Publicábamos hace poco:

Acto seguido, no son pocos los lectores que nos han escrito para hablarnos de la letra pequeña, de los matices y los apuntes que tiene esta medida; que no sería tan «fácil» ni tan justa para los descendientes de españoles, tal y como venimos reclamando en este diario digital acaso como leitmotiv de nuestro inicio y hasta existencia.

Sea como fuere, por poco que se pueda avanzar en este cometido, bienvenido será.

Insistimos en que España debe tener una ley justa para con sus descendientes, que como venimos diciendo hace tiempo:

no puede ser que la nacionalidad española haya sido entregada a gentes que no tienen nada que ver con nuestra cultura ni con nuestra idiosincrasia y que sin embargo los que comparten todo eso más la sangre parece que estén vetados.

Una de las muchas injusticias del desastre de 1898 fue que cubanos y puertorriqueños quedaron en un limbo jurídico-político intolerable. Y ya es hora no de hacer «caridad», sino de justicia, y reiteramos, para con nuestra sangre y nuestra cultura. Y es una pena que la oposición en España no parezca interesarse por estos temas; máxime cuando la aplicación de una política de nacionalidad española coherente y justa podría dar un vuelco para bien a nuestra política, nuestra economía y nuestra demografía.

Por supuesto, agradecemos a los lectores sus apuntes y matices y estamos abiertos a recoger todo tipo de datos que escudriñen más y mejor esta propuesta legal. Pero todo lo que sea avanzar en este sentido, bueno es venga de donde venga. Y reiteramos, es una pena que a la oposición no parezca importarle.

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