¿Debemos creer al profesor Raoult?, Una entrevista con el profesor Raoult en Le Figaro Magazine

FM – Los franceses le descubrieron durante esta pandemia de Covid-19. Se encontraron con un gran profesor muy original y controvertido que les dijo: «Si queréis que esta epidemia termine, podemos conseguirlo rápidamente». Sin embargo, aquí estamos, y estaremos metidos en estos durante mucho tiempo …

Didier RAOULT. – No es por falta de decir lo que pensaba que debía hacerse. Pero no me hicieron mucho caso. China y Corea del Sur ya terminaron con el Covid-19. Esto no me sorprende. Durante 42 años, he enseñado lo mismo sobre las enfermedades infecciosas: hay que identificar y aislar a los pacientes portadores para tratarlos con lo mejor que la ciencia dispone. En este sentido sigo pensando lo mismo. No pudimos, o quisimos, diagnosticar a un número máximo de enfermos para aislarlos y tratarlos. Los resultados están a la vista: somos uno de los cuatro países en los que hay más muertes por millón de habitantes, junto con Italia, España y los Países Bajos. Por lo menos deberíamos interrogarnos si lo estamos haciendo bien.

FM – Es bastante humillante para un país que se considera uno de los mejores del mundo en términos de salud …

DR – En 2003, después de la epidemia de SARS, el gobierno me encargó que informara sobre los riesgos epidemiológicos y cómo lidiar con ellos. En ese informe recomendé la fundación de una nueva política de salud que pudiera anticipar mejor los riesgos epidemiológicos, porque estaba claro que se convertirían en uno de los grandes desafíos en un mundo interconectado. En ese mismo trabajo advertí sobre los riesgos de desbordar nuestros servicios de salud en caso de epidemia. Lo primero que había que hacer era crear en los hospitales infraestructuras específicas dedicadas a tratar las infecciones, incluyendo dentro de las mismas, la capacidad de fabricación de pruebas, para identificar a los primeros pacientes y aislarlos lo antes posible.

FM: A fines de enero, sugirió la generalización del tratamiento con cloroquina. El gobierno lo siguió en parte, después de dudarlo mucho, pero solo para casos graves. Se ha creado un segundo comité científico, supervisado por Françoise Barré-Sinoussi, premio Nobel de medicina que aprobó un gran estudio para evaluar este medicamento. ¿No es eso lo básico del método científico?

DR – Tenemos que comprender que cuando se trata de enfermedades infecciosas, hay un grupo de personas en Francia que están acostumbradas a trabajar de cierta manera. Todos se conocieron durante la epidemia de SIDA hace 30 años, e impusieron como regla de oro los estudios aleatorizados realizados a cohortes muy grandes de pacientes utilizados como cobayas de laboratorio. Estos estudios pueden funcionar marginalmente para mejorar ciertos medicamentos en la investigación sobre el SIDA o la hepatitis C. Pero estas metodologías específicas no pueden transformarse en la condición sine qua non de la medicina.

Los estudios de grandes cohortes tranquilizan a los burócratas de la salud, que han llegado a creer que nada podría decidirse sin ellos. Sin embargo, diría que el 90% de los tratamientos inventados en enfermedades infecciosas nunca han dado lugar a tales estudios. Nunca. Si la droga mataba al patógeno, funcionaba, así de simple. Cuando la evaluación se alejó del campo para convertirse en una actividad separada, respaldada por un capital significativo, se establecieron estándares de verificación cada vez más exigentes.

FM- ¿No deberíamos preservarnos contra la tentación de la cura milagrosa?

DR – Es cierto que durante la era del SIDA, había personas dispuestas a hacer cualquier cosa para probar decocciones milagrosas. Pero el contexto ya no es el mismo. Las personas desafortunadas que van a morir por el coronavirus, ya no reclaman nada, están en cuidados intensivos. Espero que Françoise Barré-Sinoussi no me confunda con estas personas excéntricas que promueven un polvo de perlimpimpín para tratar esto o aquello. En pocas palabras, la Sra. Barré-Sinoussi no es doctora, es investigadora. No estamos en los mismos planetas.

¿Entonces el estudio Discovery que está en curso no le parece necesario?

