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El día de Santiago, una fecha degradada

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Antes que nada, hemos de afirmar taxativamente que es muy oportuno recordar el día de Santiago porque es una de las muchas fechas españolas que nos han degradado. Y es que desde hace mucho, en España estamos viviendo una auténtica guerra contra todo aquello que nos une, que es mucho.

Con todo, lo cierto es que las raíces santiaguistas hispánicas son bien antiguas. Habida cuenta de la riqueza de nuestra tradición oral, muchas veces injustamente despreciada, situamos a nuestro apóstol por la Bética, más concretamente por la vía que unía Itálica con Emerita Augusta (Mérida).

Esto es, de la Bética a la Lusitania, además, siguió hasta la Gallaecia a través de Conimbriga (Coimbra) y Braccara Augusta (Braga), llegando a Iria Flavia, actual Padrón, en La Coruña.

Tras su periplo apostólico ibérico, Santiago regresó a Jerusalén y en el año 44 fue decapitado con una espada.

Con todo, sus discípulos recogieron su cadáver y lo embarcaron rumbo a Hispania, donde había predicado

Según la tradición oral, estos discípulos habrían desembarcado en las actuales tierras gallegas, trasladando así el cuerpo del apóstol al lugar donde hoy se ubica la catedral de Compostela, esto es, el “campus stellae”.

Y el culto santiaguista también está relacionado con la veneración mariana del Pilar, pues como nos dice la referida tradición, cuando el apóstol se hallaba en Caesar-Augusta (actual Zaragoza), a orillas del río Ebro, con un grupo de discípulos, sintió flaquear porque los hispanorromanos no parecían proclives a aceptar a Cristo.

Sí, el que fuera apodado como “Boanerges”, esto es, “Hijo del Trueno” por el mismísimo Cristo debido a su impetuosidad, se sintió flaquear, siendo que en ese momento María, la Madre de Dios que aún no había muerto, en una aparición gloriosa desde Jerusalén, rodeada de ángeles, le entregó un pilar al apóstol de Hispania como símbolo de la fortaleza que lo habría de guiar de por vida.

El pilar, además, nunca ha dejado de ser un símbolo muy español. Nuestro escudo nacional está sostenido por las columnas de Hércules, herencia de la mitología helénica a la que le añadimos el latín “Plus Ultra”, esto es, “más allá”; recogiendo una tradición que asentó su simbología para con América.

Los pilares de la antigüedad grecolatina y los pilares del cristianismo nos acompañan.

Mientras que rusos y griegos celebran a Santiago el 30 de abril y coptos y etíopes el 5 de mayo, en España, gracias a una acrisolada tradición reforzada en el Medievo, lo celebramos en julio.

Si bien algunos insisten en el aspecto legendario, no es tan descabellado desde un punto de vista histórico, puesto que como nos dice San Pablo en la Carta a los Romanos:  “Por esto mismo muchas veces me ha sido imposible ir a visitaros. Ahora, como no tengo ya campo de acción en estas regiones y desde hace muchos años siento un gran deseo de ir donde vosotros, cuando me dirija a Hispania espero veros al pasar y –tras haber disfrutado algún tiempo de vuestra compañía– que me ayudéis a ponerme en camino»

No sabemos a ciencia cierta si San Pablo llegó a Hispania, pero sí sabemos y la arqueología cada vez nos lo confirma más y mejor que en esta tierra existió una importante cultura paleocristiana.

Y es que, si bien parece ser que, de forma primigenia, la fiesta de Santiago el Zebedeo, también conocido como Santiago el Mayor, se celebraba en nuestra península el 30 de diciembre (fecha en la que se sitúa la traslación de su cuerpo a Hispania), al menos a partir del siglo XI, con la consiguiente unificación de la liturgia romana, tenemos constancia de que en la cristiandad occidental se celebra el 25 de julio.

Y es que la tradición santiaguista se ha ido acrisolando y reforzando en el Medievo y ello viene explicado por la batalla de Clavijo, que es muy anterior a esto que referimos y que algunos sitúan en la leyenda más que en la historia, que más histórica sería la segunda batalla de Albelda, en la zona de La Rioja; pero lo cierto es que ello supone que desde el siglo IX tenemos constancia que los reyes ibéricos establecieron el voto de Santiago, haciendo todos los años una ofrenda a la homónima catedral gallega en agradecimiento por la intercesión del Apóstol en la batalla frente a los moros.

Muchísimo después, en 1646, las Cortes dispusieron que el voto de Santiago fuese ofrenda a realizar por reyes, príncipe y el arzobispo Compostela correspondiente.

Y es que el siglo XVII es muy importante dentro de la tradición santiaguista, pues supone todo un refuerzo.

