En 1898 no todo fueron derrotas

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La Armada Española también tuvo victorias heroicas en la Guerra de Cuba

 
El Correo de Pozuelo
Del desastre de 1898 y sus consecuencias, la perdida de las últimas posesiones españolas en América y en el Océano Pacifico, solo nos han llegado derrotas, algunas heroicas como la batalla naval del Almirante Cervera, El Caney, la Loma de San Juan o la heroica defensa de El Baler, pero también hubo victorias sobre los yanquis, pequeñas, pero victorias en definitiva. Procedemos a recordar tres  de ellas:
El 25 de Mayo de 1898 Estados Unidos declaró la guerra a España aprovechando el hundimiento del Maine, en la bahía de La Habana, por una explosión accidental en su santabárbara,  suceso ocurrido el 15 de Febrero del mismo año y   que sirvió de excusa para la declaración de la guerra.

Para protegerse de los buques norteamericanos que patrullaban la zona norte de Cuba, dos lanchas cañoneras de 40 toneladas, la Liguera y la Alerta, armadas cada una con dos cañones, y el remolcador Antonio López procedieron a refugiarse en el puerto de Cárdenas, Provincia de Matanzas, cerca de La Habana.

El Antonio López estaba armado con un cañón de tiro rápido de 57mm, apto para defenderse de los rebeldes cubanos.
La cañonera Ligera era una pequeña embarcación de 20 metros de eslora y 11 nudos de velocidad, construida en Cádiz, y que había llegado para relevar a la Alerta en misiones de vigilancia mientras esta última estaba en puerto reparando pequeñas averías.
El mismo día 25, la Ligera entró en combate, se encontró con el torpedero americano Cusshing  de 142 toneladas (más de tres veces su tonelaje) y 25 nudos de velocidad (más del doble de velocidad) y armado con tres cañones de tiro rápido y tres tubos lanzatorpedos.
El buque enemigo estaba reconociendo la zona cuando se encontró con la cañonera española. Ésta se aproximó hacia el barco yanqui abriendo fuego con su cañón de proa. El torpedero disparó más de 70 veces contra el barco español errando todos los disparos, excepto uno que acertó sin graves consecuencias para el navío español.

La Ligera disparó 10 cañonazos con tan buena puntería que acertó en el casco, perforándolo a la altura de la sala de máquina. El buque americano escoró a estribor, quedando inútil para combatir, por lo que no tuvo más remedio que interrumpir el combate, retirándose y dándose a la fuga.

Esta escaramuza fue el primer combate de la guerra entre los españoles y los yanquis.
Por esta acción, el comandante del buque español, Teniente de Navío Antonio Pérez Rendón, y  su dotación fueron recompensados con la Cruz de María Cristina.
A partir de entonces, los tres barcos españoles quedaron bloqueados en el puerto por un escuadrón  americano formado por los siguientes buques: el torpedero Winslow, idéntico al  derrotado Cusshing; el cañonero Willmington de 1.392 toneladas, 16 cañones y con parte del casco y la artillería principal blindada; el cañonero Machias de idénticas características que el buque anterior y por último el guardacostas Hudson con dos cañones de tiro rápido.
La desproporción de fuerza a favor del enemigo era extraordinaria: cuatro buques contra tres; 10 veces más en cañones y con mayores calibres; 20 veces más en tonelaje, y así en todas las magnitudes comparables entre los dos enemigos, siempre a favor de los yanquis.

Tras varias acciones de tanteo sin importancia, el 11 de Mayo los americanos decidieron atacar frontalmente a la pequeña flota española.

El Winslow, por su menor calado, entró en la bahía para reconocer y avisar de los movimientos de los buques españoles. A continuación entró el Hudson, quedando los dos navíos de mayor porte  en la reserva.
Las lanchas españolas abandonaron el puerto para refugiarse en la zona de menor profundidad de la bahía donde los barcos enemigos no podían llegar, quedando atracado en el puerto el Antonio López por su mayor calado.
Después de barrer la bahía en busca de minas marinas, el Winslow, al ver al solitario remolcador español amarrado en el puerto, se dirigió hacia el disparando sus cañones.

El remolcador español respondió al fuego con tal precisión y fortuna que, al segundo disparo, dejaron al Winslow sin gobierno  causándole, además, destrozos y averías en la sala de máquinas que le hicieron abandonar el combate. Resultando también herido su comandante y parte de la dotación.