Este es un estudio que mantendrá ocupadas a investigadores sin ideas. Soy ante todo médico. Un médico que cree que no debe hacer a sus pacientes lo que no haría a sus propios hijos. ¿Por qué se me impediría administrar medicamentos que son los únicos que parecen funcionar aquí y ahora? Más adelante podremos realizar un estudio retrospectivo.

FM – ¿En qué momento se encuentra su estudio sobre la cloroquina?

DR – Tenemos 1.003 pacientes tratados aquí en el IHU Mediterráneo, y solo uno ha muerto. Hace unos días publicamos un segundo estudio en 80 pacientes, cuya carga viral se redujo cada vez por la administración de cloroquina. Y ya hay diez países en el mundo que recomiendan este medicamento como primera línea de tratamiento.

FM – Hace diez días, dijo que esta epidemia era bastante trivial. ¿Es esta la palabra correcta?

DR – Cada año, 2.6 millones de personas mueren por infecciones respiratorias. Entonces, antes de mover las estadísticas debido al Covid-19, habrá que esperar un poco. Es una epidemia que revela muchas disfunciones que no son en absoluto triviales. Ya sea la fragilidad de nuestros sistemas de salud frente a este tipo de virus o nuestras ansiedades colectivas. Nunca quise predecir el futuro en términos de epidemias, ¡incluso escribí un libro para advertir contra esta tentación fatal! Por lo tanto, no sé si este virus puede desaparecer como muchas enfermedades respiratorias con la llegada del buen tiempo o, por el contrario, aumentar. Por el momento, noto que mata a una gran mayoría de los ancianos o sujetos frágiles. Por lo tanto, no es un virus muy diferente de los demás que se observan en la familia de los coronavirus.

FM: ¿A qué nivel evalúa la letalidad de este virus?

DR – Todas las enfermedades infecciosas son enfermedades de ecosistemas. Siempre hay interacciones extremadamente sutiles entre cada organismo y el entorno en el que éste evoluciona. En un crucero en cuarentena, la mortalidad fue del 1,7%, y al comienzo de la epidemia en Wuhan de 5%, aunque sumada al resto de China baja al 1,2%. Hay buenas razones para pensar que al final llegaremos a un promedio de mortalidad de 0.4%.

FM – Si su mortalidad es baja, ¿no le sorprenden al menos sus niveles de contagio?

DR – Francamente, no. No hay nada anormal. En el campo de la medicina, ustedes, los medios de comunicación y las personas en general, cuentan muchas cosas sin fundamento. El año pasado, la prensa estaba obsesionada con el sarampión, cuando solo había un brote minúsculo de 1,000 casos. Por el contrario, en el este del Congo, el sarampión ha matado más que el ébola. Y nadie habló sobre el sarampión allí. Entonces, lo que asusta, lo que hace que la gente hable, a veces no tiene nada que ver con la realidad.

Todos los años detectamos una veintena de infecciones respiratorias durante el invierno. Veinte son detectados cada año. Hace diez años las llamábamos gripes. Desde entonces, sabemos que no podemos calificarlas así porque causan patologías respiratorias específicas. Además, este año, hemos notado la ausencia de los grandes depredadores habituales: la gripe y otros virus respiratorios menos virulentos.

FM: ¿Eso significa que los medios y los políticos están haciendo demasiado?

DR – Existe un excelente trabajo sobre las causas de muerte en los Estados Unidos que muestra que el terrorismo, los homicidios y los suicidios representan solo del 2 al 3% de las causas de muerte. Sin embargo, la investigación sobre las causas marginales de estos hechos provoca entre el 15 y el 20% de las interacciones en las redes sociales, y al final, todo esto termina generando el 70% de los contenidos en el New York Times y The Guardian, dos títulos de la prensa tradicional. Este estudio nos muestra fehacientemente lo difícil que es para los medios describir adecuadamente ciertas situaciones.

FM – En 2009, los epidemiólogos nos dijeron que la gripe H1N1 mataría a millones de personas. Y al final no pasó nada …

DR: Esta es una de las razones por las que no quiero ir a la televisión. Y es por eso que escribí mi último libro: Epidemias: peligros reales y falsas alarmas.

FM: No habíamos utilizado el confinamiento durante mucho tiempo, se trata de un método que remonta a la Edad Media e interrumpe la vida económica. Pero ¿es qué funciona?