Ya en el año 1630, reinando en España Felipe IV, el Papa Urbano VIII decretó que Santiago el Mayor fuera considerado único patrón de la nación española.

Recordemos que el término “nación española” no lo inventan las Cortes de Cádiz, que ya fue empleado por Alfonso X el Sabio y Hernán Cortés, entre muchos otros.

Otro grande de nuestra historia, el escritor Francisco de Quevedo, dejó dicho en el mentado siglo XVII que «Dios hizo a Santiago, Patrón de España, que no existía entonces, para que cuando llegue el día pudiera interceder por ella y volverla otra vez a la vida con su doctrina y con su espada».

Y mucho después, en el siglo XIX, se refuerza la tradición santiaguista como agradecimiento a la victoria frente a la invasión napoleónica.

Recordemos que los soldados bonapartistas cometieron tropelías que, más allá de la mera violencia, iban buscando anular la historia española, pues a ello obedece profanar las respectivas tumbas del Cid Campeador y del Gran Capitán, entre otros.

El siglo XIX, al alimón del romanticismo, supone una reacción frente al mundo apolíneo y neoclasicista del despotismo ilustrado, por lo que además de la festividad de Santiago, se ven reforzados los mundos de las cofradías y de las romerías como expresión de lo popular y lo “neobarroco”. El flamenco como arquetipo musical deriva de esto, por ejemplo.

Y además, es en esta época cuando se configuran romerías como las del Rocío o la de Cuatrovitas tal y como las conocemos hoy, recuperándose antiguas tradiciones de ecos mozárabes, esto es: Un pastor o un cazador encuentra la imagen de la virgen que había estado escondida por los cristianos huyendo de los musulmanes, y la encuentra cerca de un pozo, de una laguna…

No sólo pasa con el Rocío o con Cuatrovitas, es similar por buena parte del resto de Andalucía.

Así, Santiago se ve reforzado en el siglo XIX, amén de como arquetipo y leyenda, también como restaurador del orden español; tal y como lo veían los reyes medievales y los cronistas que hablaban de la España perdida frente al islam.

No es casualidad que su simbología sea una cruz con figura de empuñadura y flores de lis, pues alude a cruzada y a honor sin mancha.

Recuerdo un poema que viene al caso que titulé “Cruz de Santiago”:

La cruz –con la espada- exclama:
¡Santiago y cierra España!

Cruz de sangre que reza,
ama, sufre, labora y embelesa.

Cruz de caballería de honor,
envuelta en leyendas de valor.

Cruz de abnegados y penitentes peregrinos,
cruz de resistencia de hombres altivos.

Cruz del norte que hasta el sur
llega con la más fervorosa luz.

Cruz que cruzó los inmensos mares,
atravesando selvas, montes y valles.

Cruz de conquista redentora,
cruz gloriosa, luminosa, salvadora.

Cruz del patrón de las Españas,
Santiago Apóstol, nuestro espíritu alzas.

¡Oh, cruz de promesas de vida
eterna; férrea, potente y querida!

Hasta aquí, con la importancia histórica, religiosa y cultural que tiene el día de Santiago, podríamos colegir en que sería una fecha indiscutible de celebración oficial en toda España, pero resulta que no es así. Porque, como apuntábamos antes, estamos inmersos en una cruenta guerra cultural donde se busca anular todo aquello que nos une, mientras que se inventan y exacerban los llamados “hechos diferenciales”.

Fijémonos que el 2 de Mayo, que debería ser fiesta nacional, ha sido degradado como día de la Comunidad de Madrid. Vale que fue el día del levantamiento del pueblo de Madrid contra las tropas de Napoleón; pero fue un día que resonó en toda España y, como Covadonga del siglo XIX, expandió la resistencia.

Sin embargo, ya nadie recuerda ese día como importante para todos los españoles.

En España no tenemos día de la bandera, cuando está perfectamente documentado que el 28 de mayo de 1785, reinando Carlos Tercero, la bandera roja y gualda se confirmó como pabellón de la marina.

Valgan también versos para el que debería ser nuestro día de la bandera:

¿Qué podemos decir en Sevilla, donde se nos hurta tanto el día de nuestra reconquista como el día santoral de Fernando Tercero?

Cada vez pasan más desapercibidos tanto el 23 de noviembre como el 30 de mayo, días que son claves para esta ciudad y todo lo que le rodea.

Sin embargo, nos los han ido quitando casi sin darnos cuenta.

Solemos pensar que este tipo de problemas sólo se dan en Cataluña y Vascongadas, pero lo cierto es que es una guerra cultural contra toda España en particular y contra el mundo hispánico en general.