El Hudson acudió en auxilio del buque averiado bajo la cobertura de fuego del Wilmington. El Antonio López continúo el fuego sobre los dos buques  produciéndoles  graves averías y numerosos heridos, entre ellos el segundo comandante del Hudson que murió en combate.
Tal situación era impensable para los americanos por lo que empezaron a bombardear la ciudad esperando destruir las inexistentes baterías ocultas que creía que les disparaban.
Tras dos horas y media de combate, el Wilmington se retiró con dos impactos. El  Hudson lo seguía, con cuatro impactos, remolcando al Winslow prácticamente destrozado.
No hubo bajas por parte española, solo algunos heridos, y los impactos en el remolcador solo causaron pequeñas averías reparadas en poco tiempo.
El combate se convirtió en la mayor victoria española de la guerra, ya que causo más bajas americanas que en todos los demás combates de la misma.
El comandante del remolcador, Teniente de Navío Domingo Montes Regüeifeiros, fue condecorado con la Gran Cruz Laureada de San Fernando.

Los buques americanos se retiraron y no volvieron a atacar el puerto de Cárdenas durante la guerra.

Los americanos, para justificar su derrota, describieron el combate como una batalla contra poderosas baterías ocultas, baterías que nunca existieron.

El mismo día, 11 de Mayo, tuvo lugar la siguiente victoria que vamos a contar: La batalla de Cienfuegos.

A principios de abril Estados Unidos descubrió que existían cables subacuáticos que, partiendo del puerto de Cienfuegos, comunicaban con la península y coordinaban la acción naval de los barcos mercantes que abastecían a las tropas españolas en la Isla.
Con objeto de cortar esta comunicación, enviaron a dos cruceros, el Marblehead y el Nashville, con una fuerza de desembarco de 52 marines, todos voluntarios, que se embarcaron en dos botes de pequeño tamaño para cortar los cables con hachas y sierras bajo la cobertura de fuego de los dos cruceros y de un barco mercante artillado.
El día 11 de Mayo se presentaron en el puerto de Cienfuegos para proceder al corte.
Las baterías españolas eran demasiado imprecisas para acertar a los barcos, pero el fuego de fusilería provocó daños en los botes con bajas en las tripulaciones.
Después de más de una hora de combate, dos de los tres cables fueron cortados, pero los marines tuvieron que retirase con sus botes a posiciones más seguras dejando el tercer cable sin tocar y operativo. Dos de los marines recibieron la Medalla de Honor del Congreso por su comportamiento bajo el fuego español.

La tercera victoria española sobre la armada yanqui tuvo lugar en Manzanillo.

El 27 de Junio de 1898, una flota americana apareció en Manzanillo para bloquear el puerto.
Dentro del puerto se encontraban los siguientes buques españoles: Cañoneras Estrella de 43 toneladas mandada por el T.N. Carranza, Guardián de 65 toneladas mandada por el T.N. Camino y que no podía moverse por avería y Centinela de 30 toneladas mandada por el A. N. Aldereguía; además, en el puerto, estaba fondeado el pontón María, un antiguo vapor de ruedas, mandado por el T.N. Navarro y el cañonero Cuba Española, con 28 años de servicio y 25 toneladas, mandado por el T.N. Gener. El armamento se componía de 1 cañón de 57 mm, 3  de 42 mm, 4 de 37 mm y dos viejos cañones de avancarga de 130 mm
La flota enemiga se presentó al bloqueo estaba compuesta por tres crucero auxiliares: el Hist de 472 toneladas, el Hornet de 425 toneladas y el Wompatuck de 462 toneladas. Como armamento disponían de 2 cañones de 57mm, 5 de 47mm y 6 de 37 mm. Como siempre con una extraordinaria superioridad en arqueo y en armamento.
El 27 de Junio, la Estrella se encontró con la flota enemiga, fue alcanzada 25 veces. Con varios heridos y un muerto no pudo continuar el combate, retirándose y embarrancando para salvar la tripulación.
A la vista de lo sucedido, la flota yanqui decidió entrar en el puerto para destruir el resto de los buques españoles.
La defensa española consistió en hacer dos grupos, uno con los barcos que podían navegar: el Centinela y el Cuba Española, y el otro por aquellos que no podían moverse.

El primer grupo se dirigió velozmente contra los cruceros americanos, moviéndose en diferentes direcciones y cambiando rápidamente de rumbo. Los lentos buques enemigos no conseguían hacer blanco sobre las agiles navíos españoles  que, además, mantenían alejados a estos de las naves españoles que no podían navegar, y que, seguros en el puerto, no dejaban de disparar contra el enemigo.

Después de más de una hora de combate, el Hist se retiraba con 11 impactos, seguido del Wompatuck, con tres impactos, llevando a remolque al Hornet que, con cinco impactos, había quedado a la deriva.
Los daños en los buques españoles fueron leves.
Como las veces anteriores los americanos falsearon los datos para justificar la derrota.
José Colmenar

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