La verdad es que nunca funcionó. En Marsella lo sabemos muy bien. Las contenciones se han practicado aquí desde principios de la Edad Media. En 1884, volvimos a intentarlo para detener el cólera y no funcionó en absoluto. Años más tarde, declaramos una cuarentena por fiebre amarilla, ¡pero no era contagiosa de hombre a hombre! Dicho esto, no tengo nada en contra de la cuarentena biológica. Por supuesto, se debe separar a las personas infectadas de las que no. Pero encerrar a personas probablemente infectadas con otras que no lo están, me parece, lo menos, un método curioso. Si confina a toda una familia y uno solo de sus miembros está infectado, puede estar seguro de que unas semanas después, todos lo estarán. Si me hubieran preguntado, no es lo que yo hubiera decidido.

FM – ¿Deberíamos ceñirnos a los gestos de barrera, como hacen los suecos o los holandeses?

DR – No me corresponde responder porque, en última instancia, las decisiones de confinamiento no son solo médicas, sino políticas. Integran varios factores como el riesgo de contagio, el miedo de las poblaciones, el funcionamiento de la economía, la gestión de inventarios y la logística. Estos son aspectos que se combinan y conducen a una decisión que finalmente escapa al médico. Pero a mi nivel, está muy claro que es necesario diagnosticar los contagiosos y separarlos de los demás. Esto es lo que estamos haciendo aquí.

FM: Usted cree que hay dos etapas, básicamente, confinamiento de los enfermos y tratarlos con las mejores drogas posibles. ¿Culpa al gobierno por no ir en esta dirección?

DR – Nuevamente le repito, los políticos toman decisiones y la historia los juzgará. Sin embargo, de vez en cuando, los líderes políticos se permiten intervenir en nuestro campo. En 2009, por ejemplo, las autoridades de la época pensaban que la vacunación debería forzarse organizándola en carpas o estadios. En mi opinión, esto era responsabilidad de los médicos. Del mismo modo, no estoy de acuerdo cuando los médicos tienen prohibido usar drogas que han estado en circulación durante décadas. No estoy de acuerdo con la interferencia del estado en la relación médico-paciente. Es responsabilidad individual de los médicos. No es charlatanería. Es el juramento hipocrático. El ejecutivo no debe comportarse como el doctor que no es. Cuando hay negligencia médica, cuando el médico no ha actuado correctamente, se le castiga. En cuanto a mí, si alguien me ataca porque estoy tratando a la gente con hidroxicloroquina, le invito a leerse mi currículo. No es brujería. Sé que se ha chismorreado mucho sobre el poder de los doctores, pero al final, la medicina es una relación entre un médico y un paciente. Por supuesto, en situaciones de crisis, la Alta Autoridad para la Salud da recomendaciones. Pero su papel se termina ahí.

FM – Como último recurso, ¿nos está diciendo que la convicción íntima del médico es mejor que la metodología exhaustiva que se supone que verifica el uso de un medicamento?

DR – La convicción íntima es una expresión que realmente no me gusta. Digo que el médico está haciendo lo mejor que puede, dado el estado de su conocimiento. En mi vida he inventado una docena de tratamientos que están en todos los libros de referencia y la cloroquina es una droga que conozco muy bien. Y luego están los misterios. ¿Crees que la OMS recomienda la acupuntura y la homeopatía? No, y sin embargo, a veces funciona. No tenemos idea de cómo podemos ayudar a las personas. A veces podemos aliviarlos con buenas palabras o placebos. Mi trabajo es tratar de sanar y decir con qué estoy tratando de hacerlo. Si la gente me cree más que a las autoridades oficiales no puedo evitarlo. La credibilidad pertenece a los médicos que ejercen.

FM – Una encuesta reciente publicada por Le Parisien muestra que los franceses tienen mucho miedo de esta enfermedad. ¿Tienen razón?

Somos una población envejecida y nos asustamos fácilmente. Tampoco ayuda la super mediatización de la epidemia porque los franceses creen vivir metidos en una película de terror permanente, donde lo peor siempre está por llegar. Cuanto más ricos son los países, más temerosos son. Las encuestas lo confirman, el país más optimista es Bangladesh, mientras que con frecuencia el más pesimista es Francia.

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