Bastille, que marcó el fin del poder de la nobleza. Si a todo eso se agrega de que el 21 de mayo -día en que salimos de la Perla de las Antillas- fue el día en que François Miterrand tomó el poder en Francia y que los socialistas celebran: ¡todo es demasiado!

Pero mis amigos saben cuál es el motivo de nuestra fiesta anual. No puse la bandera cubana, la cual me compré en una tienda del Pentágono en Washington. La tengo bien guardada para ponerla en uno de los balcones de mi casa después de ir a lo alto del Arco del Triunfo, cuando tenga la noticia de que nuestro día llegó, como dice Willy Chirino.

Ahora en París hay una verdadera explosión de belleza, todos los parques están llenos de flores, las personas van a tomar sol, a descansar a pasear a los bebés en sus bellos coches, las fuentes vuelven a funcionar, es una especie de renacimiento después del letargo del invierno. Todos los niños, adolescentes y jóvenes están en exámenes, desde la escuela primaria hasta las universidades y como los horarios son diferentes, hay mucha alegría juvenil en las calles. Adiós abrigos, botas y bufandas, reaparecieron minifaldas, escotes, hombros, espaldas, pantalones cortos, bermudas y la música en la calle.

En estos momentos ya la ciudad está repleta de turistas, se escucha sobre todo hablar inglés, italiano, español y japonés en las calles.

Las terrazas de los locales del Barrio Latino están repletas de turistas, los parques y jardines muy animados. Las tiendas hacen sus ventas promocionales de bañadores, pareos, cremas para bronceo, objetos y juguetes para campings, playas, etc.

Por lo demás estamos bien, esperamos poder volver a verte más temprano que tarde, con: salud, bienestar y Libertad.

Te deseo lo mejor del mundo en unión de todos aquellos que te quieren y que tú quieres.

Un gran abrazo desde esta Vieja Europa… vieja, pero interesante.

Félix José Hernández.

Nota bene: Esta crónica aparece en mi libro «Memorias de Exilio». 370 páginas. Les Éditions du Net, 2019.  ISBN: 978-2-312-06902-9

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