Y el día de Santiago, celebrado a ambos lados del Atlántico, no escapa a esta guerra cultural, puesto que la fiesta del patrón de España se convirtió en el “día nacional de Galicia”.

Yo, que he vivido fuera, he visto cómo los centros españoles en el exterior así lo celebran, como si la cosa no fuera con el resto de España. Lo lógico sería que los centros y las casas de España en Hispanoamérica planificaran el día de Santiago como un día de celebración conjunta con la población local; pero no, “día nacional de Galicia”. Ciertamente, en mi pueblo, Bollullos de la Mitación, así como en Villanueva del Ariscal, Castilleja de la Cuesta o Aznalcázar, no se han enterado que el día de Santiago ya no les pertenece. Tampoco se han enterado en muchos pueblos de Castilla. Ni tampoco se han enterado de ese exclusivismo nacionalista gallego en los Andes peruanos. Pero es la “España oficial” quien así lo promociona por el mundo.

Además, habida cuenta de que Feijoo dice que Galicia es una nación sin estado; expresión que no inventa él, sino que ya coleaba en los tiempos de Fraga, pues lo demás viene por añadidura.

Pero es que esto no es casualidad. Ya que estamos hablando de historia, vamos a desmenuzar por qué quieren borrar el día de Santiago de la faz de la tierra española.

Como nos recuerda el filósofo de Torredonjimeno Manuel Fernández Espinosa, Blas Infante Pérez de Vargas, creador del andalucismo (o más bien habría que llamarlo al-andalusismo), según sus propias palabras que fueron recogidas por “Pueblo Andaluz” el 20 de junio de 1931, se expresaba de esta guisa:  yo pedí a los compañeros de Galicia que, en cuanto España recobrase su libertad, celebraran una fiesta en la cual, como señal de amor y de reconocimiento de Andalucía, desmontaran a Santiago y le rompiesen la lanza. Así lo llegaron a prometer. ¿Es ya la hora, queridos hermanos de Galicia?» (1)

Sigue recordándonos Fernández Espinosa que Castelao, recogiendo jubiloso el testigo de Infante, escribía: “[«El «¡Santiago y cierra España!» de la cruzada -más que española, europea- contra los moros, quiere decir que Compostela fue la fuente de las energías y de los ideales que mantuvieron la ofensiva… nosotros nada teníamos que reconquistar porque nada habíamos perdido».

Decía Castelao que nada había que reconquistar, pero muchos gallegos históricos no pensaron así, porque gallega fue en buena medida la repoblación de la comarca de la Tierra de Campos como gallegos hubo en buena cantidad repoblando Extremadura y Andalucía.

¿Cómo se va a entender la Reconquista de la que tanto abominaban tanto Castelao como Infante sin los soldados y repobladores gallegos? Y leoneses, y castellanos, y navarros, y catalanes, y vizcaínos…

¿Y cómo se entenderían León y Galicia sin la repoblación de los mozárabes, esto es, los cristianos que llegaron al noroeste desde diversos puntos de la Península huyendo del islam?

El caso es que si por algo se caracterizan los separatistas norteños es por su odio a lo andaluz, cosa que no parecía importarle a Blas Infante Pérez de Vargas, el que nos han declarado “padre de la patria” en detrimento de San Fernando, que sí que es el auténtico padre de la patria.

El ensayista Américo Castro, inventor del concepto de las “Tres Culturas”, también era enemigo de la figura santiaguista como celebración aglutinante española. Y es que, según Américo Castro, visigodos no eran españoles, pero los moros sí. Bueno, pero es que según Pablo Iglesias, el caballo de Don Pelayo era muy de derechas… Aunque Pablo Iglesias no tenga nada que ver con Américo Castro, del américo-castrismo derivan muchos mitos actuales que se deslizan por los basureros de la política.

No obstante, volviendo al caso de Infante, Castelao y compañía, los separatistas antiespañoles, para juntarse y odiar a España, tienen que hacerlo en español. Y es que como bien señala Iván Vélez (2), que no necesita presentación, los nacionalismos o separatismos son los indigenismos ibéricos.

Y es que esto del indigenismo y la leyenda negra no es sólo un problema en Hispanoamérica, en España estamos igual o peor.

Pero yo le sigo dando vueltas al “antisantiaguismo” andalucista o al-andalusista… ¿Y qué Andalucía quería Blas Infante, que para más señas, también era antitaurino visceral?

¿Una Andalucía sin la simbología y la festividad santiaguista?

¿Una Andalucía sin toros? Porque bien que afeaba a los cordobeses el hecho de que se supieran los nombres de los toreros, pero no los de los califas (3).

