Sobre mi última detención

José Gabriel Barrenechea.

El pasado miércoles 19 le hice llegar, al organizador de un espacio de jóvenes de izquierdas en La Habana, mi propuesta de exponer en el mismo las razones por las que creo la izquierda democrática cubana debe apoyar con todos los medios a su alcance la candidatura de Bernie Sanders.

El viernes 21, a las diez y cinco de la mañana, fui interceptado en el santaclareño callejón de Padre Chao, por una patrulla de la PNR. Sus tripulantes, que me esperaban en la esquina del callejón perpendicular, me pidieron el carnet de identidad y acto seguido me ordenaron los acompañara.

Fui conducido al fondo de la tercera unidad, en calle Colón. Se me llevó hasta una especie de antesala de las celdas, no visible desde la calle, y se me pidió esperará allí.

De inmediato se personó un capitán de unos cuarenta años, negro y bastante corpulento, quien me preguntó la razón de mi detención, a lo que respondí que la desconocía. “Algo debiste haber hecho, porque en este país no se detiene a nadie por gusto”, me replicó, y sin esperar respuesta se marchó, sin cruzar palabras tampoco con los dos policías que me habían detenido, y que permanecían vigilantes desde el área de parqueo.

Un par de minutos después reapareció el capitán, acompañado por un civil, quien se identificó como Yanquiel, de la Seguridad del Estado. Este se volvió al capitán y le preguntó si me habían ocupado el teléfono. Al respondérsele que no, me encaró y me pidió que se lo entregará al capitán. Recapacito, sin embargo, y me ordenó que lo apagará. Así lo hice, y me dijo entonces que podía guardarlo.

El capitán y los agentes se retiraron de nuestra vista, así como un suboficial que desde dentro del área de las celdas había seguido nuestra conversación. Permanecimos todo el tiempo de pie. Yanquiel me informó que se me había llevado hasta allí para advertirme que no podía andar por la calle con un pullover de la campaña electoral norteamericana, ya que yo sabía muy bien que la Ley Electoral cubana prohíbe cualquier forma de propaganda electoral, mucho más si esta es extranjera. A mí intento de rebatir lo dicho por él me interrumpió con que él no estaba ahí para debatir conmigo, sino para aconsejarme. Que ellos sabían muy bien de la provocación que yo estaba preparando en La Habana, y que ellos no me lo iban a permitir, que si ellos querían yo no salía de mi casa en Encrucijada en un mes, “y no pasa nada” . Agregó además “ten cuidado un día no te quedes sin camisa en la calle”. A mí pregunta de si serían ellos los que me quitarían el pullover me respondió que no, que, por el contrario, ellos estaban en todo caso para protegerme del pueblo indignado por mi actitud contraria a los valores de nuestra sociedad “verdaderamente socialista”.

“Quedas advertido, no vamos a permitir que vayas a tergiversar la verdad con un grupo de jóvenes honestos, o en cualquier otro espacio”.

“Nosotros no somos bobos”, agregó, “nosotros sabemos que se traen tú y los que te pagan, con tu supuesto apoyo al tal senador ese, que va y es otro politiquero más y de socialista no tiene un pelo”.

Corto tajante mi intento de réplica para indicarme que ya me podía ir. A lo que pregunté si necesitaba de algún papel, y él me respondió que no.

Ya iba de salida de la tosca antesala cuando el tal Yanquiel me alcanzó y me pidió que le volviera a mostrar mi teléfono. Así lo hice, comprobó que estaba apagado, me lo devolvió y me repitió que podía marcharme.

Afuera, en el patio, los policías que me habían traído hasta allí bromeaban con una mujer mayor, evidentemente algo perturbada. En la calle Colón, camino del parque Vidal, Yanquiel me sobrepasó con su moto. Encendí el teléfono y eran las diez y cuarentaiocho.

No había denunciado en su momento está detención, “para advertirme”, para no prejuiciar al coordinador del espacio habanero del que esperaba respuesta. No obstante, como han pasado 7 días y no ha respondido a mi mensaje, lo que en sí es ya una respuesta, no creo que tenga todavía motivos para mantener mi silencio sobre lo sucedido en la mañana del viernes.

No niego que también ha sido decisivo en mi apuro, al decidir tal vez prematuramente no seguir esperando más por una respuesta que quizá habría llegado (ya que el susodicho coordinador no es de los que se asustan con facilidad), la reacción entusiasta de la prensa castrista ante las conocidas palabras de Bernie Sanders. He decidido hacer público mi arresto intimidatorio, porque creo que así se podrá contrastar por la opinión pública cuál es la verdadera actitud del régimen cubano ante cualquier persona: divulgó tus palabras cuando me conviene, pero mantengo a su vez el más estricto control sobre tu posible influencia sobre la sociedad cubana que tengo cautiva.

Agregó que ayer intenté publicar un comentario al artículo en el cual Cubadebate daba cuenta de las palabras de Bernie Sanders, la cual respuesta se me censuró. Allí yo sólo le dejaba en claro a los lectores que, si bien el candidato demócrata reconocía el sistema de salud cubano, universal y pagado con fondos públicos, esto no implicaba que apoyará la estadolatría castrista, el “socialismo” centralista, vertical y vigilado cubano. Que su propuesta no era la de un sistema de salud donado por algún “déspota ilustrado” y con barbas, sino uno controlado por el público, mediante los muchos mecanismos de control a las tendencias autoritarias de la Gran Democracia Americana.

 26 de febrero de 2020.

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