-Por Francisco Cambronero

Lo más llamativo es que Paula Vázquez, como decenas de miles de mujeres como ella, hace 20 años, solo 20 años, era una persona agradable, convencida de que los hombres no odiamos a las mujeres.

Pero fijaos ahora la inquina con la que habla.

Por si no lo sabéis, estas cosas suceden debido a un proceso etiquetado como «el huevo de la serpiente». Consiste en poner un huevo de serpiente entre muchos huevos de gallina. Todo el mundo sabe que ese huevo es de serpiente. Todo el mundo sabe qué hace la serpiente con las gallinas. Todo el mundo puede ver al trasluz que la serpiente se está formando en el interior del huevo. Pero nadie hace nada para quitarlo.No pasa nada, dicen. Tampoco es para tanto, aseguran. Al final, el huevo eclosiona y la serpiente se come a los polluelos. Y, luego, a las gallinas.

En España el huevo de la serpiente se puso cuando el Prestige, ZP y sus negociaciones con ETA, traicionando el Pacto por las Libertades y Contra el Terrorismo; Aznar, fascista, tú eres el terrorista; «aquí estamos los buenos», que dijo Peces-Barba en un homenaje a Carrillo; «el PP de Rajoy es franquista», que dijo Polanco; la LIVG: los hombres heterosexuales somos potenciales criminales, el Estatuto de Autonomía Catalán; y así.
Los años de ZP. Pero no pasaba nada, tampoco era para tanto. El pensamiento Alicia encubriendo el odio latente. El huevo de la serpiente pintado de rosa.

Lo de Podemos es solo la consecuencia lógica. El huevo de la serpiente ha eclosionado, gracias en buena medida al calor necesario de los periodistas: de ahí las manifestaciones contra la manada de Pamplona, las del 8M (esta de 2020 va a ser mucho más violenta que las anteriores. Ya os aviso), las del Orgullo, etc. Todo forma parte de los mismos principios: defender el odio frente al respeto; la barbarie frente a la Civilización; el Socialismo, frente a la Libertad.

Las palabras de esta señora solo son un ejemplo. El último. Hasta ahora.

Eso es todo.

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