José Gabriel Barrenechea.

La propuesta del régimen a dialogar con la emigración, y el llamado a un plantón de remesas y recargas en enero han ocurrido casi en simultáneo.

Se demuestra así la necesidad en que se encuentra el régimen de conseguir que la emigración no sea ganada por los sectores más consecuentes en el enfrentamiento a la dictadura poscastrista, y la voluntad de estos sectores de no quedarse quietos, de no seguir a la espera.

En lo personal aunque no creo que el plantón de enero vaya a afectar en mucho la capacidad financiera del Canelato, lo apoyo si va más allá de la simple voluntad de causar daño por el mero embullo chancletero de molestar a quienes consideramos nuestros enemigos. De inundar las redes con comentarios que más afectan nuestra causa a los ojos de los extraños que no viven nuestros pesares, que no pueden entender a derechas cómo nos sentimos en nuestro interior, y que por tanto solo se pueden llevar una muy desagradable impresión de nosotros. Nada se gana con exteriorizar nuestra euforia de manera harto soez porque a Serrano se le haya anulado su visado: si algo no acabamos de comprender los cubanos es que la política no es asunto de euforia sino de racionalidad y cálculo. Los sentimientos no son comunicables y la racionalidad es en definitiva lo único comunicable a quienes no viven en nuestros mismos zapatos. Mientras los cubanos no entendamos esta verdad elemental seguiremos sin duda con la misma mierda al cuello, nuestra chancletera mierda, por cierto.

El plantón, que prefiero llamar huelga, debe servir para comenzar a concientizar a la emigración de que es un importante sector de cubanos que, con su ayuda a familiares o amigos, contribuye como ningún otro sector de nuestra población a sostener financieramente al país, pero al que sin embargo se lo priva de sus derechos ciudadanos más elementales.

Para ello basta con hacer un poco más realistas los objetivos que la Huelga se propone. No se debe alimentar la falsa expectativa de que así se va a derribar a la dictadura. Se le debe pedir algo más concreto a esa dictadura que evidentemente no puede ya romper con la emigración, y la cual por lo tanto en un final está cada vez más en manos de ese sector de cubanos que con sus remesas son cada vez más decisivos en la economía familiar, y también en la nacional.

Pedir que en primer lugar no se pueda condicionar la entrada de los cubanos emigrados a su país de origen, o sea, que los cubanos no tengan que pedir visa para regresar acá, ni pagar un centavo por ello. En segundo que a los cubanos en el exterior se les reserve un número proporcional, a su población, de asientos en la Asamblea Nacional, y que por tanto puedan votar y ser votados.

Pedir, a la vez que se demuestra la capacidad de la emigración para tomar medidas de fuerza en apoyo de esos justos reclamos.

Estas dos demandas son básicas porque empoderan a la emigración para participar políticamente en el gobierno de su país, y se convierten así en punto de partida para obtener después otras demandas, como la de la libertad a poseer propiedades, o la de resultar favorecidos en cualquier futura Ley de Inversiones o diseño arancelario.

Estas dos demandas, como pedido en el que se basaría el plantón de enero, y los sucesivos que habrá que hacer a lo largo del año, servirán para concientizar a cada vez más cubanos en el exterior de que son ellas concesiones que debe de hacer el régimen antes de sentarse a dialogar con nadie en la emigración.

A los cubanos de dentro de la Isla nos toca apretarnos el cinturón para apoyar a nuestros hermanos de afuera, que con su trabajo esforzado en la emigración contribuyen de manera decisiva a nuestra supervivencia. Nos toca apoyar su derecho a entrar libremente a la Patria que los vio nacer, sin necesidad de ningún trámite burocrático, o a tener el derecho a la participación política en el gobierno de su país.

Derecho este último que evidentemente también acercamos un poco más a nosotros mismos si es que primero apoyamos el que la emigración pueda elegir a un sector de la Asamblea Nacional.

Tengamos bien en cuenta que ahora no apoyamos las medidas de una potencia extranjera contra nuestro país, sino una huelga, un plantón, de un sector de la ciudadanía porque se le reconozcan sus derechos. Derechos que a la larga son de todos, porque un derecho que se le reconoce al otro siempre es también un derecho que se me reconoce a mí.

El cambio comienza cuando los diversos sectores de la Cubanidad nos agrupemos en la defensa de nuestros derechos, y en que los demás sectores apoyemos esos legítimos  y patrióticos reclamos. Este es un paso más en esa dirección.

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