-Por Antonio Moreno Ruiz

El “gobierno” socialcomunista de Kerensky Sánchez y Lenin Iglesias ha mandado un mensaje tranquilizador cargado de aires de suficiencia dizque marxista: Está prohibido despedir.

Además, la ministra de trabajo dice que aquellos que se han tenido que acoger a un Expediente de Regulación Temporal de Empleo no son parados. Total, pues todos contentos, ¿no?

¡Qué seguridad!

¡Y qué bonito queda eso de “prohibido despedir”, como quedaba aquello de “prohibido prohibir” en mayo del 68!

Con todo, ya que se ha prohibido despedir, ¿también se prohibirán que las empresas quiebren, no? ¿O cómo va entonces?

Lo cierto es que la problemática económica española viene a raíz de una mentalidad infectada por el socialismo postmoderno; mentalidad expandida a placer gracias a una “derecha” que decía sólo preocuparse por la economía mientras que le dejó toda la narrativa cultural a la izquierda, manteniendo toda su mentalidad así como sus inicuas leyes. Así, este pensamiento único que ya estaba hegemonizándose desde ante que muriera Franco, se fue adobando de neomarxismo con indigestiones psicoanalíticas y hippies; enseñándosenos desde el colegio a la universidad-pasando por la televisión y el cine- que los malos eran los empresarios, los “ricos”, los que se “vestían bien”; sin explicarnos que muchos de esos progres que señalaban a los “ricos” eran los auténticos ricos y poderosos; sin explicarnos tampoco que el “malvado empresario” era el del bar o el de la ferretería… Y los que decían “joder a los ricos” le hacían leyes para que pudieran escurrir impuestos, como las SICAV del socialista Felipe González, mientras que el grueso fiscal recaía en los pequeños emprendedores; siendo que a día de hoy España es el país donde los autónomos pagan más impuestos de Europa.

¿Quién se arriesgará a montar negocios en estas condiciones?

Y más aún: ¿Quién se arriesgará a establecer grandes empresas cuando no es que haya una burocracia infernal, sino que se multiplica por 17, esto es, por y para cada comunidad autónoma de turno?

En vez de “prohibido despedir”, ¿por qué no se piensa en menos impuestos  (máxime cuando buena parte de esos impuestos va a mantener forrajeras), menos burocracia, menos corrupción, más facilidades para montar negocios/empresas, más agilidad para las nóminas y más fomentar el emprendimiento y menos fomentar la demagogia y la mentalidad mediocre e hipócrita?

No estamos hablando de teorías económicas anglosajonas del siglo XVIII supuestamente infalibles: Estamos hablando de sentido común, de regeneración económica y de mentalidad lógica. Pero no sé por qué me da que es mucho pedir luego de años y años de estatalismo progre en vena.

Que Dios nos coja confesados.

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