¿Una Andalucía donde por fuerza habría que implantar el estilo neomudéjar que él tanto preconizaba?

Además, como si el mudéjar, o el neomudéjar que tan de moda se puso en el siglo XX, fuera algo distintivo de Andalucía, como si no hubiera mudéjar histórico en Castilla, Aragón o Valencia. O como si el neomudéjar no estuviese extendido también por toda España e incluso también por toda Hispanoamérica.

Es más: Si la islamización como regeneración se impusiera, atendiendo al pensamiento de Blas Infante Pérez de Vargas, ¿en qué lugar quedarían las cofradías, el vino o el jamón, entre otros muchos rasgos de nuestra cultura cotidiana?

Sea como fuere, si bien nacionalistas gallegos y andaluces eran (y son) partidarios de eliminar a Santiago como fiesta y emblema para toda España, más aún debemos trabajar en sentido contrario, esto es: Podemos y debemos recuperar el día de Santiago, con toda su carga religiosa, histórica, legendaria y arquetípica, como día festivo nacional, teniendo en mente toda la cultura y el espíritu que abarca.

No porque nosotros tengamos que hacernos excluyentes como los nacionalistas, sino al contrario, porque queremos compartir con alegría, razón y sentimiento esta fiesta que nos une.

E insistiendo en lo que nos une, para terminar, recuerdo estos versos que hace años escribí a la memoria de José Antonio Pancorvo, gran intelectual peruano cuyas enseñanzas y amistad nunca olvidaré y quien reivindicaba el papel de Santiago en sus múltiples, entrañables y contundentes facetas.



SANTIAGO POR LOS ANDES

Tributo a José Antonio Pancorvo Beingolea QEPD

Hijo del Trueno, apóstol ecuestre,
en la batalla de Clavijo, tu espada
fue luz y cruz de guía,
de Castilla contra los moros.

Pasaron los siglos, hasta que
se confirmó la Reconquista,
y fue con Granada en el blasón,
que el Atlántico se hizo Mare Nostrum,

y el Extremo Occidente se hizo Atlántida,
y del Caribe se fue hacia el norte y hacia el sur,
siendo la hora de Cristo en el Nuevo Mundo,
plantando la cruz de Borgoña en el sol de los Andes.

¡Oh, espíritu henchido de fe, grandeza,
trabajos y aventuras! Pronto una iconografía
propia surgió en la flor y nata de las Indias,
de Quito a Cusco, ante el mundo.

¡Santiago! ¡Santiago, a ellos!
¡Santiago y cierra España! Tu blanco
y brioso corcel se impone, acriollado,
frente a aquellos que no quieren reconocerte.

Al fin los indios defienden tu estandarte,
con intuición alegórica y esotérica,
juntándose dos mundos en uno,
afianzando las columnas de Hércules,

tatuando jaguares en las espuelas
de los jinetes que buscan la gloria,
luego de que los Trece de la Fama,
partieran desde la isla del Gallo.

Santiago cabalga por los Andes.
Laus Deo! La Escuela Cusqueña da fe.
José Antonio Pancorvo Beingolea
desde el cielo pinta,

recordando sus balcones.
¡Ahora fijémonos en las nubes!
¡Santiago siempre por los Andes!
¡Santiago siempre con Pancorvo!

Así las cosas, ¡Santiago y cierra, España! ¡Santiago, a ellos!

*Imagen del artículo:



NOTAS

(1)Artículo completo de Manuel Fernández Espinosa:

http://www.arbil.org/(81)sant.htm

(2)Con Iván Vélez tuve la oportunidad de compartir la conferencia “Tres generaciones de hispanistas”, donde salió el tema:

(3)Sobre el antitaurinismo de Blas Infante Pérez de Vargas, véase:

«(Córdoba) hoy, como Sevilla, sólo tiene nombradía por el bárbaro espectáculo de las lidias de toros…

…aquella civilización esplendorosa tuvo entre sus representaciones principales a Abderramán III. Seguramente que la mayoría de los cordobeses no sabe quién fue y que muchos ni siquiera lo han oído nombrar. Estos mismos que lo ignoran tienen en los labios los nombres de los toreros más celebrados y los llevan grabados en lo más recóndito de su espíritu, contribuyendo al sostenimiento de una aberración que constituye una vergüenza y un baldón de un país civilizado, que sólo presenta ante el mundo el trofeo de una fiesta bárbara e inhumana».

https://asanda.org/documentos/tauromaquia/blas_infante-antitaurino.PDF

http://prensahistorica.mcu.es/es/catalogo_imagenes/grupo.cmd?posicion=1&path=4037850&presentacion=pagina

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